noviembre 26, 2009

Elecciones en Honduras

Jorge G. Castañeda
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

El próximo domingo se celebran las elecciones en Honduras y con ellas, probablemente, el principio del fin del teatro de Tegucigalpa. Ya no volvió a la presidencia Manuel Zelaya antes de los comicios; ni pudo reelegirse; ni hubo la observación internacional de la votación que hubiera sido deseable; y ya no pudo mantenerse la unidad hemisférica en torno a la crisis. Pero todo esto no es necesariamente para mal.

En efecto, el presidente Obama envió una carta a Lula, hace unos días, explicando de algún modo el cambio en la postura de EU, a saber que Washington sí reconocería al ganador de los comicios del próximo domingo como presidente "legítimo" y que esperaba que Brasil, de algún modo, hiciera lo mismo. Lula, a través de su asesor Marco Aurelio García, respondió que por ningún motivo e incluso empezó a lanzar dardos más personales y directos a Obama sobre la relación con América Latina. México, para no variar, no sabe qué hacer. Por un lado, la Cancillería se ha dedicado a hacer de la restauración de Zelaya condición sine qua non para validar las elecciones, por otro debe enfrentar situaciones nuevas. En primer lugar, EU ya no está en esa tesitura y ya no regresó Zelaya. Es probable que después de las elecciones, si todos lo candidatos -vencedor y vencidos- aceptan la limpieza y desenlace, Zelaya ya pueda salir de su guarida brasileña en Tegucigalpa para entregar el sombrero presidencial, como si fuera la banda, al ganador. Pero esto no resolverá el problema de los países latinoamericanos serios que hicieron del lógico, comprensible y necesario repudio a la defenestración de Zelaya, la piedra de toque de la legitimidad de las elecciones.

Muchos lo dijimos hace meses: la tesis según la cual un gobierno ilegítimo no puede organizar elecciones legítimas, no sólo es conceptualmente absurda, sino que es históricamente falsa; y quienes mejor lo saben son los actuales gobernantes latinoamericanos. Muchos pertenecen a regímenes emanados de transiciones democráticas que vienen de regímenes autoritarios. Puede variar el periodo de transición o la antigüedad de la democracia; pero tanto en México, como en Brasil, Argentina, Chile, Uruguay o Perú sucedió, detalles más o menos, lo mismo. Durante un número determinado de años imperó un régimen autoritario, más o menos represivo y más o menos longevo. Un día empezó una negociación tácita entre ese régimen y la oposición democrática que desembocó en elecciones pactadas. Éstas fueron más o menos transparentes y más o menos equitativas. Los ganadores portaban, sin duda, el pecado original de una elección organizada por el gobierno saliente, por definición, ilegítimo: golpe de Estado o régimen de partido único. En esos casos, en muchos de Europa del Este, en Sudáfrica y en otros, la historia muestra que sí hay una contradicción entre el advenimiento de un régimen democrático con orígenes en un régimen autoritario. Pero esa contradicción se salva al llegar los nuevos gobernantes y dejar atrás el episodio -corto o largo- autoritario. De no ser así, jamás se habrían producido las transiciones a la democracia de los últimos 25 años en América Latina.

Ni Brasil ni México, ni mucho menos Chile, debieron haber comprado el boleto conceptual de Chávez, los cubanos, Zelaya y el ALBA. EU lo compró por tratar de quedar bien, por pensar que podrían de algún modo imponer el retorno de Zelaya, aunque sólo fuera por unas horas antes de los comicios. Se equivocaron y de alguna manera sabían desde antes que se estaban equivocando, pero como lo dijo un alto funcionario del gobierno de Obama: no quería echar a andar el plan B antes de tiempo para no socavar el plan A, aunque entendía que el plan A era nonato. Los norteamericanos se salvaron de panzazo; ahora los brasileños tendrán que decidir qué hacer con su huésped incómodo; y los mexicanos seguiremos en la parálisis, la indefinición y la fatigada retórica de los años sesenta.

Agonía sin éxtasis

Oscar Mario Beteta
dikon2001@yahoo.com.mx
En Petit Comité
Milenio

Obcecado en recorrer el camino que lo conduce al fracaso, AMLO no tiene futuro político. Entre 2000 y 2006 se peleó con el poder económico y lo hizo fracasar en su intento por conquistar la presidencia. Ahora radicaliza su postura con idéntico objetivo, de donde se sigue que le esperaría lo mismo.

Suponiendo que AMLO fuera postulado por segunda vez para competir por el máximo poder político en México, el domingo pasado, al cumplir tres años como supuesto legítimo, enseñó el arma con la que de nuevo quiere hacerse el haraquiri.

Su llamado proyecto alternativo de nación, prefigurado por algunos epígonos, es veneno puro contra sí mismo, con independencia de que sea anhelo, propuesta o propósito de algunos sectores de la población.

El decálogo que propone se centra en un ataque patológico al capital, que para muchos puede ser deleznable pero para millones es imprescindible en éste como en cualquier país. Es necesario moderarlo y humanizarlo, sí, pero no estigmatizarlo, demonizarlo o tratar de proscribirlo.

Con su idea de “rescatar” al Estado, “democratizar” los mass media, “cambiar” las prácticas monopólicas, “abolir” los privilegios fiscales, “implantar” la austeridad, “fortalecer” el sector energético, “alcanzar” la soberanía alimentaria, “establecer” el Estado de bienestar y “promover” una nueva corriente de pensamiento, no puede ir muy lejos.

En algunos apartados habrá resistencias naturales sobre las que pretende vencer, no convencer; y eso nadie se lo va a permitir, mucho menos quienes son blanco diario de sus dardos; otros, como el de “impedir el predomino del dinero”, son inviables.

Mas como se asume “demócrata” impositivo, verticalista, autoritario e iluminado y no se le dan la tolerancia, la proclividad al diálogo, ni el gusto por la negociación y el acuerdo, no se moverá un ápice y mantendrá su juego a la vista de todos, suficiente para que la ciudadanía identifique y rechace a uno y a otro.

Muchos de los errores en los que AMLO reincide, los evita con esmero Marcelo Ebrard, natural y consistente candidato de la izquierda seria, democrática y moderna, sumándolos a la aceptación de su obra económica, política y social, que ya de suyo es bastante considerable.

Sotto voce

Que, dada la situación, en los próximos días el poder político hará lo que se necesita para que México llegue a buen puerto... Con base en la amplísima ventaja que le dan Mitofsky y otras encuestadoras, Javier López Zavala se pone en perspectiva segura de ser el candidato del PRI a la gubernatura de Puebla.

Renuncia a la militancia del PRD

Ruth Zavaleta Salgado
ruthzavaletas@yahoo.com.mx
Excélsior

No lo hago motivada por el chantaje de no tener un cargo o una candidatura, no lo hago porque los resultados electorales demuestren nuestro declive ni porque pretenda desde afuera golpear y vulnerar.

Mi participación política se inició en 1986 cuando me sumé a la huelga universitaria encabezada por el CEU y milité en el grupo Punto Crítico. Con la idea de construir un nuevo régimen político en México, participé en 1988 en el FDN y fui miembro fundador del PRD, en 1989.

El trabajo de activismo social me permitió liderar el movimiento de Los Arenales, en la delegación Venustiano Carranza, una zona donde se ubicó a damnificados de los sismos de 1985.

Los noventa fue una época dura para quienes militábamos en el PRD y disputábamos los procesos electorales a los candidatos del PRI. En 1996 me integré al grupo encabezado por René Arce para competir en las elecciones internas por la presidencia del PRD en el DF y comencé a involucrarme más en la vida política del partido.

De 1996 hasta principios de 2000 fui secretaria de Desarrollo Social y de Finanzas en el PRD estatal y, en 2000, fui elegida diputada de la Asamblea Legislativa por el XXXI Distrito de Iztapalapa; luego, de 2003 a 2006, fui elegida jefa delegacional de Venustiano Carranza.

En 2006 encabecé la lista plurinominal de la cuarta circunscripción para diputada federal y, gracias al apoyo del partido y, principalmente, de Nueva Izquierda, fui vicepresidenta y presidenta de la Mesa Directiva de la LX Legislatura en la Cámara de Diputados.

Desde 1997 soy consejera y congresista estatal y nacional y participé por ello en las discusiones y decisiones que ahí se dirimían. Esto me hizo ser testigo privilegiado de la transformación del PRD y parte de una mayoría que deseaba un partido moderno dispuesto a luchar electoralmente, pero congruente para que, pasadas las elecciones, lográramos los acuerdos necesarios con miras a fortalecer los cambios formales y las instituciones que se requerían para consolidar la democracia.

Creí en un partido solidario, moderno, eficaz y eficiente, que impulsaría los acuerdos para construir un proyecto de nación que beneficiara a las mayorías. El PRD ha tenido una importancia fundamental en mi vida y agradezco a toda su militancia y, principalmente a los compañeros de Nueva Izquierda, que me hayan dado la oportunidad de presidir la Mesa Directiva de la Cámara Diputados de agosto de 2007 a agosto de 2008, una experiencia que marcó, con mayor énfasis, mi convicción y mi lucha para fortalecer la vida institucional del país.

Hoy, la concepción de la nueva izquierda por la que luchamos en el PRD fue desplazada por la de seguir dependiendo del candidato en turno. Se renuncia al fortalecimiento regional y la estrategia de fortalecimiento institucional. Se cambia el diálogo por la estridencia y se ha privilegiado la descalificación y la agresión y no el razonamiento y la solidaridad. Ante ello, el partido disminuye su competencia electoral y su definición de institución de acuerdos y pierde credibilidad y confianza de los sectores mayoritarios.

El día de hoy presento mi renuncia a la militancia partidaria en el PRD y aclaro que ésta se da en un momento que no afecta su camino: no lo hago motivada por el chantaje de no tener un cargo o una candidatura, no lo hago porque los resultados electorales demuestren nuestro declive ni porque pretenda desde afuera golpear y vulnerar. Tampoco lo hago porque pretenda integrarme a ninguno de los partidos existentes. Lo hago convencida de que el camino que toma el PRD no conduce a la construcción de la izquierda que requiere el país y los ciudadanos que han confiado en él.

Lo hago porque creo en la democracia como un método para tomar decisiones, dirimir diferencias, actuar con transparencia y con ética y construir un futuro mediante la paz y los acuerdos; porque creo que es el momento de apostarle a construir un nuevo pacto nacional a base de un gran acuerdo entre los diferentes actores políticos, económicos y sociales de nuestro país, en beneficio del pueblo.

Estoy convencida de que la humanidad tiene dos expresiones del pensamiento y hay que lograr que se unan: la del liberalismo político que promueve las libertades de hombres y mujeres, y las del socialismo democrático que busca la igualdad de oportunidades para todos, es decir, la socialdemocracia que en América Latina tiene nombre: Lula da Silva en Brasil, Michelle Bachelet en Chile y, muy pronto, estoy segura, Pepe Mújica del Frente Amplio Uruguayo.

Seguiré luchando por una sociedad justa e igualitaria, equitativa y libre para hombres y mujeres, lucharé por construir un espacio que conjunte diferentes actores políticos y sociales interesados en consolidar la democracia por medio de las instituciones y apegados a la legalidad, incluso aspiro y lucharé por un cambio de régimen que permita generar un verdadero equilibrio de poderes, el fortalecimiento del federalismo y la integración plena del municipio al Pacto Federal.

Finalmente, sirva la presente para desear lo mejor al partido, a los simpatizantes y a los militantes: deseo que logren la refundación, que mejoren sus perspectivas y que nuestros futuros encuentros sean fraternales y podamos conjuntar esfuerzos para lograr la sociedad justa que soñamos.

Calderón: equipo goleado

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Dicen expertos de futbol que la reflexión del medio tiempo y un cambio de estrategia suelen producir segundos tiempos ganadores.

Nadie sabe si el esquema aplica al ejercicio del poder. Pero lo que todos saben es que en el primer tiempo el equipo de Felipe Calderón fue goleado. Y muchos dudan de que la reflexión del medio tiempo y el cambio de estrategia sean suficientes y adecuados para descontar la desventaja.

Por lo pronto —y antes de regresar a la cancha para la segunda mitad de su gobierno—, Calderón ensayó una débil autocrítica al reconocer el desempleo galopante y el crecimiento de la pobreza. Por eso dijo que intentará “ganarme nuevamente la confianza ciudadana” y pidió de todos los sectores “comprensión, ayuda, apoyo y compromiso”, ya que “es hora de enderezar el rumbo”.

En entrevistas previas al tercer aniversario de su gobierno, Calderón defendió sus decisiones económicas, “ante el riesgo de que el país se nos pueda ir de las manos”; justificó las fallidas reformas por la minusvalía legislativa de su partido y —a pesar de todo— colocó el combate a la pobreza como la prioridad de la segunda mitad de su gestión. Aun así, la gran interrogante persiste. ¿Es suficiente con la reflexión del medio tiempo y el anuncio de “enderezar el rumbo”?

El tiempo dirá si la segunda mitad de la gestión de Calderón será un éxito u otro fracaso. Lo cierto es que la desconfianza social crece a causa de la goleada de la primera mitad. Y no se requiere más que sentido común para llegar a esa conclusión. ¿Cuáles fueron las banderas fundamentales del candidato presidencial Felipe Calderón? Casi nada, la creación de empleo y el combate a la pobreza. ¿Y cuáles son las variables que confirman que el equipo presidencial fue goleado? Que en los primeros tres años crecieron desempleo y pobreza.

Y tienen razón quienes argumentan que no toda la responsabilidad es de Calderón. En efecto, la responsabilidad es compartida por los tres poderes y los tres órdenes de gobierno; por líderes políticos y legisladores. Sí, pero resulta que el Presidente es eso, el jefe del Ejecutivo, el primer mandatario, y por tanto sus decisiones marcan el rumbo del país; son causa y efecto de aciertos y errores.

Dicen sus defensores que el Presidente tiene tres años para “enderezar el rumbo”. Pero si en la primera mitad el equipo fue goleado, nada garantiza que en la recta final los jugadores del equipo azul —desgastados y picados por la enfermedad de la sucesión— lo harán mejor. Al tiempo.

'Los cárteles'

Carlos Elizondo Mayer-Serra
elizondoms@yahoo.com.mx
Reforma

"México está siendo rehén de sus cárteles. No me refiero a los cárteles de la droga. Los cárteles que están frenando a México son los conglomerados privados, sindicatos, grupos políticos, universidades, las empresas de medios de comunicación y asociaciones de profesionistas que limitan la competencia en sus respectivos sectores. México está repleto de cárteles con privilegios y poderes de veto que inhiben la capacidad de la nación para hacer los cambios que el país necesita para avanzar". Son las palabras de Moisés Naím del pasado lunes 23 en el Financial Times.

No hay que organizar seminarios y encuentros para saber qué nos falta para crecer: leyes a favor de los ciudadanos y los consumidores. Leyes que eliminen privilegios. Todos parecen estar de acuerdo en que éste es el problema central de México. ¿No ha afirmado cientos de veces López Obrador que las mafias tienen paralizado a México? ¿No han criticado muchos empresarios el lastre que representan las empresas del gobierno para la economía mexicana? Sin embargo, cada quien ve sólo el monopolio que le afecta o no le simpatiza ideológicamente. Al cártel propio o del aliado se le perdona o incluso ni se le ve como tal. Más de un universitario se ofenderá por estar en el mismo nivel que los grandes empresarios, pero en un sentido lo están.

No hemos terminado de entender cuál es la lógica de una economía basada en el peso político de sus actores. En ésta, el ingreso no depende de la productividad, sino fundamentalmente de la capacidad de maniobra política. Cuando se les da más dinero a las universidades no es porque presentaron un programa con beneficios sociales claros superiores a otros sectores, sino porque tuvieron capacidad para presionar a la Cámara de Diputados. Si cerca de un millón de burócratas federales sindicalizados a la FSTSE reciben en estos días un bono por 8 mil pesos no tiene que ver con su buen desempeño, sino porque se lo ganaron para toda la vida por su capacidad de movilización en algún momento en el pasado.

John Scott ha revisado cuáles son los programas para el campo mexicano que más recursos adicionales obtuvieron en la arrebatinga presupuestal de hace un par de semanas. No fueron los que mejor distribuyen recursos, los llamados programas progresivos, sino los que más concentran el ingreso, es decir, los programas regresivos.

En México el talento no se suele usar para inventar un proceso o un producto, lo cual crea riqueza. El talento se suele ir a áreas donde la riqueza se distribuye: abogados para ganar amparos fiscales, analistas que explican cómo tener una ganancia financiera o cómo se distribuyen estas rentas. Muchos con espíritu empresarial se van a la vida pública para usar ahí sus talentos, no para hacer riqueza, sino para capturarla. La mayor parte de nuestros líderes de los sindicatos del sector público son talentosos empresarios, pero su talento se ha ido a arrancarle recursos al gobierno y a sus agremiados, no a construir riqueza. En el mercado de la distribución de rentas se encuentran las oportunidades. Además, en éste no se compite con los extranjeros quienes tienen sus propios inventos y productos, pero que nos dejan a nosotros el mercado de la extracción de rentas locales.

Hace algunas semanas Carlos Slim afirmaba que para crecer el gobierno debe hacer valer la rectoría del Estado. Tiene toda la razón. En el sector de telecomunicaciones esto implicaría, si creemos en la vieja rectoría de Estado, estatizar Telmex, si creemos en la nueva, regular rigurosamente tarifas de interconexión, áreas de larga distancia, competencia efectiva, etcétera, sin que el juicio de amparo pueda detener infinitamente el brazo regulador del Estado.

Sin una rectoría del Estado fortalecida no se va a poder romper el mundo de los cárteles. Dado que nuestra burocracia y sus empresas son parte del problema, la rectoría no puede ya venir por la vía de un Estado propietario, esto sería simplemente alimentar a uno de los principales cárteles, sino a través de un Estado capaz de regular para priorizar los derechos de los consumidores y de los ciudadanos frente a los derechos de los grupos organizados, empresariales, sindicales o del tipo que sean.

Termino citando nuevamente a Naím: "...la historia ha mostrado que las cosas pueden cambiar rápidamente. México puede alcanzar la voluntad para romper con el yugo de los cárteles". Sí, basta romper el poder de estos cárteles que nos asfixian para que México crezca y lo haga de una forma más justa.

Tanto va el cántaro al agua…

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

El PRD perdió ayer a uno de sus mejores activos.

Con “un fraternal saludo” al dirigente nacional Jesús Ortega, Ruth Zavaleta Salgado dice adiós a su militancia (cofundadora del Frente Democrático Nacional y del PRD) porque, a diferencia de muchos de sus ex camaradas (sobre todo los de la corriente lópezobradorista), cree que “el camino para hacer más prospero y justo a México está en el diálogo, en la suscripción de acuerdos”.

Ruth se va decepcionada de que en su ex partido “se cambia el dialogo por la estridencia y se ha privilegiado la descalificación y la agresión al razonamiento y la solidaridad”.

El PRD, afirma en su carta, “modifica diariamente sus orígenes y destino”, y “entregó su capital político al sumarse a un supuesto Frente de las llamadas izquierdas, y lo hizo sin atender su historia ni resolver los problemas que el frente interno de sus izquierdas tiene…”.

Agraviada ella misma por los intolerantes, Ruth hace bien en irse de donde la discusión sustancial se confunde, perversamente, con “traición al pueblo y al partido”.

PRI: antes de 2012 está 2010

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

La más reciente encuesta de GEA-ISA confirma lo que otros estudios ya han mostrado: si hoy fueran las elecciones de 2012, Enrique Peña Nieto ganaría fácilmente con más de 40% de los votos, mientras que, en las distintas combinaciones, los posibles aspirantes del PAN y del PRD apenas superarían 15 por ciento. Pero en política el “si hoy fueran” no existe. Peña Nieto ganó en 2005 en el Estado de México con 50% de los votos y el PRI venía de ganar casi todo en 2004, y terminó realizando, en 2006, la peor elección presidencial de su historia.

Muchas veces hemos dicho que el mayor desafío para el PRI es el priismo y las ambiciones que surgen (algunas, legítimas; otras, no) cada vez que la percepción de llegar, mantener o recuperar el poder se hace presente. Como cualquier partido, si quiere ganar en 2012, el PRI debe superar las elecciones de los dos próximos años sin dividirse, sin fracturas, sin grietas. Entre 2004 y 2006 se fracturó, primero entre Madrazo y Elba Esther, luego con el Tucom contra Madrazo, más tarde, con la designación como precandidato de ArturoMontiel con las fracturas de ese grupo antimadracista y, finalmente, por la exclusión que hizo Madrazo de todos aquellos que no fueran fieles a su persona. Y hubo como resultado una catástrofe política.

La cruda fue tan grande como el cuidado que puso el PRI en recomponer sus cosas, mostrar las menores fisuras posibles y aparentar ser una fuerza homogénea. Y en buena medida lo logró hasta que el triunfo del 5 de julio avivó la hoguera de las vanidades y ahí están, matizadas, ocultas o abiertas, las diferencias. Pero el tema todavía no es 2012, aunque esté más presente que nunca, porque los acuerdos en la cúpula son más fáciles de sellar que en las bases. La estación obligada son las elecciones estatales y allí es donde el PRI deberá saber elegir, sin equivocarse, a sus candidatos, y evitar las rupturas, tentadoras, sobre todo, si hay esas alianzas PRD-PAN de las que hablábamos el martes en este espacio.

Si las encuestas muestran la realidad en cada uno de los 11 estados en disputa, el PRI, aun con alianzas en su contra, podría ganar la gran mayoría de ellos. Si no se divide en luchas internas.

Por ejemplo, si en Oaxaca, por una hipotética alianza entre PAN-PRD-Convergencia, iría Gabino Cué, en el tricolor son muchos los precandidatos que responden a distintas tendencias dentro del priismo local. El mayor daño que sufrió el PRI en los últimos años se llama José Murat y el ex gobernador, ahora en el desempleo, pero no carente de recursos, quiere regresar, aunque sea por vías indirectas. Si logra imponer a sus candidatos, las posibilidades de una alianza opositora crecen geométricamente. Allí, el problema parece ser la dirección del partido, al repetir el síndrome Madrazo de 2006: ¿Es lógico ser juez y parte?, ¿encabezar el proceso de selección y ser a la vez precandidato? En esos debates están los priistas oaxaqueños con Jorge Franco, líder del partido, ante los demás precandidatos, como Eviel Pérez, quien parece tener las preferencias de la actual administración, el alcalde José Antonio Hernández Fraguas o José Antonio Estefan, entre otros. El candidato deberá ser el que menores conflictos internos genere y el que pueda mostrar un frente más amplio en torno suyo para afrontar al que tendrá delante.

En Puebla las cosas son más claras, pero los peligros de división ahí están: Javier López Zavala, según la más reciente encuesta de Parametría, supera en simpatías y apoyo por casi tres a uno a Enrique Doger, pero éste buscará la candidatura y puede fracturar a un PRI que quizá se tenga que enfrentar también a una alianza opositora, probablemente alrededor de Rafael Moreno Valle. Si se equivocan en el método y en la selección del candidato, pagarán un costo alto los priistas poblanos.

En Sinaloa, otro estado bajo amenaza panista, donde el PRD tiene tan poco que no le costaría nada ir a una alianza opositora, los enfrentamientos entre el alcalde de Culiacán, Jesús Vizcarra, y el senador Mario López Velarde, son la comidilla: se ha dado de todo, desde la participación del gobierno estatal y de figuras sinaloenses de peso nacional, tratando de impulsar a su precandidato, hasta el fantasma del crimen organizado, muy presente en la entidad y con juego e intereses propios en estos comicios.

La tensión ha sido tanta que, si el PRI pretende conservar el estado (y si no quiere que, teniendo ya un candidato, algunas investigaciones en curso se lo tiren), no se debería descartar la necesidad de buscar una tercera opción que evite la polarización y la ruptura. Y lo mismo ocurre en casi todos los estados donde habrá elecciones en 2010. Ya analizaremos cada uno de ellos.

El candidato deberá ser el que menores conflictos internos genere y el que pueda mostrar un frente más amplio en torno suyo.