diciembre 02, 2009

Paco Calderón

No estamos listos

Denise Maerker
Atando Cabos
El Universal

Ayer, en este espacio, mi joven colega y amigo Carlos Loret de Mola esgrimió un viejísimo argumento para oponerse a la reelección de legisladores y presidentes municipales: no estamos listos. Nuestra democracia no es lo suficientemente buena para adoptar una medida que, sin embargo, funciona en todas las otras democracias del mundo, excepto en Costa Rica y México. Su argumento es que la reelección está muy bien en la teoría, pero en México sólo hemos avanzado en el control de lo que ocurre el mismo día de las elecciones y todo lo que ocurre antes es “la ley de la selva”. Además en México, dice Carlos, los dados están cargados a favor de los partidos que ostentan el poder y aprovechan su posición para rebasar los topes de gasto de campaña, usar los programas sociales y comprar votos. Entonces, concluye, primero hay que limpiar la realidad electoral y sólo entonces las reelecciones. Lo mismo decían los priístas en 1964 cuando se discutió por primera vez la posibilidad de que los legisladores se reeligieran, una propuesta por cierto presentada entonces por Vicente Lombardo Toledano.

Los especialistas son cuasiunánimes en cantar las ventajas de la reelección. Favorece la rendición de cuentas porque obliga a diputados y alcaldes salientes a comparecer nuevamente frente al mismo electorado. Gracias a la reelección puede surgir un grupo más amplio de profesionales de la política, diputados que sean capaces de entender un presupuesto, con habilidad negociadora, especialistas en ciertas áreas. Hoy la mayoría vota siguiendo ciegamente la línea de unos cuantos porque no tiene la información ni la experiencia para formarse una opinión propia de los temas. La reelección también cambia las perspectivas de quienes ocupan esos puestos. Ya no se trata de una orgía gastalona y viajera de tres años sino de cuidar la imagen y la institución, de pensar a largo plazo.

Sin duda la democracia mexicana es perfectible, pero el argumento de que no estamos listos sólo invita al inmovilismo, no al cambio. Refleja además fatalismo: mejor quedarnos como estamos que buscar algo mejor. Y siempre es conveniente para quienes tienen el poder o piensan que lo pueden obtener en las actuales circunstancias.

La no reelección de los legisladores no fue una propuesta de la Revolución Mexicana sino la forma que encontró Calles para crear un partido hegemónico y evitar más enfrentamientos armados dándole espacio a todas las corrientes “revolucionarias”. México no es el mismo de 1933, ni nuestros objetivos no son los de Calles.

Juanito: ¿con qué argumento?

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Resultó demasiado vanidoso para ser mortal. Florestán

Le contaba ayer que cuando Andrés Manuel López Obrador destapó en la plaza a Rafael Acosta, Juanito, como garlito electoral para la delegación Iztapalapa, sólo le encontraron virtudes. Lo menos que le dijeron fue luchador social. Para ellos no había, como en realidad no existía, otro como él.

Desconfiado que es, el tabasqueño le advirtió delante de todos que no ganaría él, sino el movimiento, y que no se la fuera a creer.

Era un win-win para AMLO: daría al PT los votos para garantizar registro y financiamiento y con Clara Brugada controlaría la delegación con el mayor presupuesto del Distrito Federal, más los ingresos de los giros negros. Mejor, imposible.

Desde su altura, que algunos llaman arrogancia, ignoró a Marcelo Ebrard, ajeno a esta maniobra, dejándolo fuera de la jugada pero en medio del problema.

Corrió la campaña encabezada acto tras acto por el mismo presidente legítimo llamando a votar por Juanito.

Pasadas las elecciones y declarado vencedor, éste se la empezó a creer y dio a conocer que no renunciaría, lo que le duró hasta su encuentro a puerta cerrada con Ebrard, el 4 de octubre, cuando pidió licencia por 59 días que ya no renovó asumiendo el cargo el domingo en medio de un linchamiento de quienes eran los suyos, que sólo lo utilizaban, como ahora lo utilizan otros.

En medio de esa ofensiva, estalló Brugada tachándolo de retrasado mental, lo que de ser verdad, es un acto discriminatorio y de ser falso, una calumnia. Pero en cualquier caso retrata a estos que se dicen tolerantes, hasta que del poder se trata, claro.

Y lo que es la vida, ahora Ebrard, que aparecía inerme en medio de la crisis, tiene la oportunidad, que le habían escamoteado: colocar a un jefe delegacional cercano en la mayor demarcación del Distrito Federal.

Aunque el reto político sigue siendo saber con qué argumento legal la Asamblea, en su decisión sumaria, va a destituir al delegado de Iztapalapa.

Retales

1. MINISTROS. No hubo sorpresa alguna cuando el Senado eligió por mayoría más que calificada, abrumadora, a los nuevos ministros de la Corte, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea y Luis María Aguilar Morales, que le adelanté aquí;

2. CANDIDATO. Carlos Navarrete no se descarta, dice, para la carrera presidencial de 2012, pero donde correría mucho mejor sería en la del Gobierno del Distrito Federal, donde Marcelo Ebrard no lo vería del todo mal, al contrario; y

3. CONFUSIÓN. Beatriz paredes operó para que los diputados del PRI no firmaran a favor de la controversia constitucional del SME y luego ella pidió el libro que custodiaba Francisco Ramírez Acuña para avalarla, cuando había pedido a los priistas que no firmaran. Con Beatriz, la suscribieron sus diputados del ala campesina, pero ni así les alcanzó.

Nos vemos mañana, pero en privado.

Contra Juanito

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"Cuando los dioses quieren castigarnos, responden a nuestras plegarias". Oscar Wilde

El mismo día en que Rafael Acosta, Juanito, asumió el gobierno de Iztapalapa, el domingo 29 de noviembre, Clara Brugada afirmó que había ingobernabilidad en la demarcación por lo que era necesario destituir al jefe delegacional. El lunes 30 de noviembre, si bien reconoció que entre sus facultades no se cuenta la destitución de jefes delegacionales, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, afirmó que la situación en Iztapalapa "ya llegó a un límite" por lo que dijo que pediría a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal que interviniera. Un grupo de 22 diputados locales del PRD y del PT presentaron el mismo lunes una demanda para iniciar el proceso de destitución. La Comisión de Gobierno de inmediato ordenó la instalación de una Comisión Jurisdiccional que deberá dictaminar el caso.

La Asamblea Legislativa sí tiene facultades para destituir a un jefe delegacional. El artículo 108 del Estatuto de Gobierno del Distrito Federal establece que los jefes delegacionales pueden ser cesados a petición del jefe de Gobierno o de los diputados por "causas graves". Estas causas están redactadas de tal forma que dejan una enorme discrecionalidad a la Asamblea. Una de ellas, por ejemplo, es la de "realizar actos que afecten gravemente las relaciones de la Delegación con el jefe de gobierno del Distrito Federal". Lo importante, como en los juicios políticos, no es la justicia del caso sino contar con dos terceras partes de los votos. Y el PRD y el PT los tienen en la ALDF.

Los días de Juanito como jefe delegacional están contados. La ingobernabilidad que pudiera haber en Iztapalapa es hasta este momento sólo producto de las movilizaciones de la gente de Clara Brugada. Pero eso poco importa. Tampoco tiene mucha relevancia que los electores de Iztapalapa hayan votado por Juanito. Lo que realmente importa para el Estatuto de Gobierno es si se reúnen dos terceras partes de votos en la Asamblea.

El control que el grupo político de Andrés Manuel López Obrador tiene sobre la Asamblea Legislativa es tan grande que no hay forma de que Juanito sobreviva. El jefe delegacional ha señalado que buscará un amparo. No sé si lo obtenga o si consiga cuando menos una suspensión. Pero al final lo más probable es que pierda la batalla. El artículo 108 del Estatuto es muy claro. Con dos terceras partes de los votos, la Asamblea puede destituir a cualquier jefe delegacional.

No hay ingobernabilidad en Iztapalapa. Sería poco probable que la hubiera apenas unos días después de que el jefe delegacional tomó posesión. Pero el grupo lopezobradorista usará ese pretexto para justificar su acción. Por eso seguiremos viendo movilizaciones de Brugada. No importa que sean relativamente pequeñas en una ciudad en que las marchas y plantones son cosa de todos los días. Servirán para justificar la destitución.

Para muchos políticos la democracia es sólo un pretexto. Los votos son válidos sólo cuando los favorecen. De otra manera se convierten en parte de un complot que busca despojarlos del poder. La mayoría absoluta que obtuvo el PRD en el Distrito Federal es reflejo de un mandato del pueblo. Pero el triunfo de Felipe Calderón en la elección presidencial de 2006 es un fraude cometido por una mafia perversa. La destitución de Manuel Zelaya como presidente de Honduras por violar la Constitución es un acto golpista que no puede superarse ni con la realización de nuevos comicios. Deponer a Juanito en Iztapalapa, pese a haber sido electo en las urnas, es un acto de justicia.

Ahorcar el DF

El Sindicato Mexicano de Electricistas ha anunciado nuevas movilizaciones para el viernes 4 de diciembre en la Ciudad de México. Una vez más buscará bloquear los accesos carreteros y las principales avenidas de la urbe. Los electricistas siguen pensando que sus enemigos son los habitantes de la ciudad y no los políticos que decretaron la desaparición de Luz y Fuerza del Centro.

“Las revoluciones se fueron al carajo”: Mujica

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

José Pepe Mujica es un hombre mayor, de 72 años, que fue uno de los fundadores de una de las guerrillas más famosas de los años 70, los Tupamaros uruguayos, que luego de dar una serie de golpes espectaculares, sufrieron una brutal represión que los diezmó. Raúl Sendic, su líder, estuvo preso en condiciones inhumanas desde 1972 hasta la amnistía de 1985. Uno de sus principales colaboradores era Mujica, detenido y enterrado, como Sendic y otros dirigentes de aquella organización, en pozos, e incomunicados durante años. Mujica estuvo preso 15 años, 11 de ellos incomunicado. Y este domingo ganó la presidencia de la República de su país, Uruguay, con más de 50% de los votos.

Mujica está lejos de ser un radical. Se encuentra preocupado por los temas sociales y por la pobreza. Para salir de ella plantea la necesidad de recurrir a las inversiones públicas y privadas, a las grandes reformas sociales. Usa un lenguaje coloquial, jamás una corbata, y vive en la periferia de la ciudad de Montevideo, trabajando él mismo en su granja. Ya no quiere hacer la revolución. Como buena parte de la izquierda que sí lo fue y sí luchó por sus ideales en los años 70, se siente mucho más cerca de Lula que de Castro o Chávez. Dice, lo podemos leer en el periódico El País, que “todos los que fuimos jóvenes hace 30 o 40 años vivimos aquella discusión reformismo o revolución… resulta que las revoluciones en general se fueron al carajo, no quedó ni ceniza”. Y reivindica las reformas: “Con las reformas no construyeron ningún país excepcional. Ahora, en general, se come mejor y se duerme mejor donde se hicieron reformas. Para los que abrazamos el credo revolucionario, no es muy placentero decir esto, pero es la discusión que tenemos con Lula. Lula dice sí, pero hay 50 millones de tipos que viven mucho mejor. ¿Es eso una revolución? Sí, en los hechos, sí. Para el que no comía, seguro que es una revolución”. Y se ha comprometido entonces a seguir la agenda de su antecesor, también del Frente Amplio, pero de una corriente mucho más moderada, Tabaré Vázquez que, sin estridencias y respetando estrictamente las normas democráticas, ha hecho una de las mejores presidencias de los últimos años en América Latina.

Todo esto viene a cuento no sólo por la fantástica y pedagógica historia política de Mujica, sino por la inevitable comparación de nuestra izquierda, que buscará este fin de semana su refundación mientras vive la peor de sus crisis históricas desde que el Partido Comunista, con la reforma política del 77, salió de la semiclandestinidad en la que vivía. Lo hace en medio de una derrota electoral que no ha sabido procesar y que, en muy buena medida, fue provocada por el impulso que le dio su ex candidato presidencial López Obrador al PT y, en menor medida, a Convergencia. Lo hace cuando sus simpatizantes alcanzan apenas 9% y sus negativos llegan casi a 40 por ciento. Cuando acaba de renunciar a ese partido una de sus figuras más populares, Ruth Zavaleta, y cuando la crisis de Iztapalapa, con el caso Juanito como emblema de la crisis, ha terminado de desprestigiar hasta las más elementales formas de la izquierda y de la operación interna en el PRD.

La posibilidad de refundar al PRD estará determinada por un punto: la relación con López Obrador. Un partido no puede moverse, como dicen querer Jesús Ortega y otros dirigentes, hacia posiciones reformistas y de centro izquierda, mientras su líder (o caudillo como lo llaman René Arce y Víctor Hugo Círigo) aboga por posiciones radicales, rechaza a la dirigencia y a los candidatos del partido y llama a derrocar al gobierno, como lo han pedido en la tribuna del Congreso algunos de sus legisladores, mismos que no cuentan, por cierto, con historia alguna de qué presumir en la izquierda. Y que nadie diga que se trata de la justa indignación por los resultados electorales de 2006. Justa indignación la que deberían tener Mujica y sus compañeros del Frente Amplio luego de haber pasado 15 años en condiciones de vida inhumanas y, sin embargo, se han dado tiempo de reflexionar, cambiar, mirar hacia el futuro, olvidarse de venganzas… y llegar al poder sin provocar fracturas ni rencores sociales.

El PRD no podrá convertirse en la izquierda que el país necesita sin desligarse de liderazgos mesiánicos ni sin apostar completa y definitivamente a las reglas de la democracia y las reformas. Tiene que elegir entre Hugo Chávez o Lula, entre Evo Morales o José Mujica. No puede ser las dos cosas al mismo tiempo ni pueden convivir en él posiciones tan extremas sin una línea y una dirigencia reconocidas por todos. No tomar definiciones, no asumir los costos de la misma, lo lleva al desprestigio, al deterioro y el abandono paulatino de sus mejores militantes, a ser percibido sólo como un instrumento electoral sin perfil propio. Esa será la diferencia entre la refundación y la refundición del PRD.

El Partido de la Revolución Democrática tiene que elegir entre Hugo Chávez o Lula, entre Evo Morales o José Mujica.

Tres años, ¿del gobierno de Calderón?

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

(Segunda de tres partes)

¿Hasta qué punto el gobierno de Calderón, sobre todo en materia económica, es realmente el gobierno de Felipe Calderón? ¿Hasta qué punto hablar del gobierno de Calderón es una reminiscencia del pasado priista, del pasado presidencialista, tiempo en el cual "todo dependía" del Presidente de la República, personaje que concentraba en su persona el poder de los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial?

Un buen ejemplo de que, por lo menos en materia de economía, el gobierno no es solamente de Calderón, lo tenemos en la autonomía del Banco de México, y por lo tanto en la soberanía de la política monetaria, que se decide y practica al margen de las necesidades de financiamiento del gasto gubernamental, e independientemente de los propósitos de las políticas económicas del Poder Ejecutivo, con el fin de mantener la estabilidad en el índice de precios al consumidor y, por ello, con la meta de preservar el poder adquisitivo de los consumidores y ahorradores, único objetivo que justifica la existencia de los bancos centrales, lo cual no quiere decir que dichas instituciones sean eficaces para hacerlos realidad, siendo que la teoría demuestra, y los hechos muestran, que más bien es lo contrario: de 2001 a 2009 (y suponiendo que la inflación este año termine en 4.02 por ciento), la inflación promedio anual fue de 4.6 por ciento, por arriba de la meta establecida por las mismas autoridades monetarias de tres por ciento, más menos un punto porcentual de margen de error (¡vaya margen de error, del 50 por ciento a la alza y del 33 por ciento a la baja!), con la peculiaridad de que en los años nones bajó y en los pares subió.

El que la política monetaria, que puede llegar a ser, de entre todas las políticas económicas, la más destructiva, y que sin duda es la más importante, sea manejada de manera autónoma por la autoridad monetaria es un acierto y clara muestra de que, en materia de economía, y de algo tan importante como lo es la estabilidad del índice de precios al consumidor y la preservación del poder adquisitivo del dinero, ¡y por lo tanto del trabajo!, no todo depende del Ejecutivo federal, ya que en materia de políticas económicas lo que existe es un cogobierno, por ejemplo, con el Banco de México, autónomo respecto del Ejecutivo federal, responsable por la política monetaria, y la Secretaría de Hacienda, parte central del gobierno federal, con la responsabilidad por la política fiscal, responsabilidad que se limita al ejercicio de la misma, pero no a su determinación ni por el lado de los ingresos (impuestos y deuda), ni por el lado de los egresos (desde el gasto corriente hasta el gasto en inversión), determinación que depende, hasta cierto punto, de los legisladores (diputados y senadores, en el caso de los ingresos, diputados solamente en el caso del gasto), lo cual me lleva a la pregunta inicial: ¿hasta qué punto el gobierno de Calderón, sobre todo en materia económica, es realmente su gobierno?

Continuará.

Reelección inmediata de legisladores y alcaldes

Lorenzo Córdova Vianello
Investigador y profesor de la UNAM
El Universal

En su largo discurso conmemorativo de sus tres años de gobierno, el presidente Calderón anunció que antes del término de este periodo de sesiones enviaría al Congreso una iniciativa de cambios en el diseño político del Estado en la que propondría, entre otros temas (algunos de ellos claramente regresivos y delicados para la calidad de nuestra endeble democracia, como la reducción del número de integrantes del Congreso), la reelección inmediata de legisladores y alcaldes.

El de la reelección legislativa era uno de los temas pendientes en la agenda democratizadora. Hoy por hoy somos, junto con Costa Rica, la única democracia que prohíbe que los diputados y los senadores puedan ser reelectos sucesivamente en sus cargos.

Esa prohibición, introducida en el artículo 59 constitucional en 1933, en vez de tener una justificación democrática, buscó entonces fortalecer el poder de la omnímoda figura presidencial, incrementando las capacidades de decisión y de control que le daba el ser el “jefe nato” del partido oficial y por ello la prerrogativa de “palomear” a los candidatos a cargos electivos postulados por el mismo. En efecto, la imposibilidad de reelección sucesiva, además de inducir un forzado recambio en la élites gobernantes, permitía al presidente controlar el destino de prácticamente todos los políticos que, lejos de deberle el encargo a sus electores, se debían a la generosa y magnánima voluntad presidencial (detrás de la que se escondía un férreo control político).

La reelección inmediata de los legisladores (que puede, por supuesto, tener múltiples modalidades como las que tienen que ver, por ejemplo, con la existencia de límites en las veces en las que puede operar) tiene varias ventajas de que deben ponderarse, entre las que destaco las siguientes:

1. La más socorrida —pero no por ello carente de veracidad— es que impondría a los legisladores mantener un vínculo más estrecho con sus electores, de quienes dependerá, en su momento, una eventual ratificación electoral en el cargo. Ello traería consigo un mejor y más intenso ejercicio de rendición de cuentas en el que el elector no sólo “premia” o “castiga” en las urnas en general a un partido por su desempeño político, sino también en específico a determinadas personas: sus representantes.

2. Además, se permitiría la formación de una clase parlamentaria más estable y, por ende, profesional (aunque, en los hechos, varios son los legisladores que “saltan” de una cámara a otra elección tras elección), permitiendo que el conocimiento acumulado respecto de las funciones y las prácticas parlamentarias tuviera una mayor importancia y la necesidad de una curva de aprendizaje de legisladores “novatos” fuera menos frecuente. Ello ahorraría en buena medida un tiempo precioso que podría redundar en una mejor calidad del trabajo legislativo.

3. Adicionalmente, la estabilidad en el encargo legislativo que podría generar la reelección inmediata fomentaría la existencia de interlocutores más ciertos y permanentes, y que los puentes de diálogo y comunicación, que son indispensables para lograr una gobernabilidad democrática (particularmente en un contexto de “gobiernos divididos”), fueran más duraderos y no tuvieran necesariamente que reconstruirse en cada Legislatura.

Por otra parte, la idea de la reelección de los alcaldes también tiene sentido si se piensa que en gran parte del país la duración de los mandatos municipales es muy breve (tres años) y que muchos proyectos de gobierno en el plano local requieren proyecciones de mediano y largo plazos que rebasan ese periodo. En buena medida por eso hoy nadie se atreve a instrumentar una planeación municipal transtrianual.

Sin embargo, lo anterior requiere como condición sine qua non que la propuesta de reelección inmediata de legisladores y alcaldes vaya acompañada de efectivos mecanismos de rendición de cuentas y de control, que impidan la creación de cotos inexpugnables de poder y de abuso del mismo, así como de una efectiva democratización de los procesos partidistas de selección de candidatos.

Bravo, Honduras

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Vaya golpistas tan peculiares, esos de Honduras, que lo primero que hacen después de “romper la legalidad”, “atentar contra las instituciones”, “vulnerar el orden constitucional” e imponer a un presidente “espurio” es organizar unas elecciones perfectamente reglamentarias, con candidatos de verdad, en las que ha resultado ganador un tipo al que el propio presidente depuesto no ha tenido otro remedio que reconocerle méritos y legitimidad.

Es el mundo al revés, señoras y señores: los infractores resulta que no tenían la menor intención de perpetuarse en el poder. Tampoco intentaron siquiera cederle el mando al presidente de facto, ese señor Micheletti que tan mala prensa se ha agenciado. Ustedes díganme, ¿qué otro régimen autoritario y “golpista” propicia elecciones y facilita de tal manera el pleno retorno a la vida institucional? Esas graciosas salidas del escenario yo no las he visto nunca en Cuba y creo que no tendrán lugar, en mucho tiempo, en países como Venezuela, Nicaragua o Bolivia donde los caudillos populistas, por el contrario, se han encargado de ganar terreno para seguir mandando, ellos y nadie más, durante decenios enteros.

El golpe de Estado ocurrido en la hermana república centroamericana fue un monumental desacierto pero de otra manera ya lo tendríamos, ahí sí, al señor Zelaya bien dispuesto a socavar las leyes y a violentar la Constitución para proclamarse líder perpetuo, todopoderoso y autocrático de su sufrido país. ¿No tienen acaso las naciones derecho a defenderse de esos próceres enloquecidos que, encima, se mueven gracias al patrocinio del venezolano megalómano? Chávez, miren ustedes, tendría todo el derecho a entrometerse en los asuntos particularísimos de sus vecinos y a asociarse con guerrilleros y narcotraficantes para desestabilizar a la región. Pero que nadie intente salirse del orden establecido para dar respuesta a las embestidas del gorila porque entonces le caerá encima todo el peso de una comunidad internacional hipócrita, cobardona, complaciente y encubridora. Bien hecho, Honduras.

¡Mamá, soy Juanito!

Germán Dehesa
german@plazadelangel.com.mx
Gaceta del Ángel
Reforma

¡Ya comenzó diciembre!. En cuarenta días y hasta que terminen todas las tornabodas de los Reyes Magos, mi alma no conocerá el sosiego, ni el contento, ni el ímpetu vital que suele acompañarme en los meses restantes. Diciembre es un horror. Ya hoy que es apenas el primer día, me topé con tropeles y tropeles de morsas que invaden las ya de por sí congestionadas calles de la Capital y yo las vi desde la ventanilla de mi coche con su peinado de salón, su brutal maquillaje como para fiesta mayor de los apaches, sus atuendos imitación tigre, jaguar, ocelote, o gato de carnicería, rodando la mirada de un lado a otro cual guaruras, aunque en el caso de ellas, lo que andaban pesquisando eran tiendas, tiendas, tiendas que les permitieran comenzar a partirle la cara a la tarjeta de ese lastimero marido que está en su oficina quitado de la pena y aventándole el perro a alguna secretaria semilingüe que se pone esas minifaldas que le permiten entrar a la oficina tumbando caña y buscando erótica pelea. Ésta última es también una muy favorecida actividad de la época. Si no me lo creen, asómense a los moteles de las salidas a Cuernavaca, a Toluca, a Querétaro, a Pachuca; o a los que se diseminan por Tlalpan y son conocidos como "Los Rápidos de Tlalpan". Son unas colas como para cobrar en el SME. Así, este mes consagrado a venerar la visita del Niñito Jesús, lo aprovechamos los tenochcas para comprar cientos de porquerías y para pecar de una manera febril y hasta que (hablo por los hombres) la tensión grado 4 se convierte en una lejanísima utopía.

Otro asunto: hace unas cuantas horas, escuché a Juanito, nuestro moderno Cicerón, diciéndole puras brutalidades al "Teacher" López Dóriga. Entre sonsera y sonsera, intercalaba las proclamas de un ridículo y no solicitado heroísmo. Según este hijo morganático del Wash & Wear, vagan por la ciudad hordas, cuadrillas, kaibiles que no tienen más objetivo que apergollar y cargarse al mushashito. Silencio dramático y luego Juanito prorrumpe: pero nada me detendrá, si yo ya fui paletero, garrotero, taxista en la Ciudad de México y nada me ha pasado (argumento muy válido ¡vive Dios!), no le voy a tener miedo a todos estos grupos que están interesados en eliminarme (la verdad, no me los imagino a esos grupos, a menos que sean de Boy Scouts) porque mi vida está dedicada a Iztapalapa. Todo esto lo oía Joaquín López Dóriga con inocultable regocijo, por más que el antedicho Juanito, de vez en cuando, sospechaba que se lo estaban charreando.

Tonto, tonto, pero el señor Acosta ya metió al baile al Presidente, a Marcelo, a la Asamblea y me imagino que pronto elevará su queja a la UNESCO, a la Unión Europea y, al decir de la Rosachiva, a la FIFA. Alguien, espera él, se apiadará de su caso tan adornado de patetismo por el propio Juanito. En todo esto, la Brugada no pinta mayor cosa, porque, a pesar de su muy nítida imagen de nieta de Lucha Reyes embarnecida, carece de ese histrionismo carpero que a Juanito le sobra.

Si alguien va a comprar entera esta bronca, me imagino que será Porfirio Magno que tanto ama el papel de patrono de las causas perdidas. Sólo el tiempo nos dirá en qué paran estas misas. Y ya.


¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCLXXXI (1681)

El cuatrero MONTIEL.


Cualquier correspondencia con esta columna con una cinta tricolor en la frente, favor de dirigirla a dehesagerman@gmail.com (D.R.)

Reforma del Estado

Armando Román Zozaya
armando.roman@anahuac.mx
Excélsior

La clase política padece de egoísmo exacerbado, lo cual resulta en que la toma de decisiones sea muy difícil.

El Presidente Calderón propondrá al Congreso de la Unión una serie de modificaciones a las instituciones centrales del Estado. En concreto, va por la reelección de legisladores y presidentes municipales, el referéndum y la iniciativa ciudadana. Obviamente, es positivo que el mandatario anhele cambiar las cosas para bien. Sin embargo, sus propuestas se quedan cortas. Veamos.

En primer lugar, hay que cuestionar el sistema presidencial pues, por definición, dificulta lograr acuerdos. Esto no es nocivo en sí mismo —en Estados Unidos, dicho sistema funciona bien, por ejemplo—, sin embargo, en el caso de México lo es, ya que los mexicanos no sabemos escucharnos los unos a los otros. Además, la clase política padece de egoísmo exacerbado, cuestiones que, al interactuar con el sistema presidencial, resultan en que la toma de decisiones es muy difícil. De hecho, el sistema parlamentario es una alternativa superior desde el punto de vista de los incentivos que genera para los políticos, la rendición de cuentas entre electores y representantes y, por supuesto, la toma de decisiones. ¿Por qué no considerar la implementación del parlamentarismo en nuestro país?

En segundo lugar, nuestro federalismo es más un problema que una solución. En primera instancia, diluye responsabilidades. Por ejemplo, los municipios no hacen nada contra las narcotienditas porque se trata de un terreno que le corresponde a la Federación. Sin embargo, la Policía Federal no puede estar en todo lugar a toda hora, por lo que es obvio que las policías municipales, y también las estatales, deberían involucrarse en la lucha frontal contra el narco. Pero, como decíamos, no lo hacen porque no les corresponde (además de que les falta capacitación, recursos, etcétera). En segunda instancia, los gobernadores se han convertido en nocivos polos de poder: controlan recursos a discreción, manejan legisladores, etcétera. Así, en vez de cooperar arduamente para solventar los problemas que son de carácter nacional, se dedican a tratar de incrementar su poderío para, luego, continuar con su carrera política. En tercera instancia, las divisiones políticoadministrativas entre estados y municipios son más un pasivo que un activo. Por citar un ejemplo, la Ciudad de México está literalmente unida a varios municipios del Estado de México y de Morelos, lo que genera problemas que van más allá de la ciudad y de dichos municipios. Sin embargo, las soluciones no se construyen de manera conjunta entre las entidades afectadas sino por separado (se creó una Comisión Metropolitana, pero, es inútil). ¿No valdría la pena que busquemos afinar el federalismo?

Finalmente, está el tema de la rendición de cuentas. Al respecto, la reelección puede ayudar, pero, no basta. Sería prudente considerar la creación de un organismo ciudadano —algo así como el IFE— que esté a cargo de auditar los gastos de la Federación, los estados y los municipios, pues no es adecuado que los políticos mismos sean sus auditores/sancionadores, según ocurre actualmente.

Esos son algunos de los temas que deberíamos discutir al hablar de Reforma del Estado. La propuesta presidencial es, por lo tanto, bienintencionada, aunque, incompleta. Pero, bueno: por algo se empieza.