diciembre 13, 2009

Las generaciones actuales

Enrique Krauze
Reforma

Hoy gobierna a México la generación política nacida entre 1950 y 1965. Está en el Ejecutivo, el Legislativo, el gobierno del DF y en muchos estados. Está en el PRI, el PRD y el PAN. ¿Cómo convendría llamarla? Tal vez: "Generación de la Modernidad Fallida" (GMF).

El libreto de las generaciones volteó la página en el sexenio de Ernesto Zedillo (1951). Pertenecía a la generación que debía fundar un nuevo ciclo, ya no posrevolucionario sino puramente moderno, un ciclo que debía llevar al país a un estadio superior de civilidad, prosperidad, equidad y democracia. Y así ocurrió... por breves años. Si bien México no creció como debía, la transición política se llevó a cabo con un orden admirable. No es casual que uno de los personajes centrales de ese proceso aterciopelado haya sido José Woldenberg (1952). Militante de izquierda en los ochenta, entendió temprano los imperativos morales y políticos de la democracia y se reformó a sí mismo. Se volvió uno de los hombres representativos de nuestra exigua izquierda moderna, tolerante, liberal. Con ésas y otras cartas credenciales encabezó al IFE, instrumento fundamental de un cambio de instituciones y costumbres políticas que entre todos conquistamos y que a veces no valoramos lo suficiente.

Lo natural en el año 2000 hubiese sido que un miembro de esa generación consolidara los avances y los llevara más lejos. Pero entonces el libreto de las generaciones dio un salto para atrás: los tres contendientes pertenecían al ciclo anterior, supuestamente superado: Cárdenas (1934), Labastida (1942) y Fox (1942). El presidente Fox resultó un hombre de ruptura, no un edificador. Y es una lástima: el país hubiese respondido con entusiasmo a sus propuestas de reforma estructural. No faltaron miembros de su gabinete (pertenecientes a la generación nueva) que las insinuaron. Otros y otras (también de esa zona de edades) aconsejaron un cambio paulatino o ninguno, situación que en la práctica condujo a la inmovilidad, la pérdida de tiempo y, peor aún, el vacío de poder. Ese vacío lo aprovecharon miembros anacrónicos de la joven generación: nostálgicos del 68 y obsedidos por la ideología del "nacionalismo revolucionario", se entregaron a un líder carismático que encarnaba el remoto pasado caudillista, no el orden institucional y democrático. Así fue como la que iba a ser la GM se convirtió en la GMF.

Hoy los principales abanderados de la "GMF" en el PRI navegan entre el pragmatismo, el dogmatismo y los medios, esperando reconquistar Los Pinos y entonces, sólo entonces, impulsar las reformas que ellos consideren necesarias pero que nadie, hoy por hoy, sabe cuáles son. Por su parte, el Presidente y su equipo (en el que predomina también esa generación) toman aire para presentar con su partido las reformas anunciadas. Ante la pérdida de credibilidad por su manejo de la crisis económica, deberían poner de inmediato sobre la mesa esas propuestas. En cuanto al PRD, la pregunta es obvia: ¿su "refundación" implicará una reforma o afianzará los dogmas del "nacionalismo revolucionario"? ¿Propiciará un programa modernizador o se inclinará ante el caudillo? Lo primero, estoy seguro, convertiría al PRD en una opción convincente para el 2012.

Los veteranos de la "GMF" ya peinan (si es que peinan) canas: van a cumplir 60 años. Los más jóvenes tienen 45 años de edad, es decir, no se cuecen al primer hervor. (A esa edad Lázaro Cárdenas ya era ex presidente). Ni unos ni otros han presentado al ciudadano un proyecto práctico, detallado, fragmentario si se quiere pero asequible para el país. La mayoría se limita a vocear un catálogo de vaguedades. En el teatro rápido de la política el tiempo vuela más que en el de la vida, y por eso dudo que esa generación (que debió fundar un nuevo ciclo) vaya a aportar mucho más al país. Cierto, algunos posibles precandidatos a la presidencia pertenecen a este grupo. Pero están dejando ir el tren de la historia.

Lo cual deja a la generación siguiente, la llamada "Generación X" (nacida entre 1966 y 1980) en una situación de orfandad que, sin embargo, tiene sus ventajas. Imaginemos a un hombre de aproximadamente 35 años. Para él, la Revolución Mexicana con todo y sus íconos es tan remota como la Independencia o la Conquista. Para él, el movimiento estudiantil del 68 es una épica que no quiere repetir. Pasó su infancia en medio de la crisis (82, 88), abrió los ojos horrorizados con el asesinato de Colosio, se llenó de esperanza con la transición política, se ilusionó con la campaña de Fox, se desilusionó con la gestión de Fox. Para él el PRI es sinónimo de corrupción, el PAN de mochería, por eso quiso creer en la izquierda, pero la izquierda mesiánica lo decepcionó. Ha vivido este sexenio en vilo. No se reconoce en los partidos y tiene una visión muy crítica tanto del gobierno como de la oposición. ¿Qué debe hacer?

Una opción es confiar en los representantes de su propia Generación X que ocupan ya cargos públicos y pueden ser contendientes para el 2012. Pero es difícil creer en ellos si nadie sabe, en concreto, qué país quieren. ¿Lo saben ellos? Por eso, al hipotético personaje no le queda más alternativa que asumir su orfandad -asumirla como opción de libertad, valor y creatividad- y buscar por cuenta propia caminos de participación cívica y política para lograr el cambio estructural que México requiere. Ésa es su tarea para el año entrante: el Año del Bicentenario.

Estas fiestas nos matan

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

No es necesario ser Ebenezer Scrooge, el envidioso avaro de A Christmas Carol o Un cuento de Navidad, de Dickens, para detestar el mes de fiestas que comenzó ayer con las peregrinaciones al prehispánico santuario de la diosa Tonantzin que tan sospechoso le pareció a fray Bernardino de Sahagún, nuestro gran historiador inmediatamente posterior a la Conquista. Llegó a la sensata conclusión de que esa devoción es “invención satánica” para disimular la antigua idolatría pues, dice, habiendo tantas casas dedicadas a Nuestra Señora, los indios no van a ellas, y vienen desde lejanas tierras al Tepeyac, donde estuvo el ídolo de sus tiempos paganos.

El Journal of Leukocyte Biology avisa y previene que las reuniones de familia ampliada y su natural estrés nos cuestan mucho en leucocitos y nos matan poco a poco. Recordemos, el leucocito (de levkós= blanco en griego) es el nombre genérico de nuestras células defensoras, conjunto que llamamos sistema inmunitario.

En su número de diciembre publica las malas nuevas: los Scrooge tenemos razón de huir, y no por codos ni tacaños, sino para defender nuestras defensas amenazadas por tías y tíos, primos, cuñadas y otros parientes que en todo el año no buscamos precisamente porque ningún placer nos produce el encuentro, pero en este mes de fiestas aparecen con tiernas sonrisas porque se llaman Guadalupe, o vienen a nuestra posada, cuando no se invitan a Navidad, y luego nos abrazan en Año Nuevo y traen una rosca llena de muñecos de plástico para sopear con chocolate el 6 de enero. Todo un mes al ritmo adormecedor de Silent Night, que resulta preferible a las tonadillas españoletas con cascabeles que piden “A Belén, a Belén, vamos todos a Belén…” y uno a donde quiere irse es al carajo.

Pues sepa usted cuánta razón tenemos Scrooge et al.: “Demostramos por primera vez que el sistema nervioso controla la policía central de las células inmunitarias, llamadas células T reguladoras”, dice Robert Cone, quien encabeza la investigación realizada en su laboratorio de la Universidad de Connecticut. Y esas células T son, nada menos que los pinches linfocitos T que se joden entre el VIH y la prima insoportable desde niña. Hay interacciones entre estos dos sistemas, inmunitario y nervioso.

El descubrimiento lo hicieron Cone, Sourojit Bhowmick y sus colegas al inyectar a ratones con una droga llamada 6-hidroxidopamina (6-OHDA), una neurotoxina que se emplea para matar de forma selectiva las neuronas productoras de dopamina, induciéndoles apoptosis, muerte celular. El equipo de Cone cortó de esta manera los enlaces del sistema nervioso simpático localizados en diversos órganos. A otros ratones les inyectó una simple solución salina para tener un grupo control.

Los ratones que recibieron 6-OHDA, al quedar sin enlace entre los sistemas nervioso e inmunitario presentaron el doble de células T reguladoras que el grupo control en bazo y ganglios linfáticos. Análisis posteriores mostraron que ese incremento en células T reguladoras se debía a una proteína llamada TGF-beta, la cual dirige el desarrollo y sobrevivencia de las células T reguladoras.

Luego los investigadores sometieron todos los ratones a condiciones que les causan una enfermedad autoinmune, similar a la esclerosis múltiple de humanos. Descubrieron así que los ratones con los sistemas inmune y nervioso cortados con 6-OHDA no habían desarrollado esa enfermedad autoinmune. Así resultó claro que el sistema nervioso simpático no sólo puede afectar de forma negativa al sistema de inmunidad, sino también cómo podríamos prevenir o detener enfermedades autoinmunes.

“Desde que los trabajos de Hans Seyle desbrozaron el terreno del estrés, los científicos han estado tratando de entender por qué las situaciones estresantes con frecuencia exacerban enfermedades autoinmunes y causan la reaparición de infecciones latentes”, dice John Wherry, editor del Journal. “En la pelea real o en situaciones de huida, el estrés sirve de salvavidas, pero entender cómo la respuesta neurológica al estrés cotidiano impacta las respuestas inmunes, por ejemplo ver a toda la familia durante las fiestas, nos ofrecerá oportunidades para diseñar nuevas terapias.”

¿Y no es más barato, sencillo y eficaz no ver a quienes no queremos ver? Digo…

Contacto: Cody Mooneyhan, cmooneyhan@faseb.org

H1N1

Y una buena noticia: investigadores de la Universidad Rice han localizado una debilidad en el método por el que virus de la influenza H1N1 escapa a la detección por el sistema inmunitario. Para que un virus evada anticuerpos lanzados en su contra, deben disfrazarse por mutación cinco lugares reconocibles del virus. El equipo encontró un “gancho” del virus, necesario para anclarse a la célula por infectar, que si cambia mucho, el virus muere, y si no cambia lo bloquea una vacuna.

Contacto: David Ruth, druth@rice.edu

En nombre de la democracia*

José Rubinstein
jrubi80@hotmail.com
Excélsior

México considera que el presidente Manuel Zelaya debe ser restituido en el poder.

Señores, el hiperactivo Hugo Chávez se dice preocupado por la postura de México, manifestada por la canciller Patricia Espinosa, en la cumbre del Mercosur, celebrada en Montevideo. El comandante Chávez le pide a México reflexionar, actuar con dignidad y apegado a la verdad: “Aparecen quienes quieren justificar el golpe de Estado y las elecciones ilegítimas celebradas en Honduras. Pobre de esos países”.

México considera que el presidente Zelaya debe ser restituido en el poder, que las elecciones presidenciales celebradas en Honduras son una condición necesaria, pero no suficiente, para la normalización de ese país y que el diálogo entre las partes es necesario para llegar a una solución pacífica. México ha optado a favor de un gobierno de unidad y de la creación de una comisión de la verdad.

La experiencia hondureña —en cuanto se baje la nata— ameritará ser analizada con la objetividad requerida para asimilar el hecho de que una democracia haya sido derrocada, precisamente, en nombre de la democracia.

Constitucionalmente, el periodo de Manuel Zelaya concluye a inicios de 2010, además de que las celebradas elecciones presidenciales habían sido ya programadas antes de la deposición presidencial.

Ocurre que Zelaya se fue alineando en dirección al expansivo socialismo promovido por Hugo Chávez y, en consecuencia, emulando a otros colegas suyos de la región, pretendió alargar su estancia en el poder por la imprevista vía del plebiscito.

La Suprema Corte de Justicia, el Congreso de la República, el Ejército y el Partido Liberal, el de Zelaya, se pronunciaron rotundamente contra el propósito del presidente hondureño.

El 24 de junio del año en curso, Zelaya destituyó al jefe del Estado Mayor por negarse éste a distribuir las respectivas tarjetas de consulta para el plebiscito. Así es como, en nombre de la democracia, el 28 de junio, el mismo día en que había sido programada la consulta popular, Zelaya fue arrestado y expulsado del país por un grupo de militares.

En términos prácticos, la obstinación de Zelaya por ser restituido en su cargo, después de un semestre de ausencia, en el epílogo de su plazo constitucional y tras la democrática elección de un nuevo presidente resulta inviable. Aferrarse a un poder que no puede es absurdo, Zelaya, en un acto de pundonor y realismo, contribuiría a normalizar la situación reconociendo lo innegable, resignándose a que la historia prosiga en tiempos que ya no son suyos y que el país recupere su normalidad bajo la conducción del nuevo gobierno electo en las urnas.

Finalmente, parece ser que Honduras evitó verse incorporado en el bloque de países socialistas de la región, influidos por el proyecto de un iracundo, bélico y omnipresente dictador venezolano, que no satisfecho con estar acabando con la propiedad e inversión privada en su petrolizado país, va agitando por América Latina el estandarte de una figurada revolución bolivariana.

Difícil de asimilar: defender la democracia derrocando a un presidente democráticamente electo, precisamente para que prevalezca la democracia.

En México seremos sede, el próximo febrero de 2010, de dos cumbres conjuntas, la del Grupo de Río y la de América Latina y del Caribe, a las que se ha decidido denominar Cumbre de la Unidad.

Unidad, hasta hoy utópico término pero susceptible a convertirse en realidad. Tan sencillo como respetar el derecho ajeno, tan fácil como no intervenir y aceptar la autodeterminación de los demás, tan lógico como ejercer la libertad sin afectar la de otros.

jrubi80@hotmail.com

*Artículo que debió ser publicado el pasado viernes 11 de diciembre.

Heriberto Félix Guerra hacia el 2012

Miguel Ángel Granados Chapa
miguelangel@granadoschapa.com
Plaza Pública
Reforma

El Senado debió expresar un extrañamiento al presidente Calderón, pues los nombramientos en Hacienda y Sedesol evidencian que desde la Presidencia se da por aprobado el relevo en Banxico

Aunque no haya una fecha expresa para que el presidente de la República presente al Senado el nombramiento del gobernador del Banco de México, el Ejecutivo incurrió en una descortesía hacia ese órgano del Congreso al demorar hasta una semana antes de la clausura del periodo de sesiones ordinarias la designación de Agustín Carstens. O lo provocó estrechando en exceso el lapso para que el Senado procesara el nombramiento, o pretendió que ofendida esa Cámara rehusara dar trámite a su decisión, dejando que en la segunda quincena de diciembre lo hiciera la Comisión Permanente.

Ya lo hizo Calderón meses atrás a una operación semejante. Demoró tres meses, los que dura el periodo de sesiones de primavera, de febrero a abril, en nombrar a un subgobernador, que cubriera la vacante del doctor Everardo Elizondo. Sólo el 23 de abril pasado designó a Manuel Sánchez González, hasta ese momento director de estudios económicos del banco español BBVA-Bancomer. El Senado no se ocupó del caso y debió hacerlo la permanente en mayo siguiente.

Quizá lo ocurrido con su nombramiento a Carlos Hurtado hizo que Calderón se escaldara al punto de no querer que el Senado se ocupe de las designaciones de miembros de la Junta de Gobierno del banco central, y preferir que lo haga la Comisión del receso. El ex subsecretario de Hacienda fue nombrado por Calderón subgobernador el 13 de febrero de 2007. Sea que, con apenas dos meses en la Presidencia no tuviera claro que tenía que cogobernar con el PRI, o que alguien faltara a su palabra, esa designación no fue aprobada, se dice que por reconcomios de Manlio Fabio Beltrones con Ernesto Zedillo, a cuya administración perteneció Hurtado. Tuvieron que transcurrir varios meses más para que se designara a Roberto del Cueto, en ese momento presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (a quien extrañamente, porque no tenía la experiencia en el ámbito específico que la ley requiere, Elba Esther Gordillo estuvo cerca de hacer presidente del IFE en octubre de 2003, en la coyuntura en que finalmente fue nombrado Luis Carlos Ugalde).

Ante la demora de Los Pinos, el presidente del Senado, Carlos Navarrete, declaró el martes 8 cerrado el plazo en que su Cámara podría recibir el nombramiento que hiciera Calderón. Éste, desdeñoso de la advertencia, tardó todavía 24 horas más en anunciarlo. Los senadores vacilaron entre sumar su irresponsabilidad a la del Presidente o admitir a trámite la decisión presidencial. Optaron por esto último, de modo que mañana lunes recibirán a Carstens y al día siguiente, al cierre de sus actividades de este año, aprobarán la designación. No dejaron, sin embargo, de hacer un extrañamiento al Presidente por su demora. Debieron hacerlo también por el desdén de suponer que tal aprobación se producirá de modo automático, suposición que lo llevó a nombrar al reemplazante de Carstens y al suplente del sustituto. A menos que con cachaza cínica se admita que la colaboración de poderes, expresa en el artículo 28 constitucional para la designación de quien gobierne el banco central, es mero adorno retórico, Calderón debió esperar la aprobación senatorial a su decisión y sólo entonces ajustar su gabinete.

La primera decisión que tomó el Presidente fue no designar a Guillermo Ortiz para un tercer periodo. El todavía gobernador del Banco de México, el primero con ese título y resultado de una aprobación senatorial (hasta 1998 quien encabezaba el banco de emisión era un director general y su nombramiento era exclusivamente presidencial), como Carstens ahora, transitó de la Secretaría de Hacienda, bajo el gobierno de Ernesto Zedillo, a gobernar la banca central, uno entre cinco miembros de su Junta de Gobierno. Tomó posesión el 1o. de enero de 1998 y lo prolongó, por decisión de Vicente Fox, a partir del primer día de 2004.

Se tenía noticia de la antipatía, enemistad y aun antagonismo entre Ortiz Martínez y Calderón, surgidos desde los tiempos del rescate bancario, cuando Calderón encabezaba el PAN y Ortiz era secretario de Hacienda, luego de que como subsecretario había tenido especial participación en la venta de la banca nacionalizada a particulares. Sus desencuentros más recientes ocurrieron el año pasado, cuando al comienzo de la crisis Calderón incurrió en la impertinencia de sugerir en público una reducción en las tasas de interés, competencia del Banco de México (que no las fija, puesto que hay mercado libre de dinero, sino las induce), a lo que Ortiz se negó. Igualmente difirieron en el cálculo del deterioro de la economía, el monto de su disminución, más acentuado en la perspectiva del Banco de México que en la del gobierno, todavía hoy impenitente portador de un optimismo que los hechos desautorizan.

Independientemente del juicio que sobre el desempeño de Ortiz tuvieran Calderón o el público en general, un factor a tener en cuenta en medio de la crisis mundial era la inoportunidad de aprovechar el fin de su periodo para sustituirlo, porque equivale a cambiar de caballo a la mitad del río, operación peligrosa cuando las aguas corren turbulentas. Sus tres lustros en la escena internacional, coronados por su elección en marzo pasado como presidente del Banco de Pagos Internacionales (una suerte de banco central de los bancos centrales), lo colocaban en una posición de gran peso en la toma de decisiones frente a la crisis en el mundo y en su relación con México. Aun si consideró ese factor, Calderón resolvió no seguir cogobernando la economía con un criterio ajeno y aun adverso al suyo y lo eliminó, subrayando su decisión con una alabanza a su desempeño que sonó a sarcasmo.

Promover a Carstens al lugar de Ortiz probablemente hubiera sido una buena noticia hace dos años. Pero no lo es después de su deficiente diagnóstico sobre la naturaleza y alcance de la crisis, del que se desprendieron vacilantes medidas para encararla. La combinación de esos desaciertos produjo el deplorable resultado de que la caída de la economía mexicana sea la más acentuada en el mundo y su abordamiento el peor de todos, según calificaciones autorizadas. De modo que, como tendrán que decirlo algunos senadores mañana y pasado, su nombramiento es un premio a su fracaso. Hay que decir, sin embargo, que en el pecado llevará la penitencia: el programa económico para el próximo año, cuya aprobación consiguió, generará efectos inflacionarios contra los que deberá combatir, pues una de las funciones centrales del Banco de México es procurar la estabilidad de precios.

Si no fuera un asunto tan serio, su reemplazo en Hacienda parecería una mala broma. Salvo quizá el caso de José López Portillo, ningún secretario de Hacienda llega al cargo tan ayuno de experiencia en las materias del ramo como Ernesto Cordero. Fue subsecretario de Egresos durante el primer año de esta administración y ya. Como actuario fue comprensible que en Banobras se ocupara hace seis años de administración de riesgos, pero ese otro antecedente en materias financieras no lo habilita para el manejo de la hacienda pública. Por supuesto hay que esperar a que su desempeño confirme o rectifique el pronóstico que su trayecto permite formular.

Su nombramiento, derivado de su amistad con el Presidente, suscitó especulaciones sobre su destino político, como si Calderón pudiera hacerlo candidato presidencial y aun presidente de la República con la misma facilidad que lo hizo ya dos veces secretario de Estado. Si en esa perspectiva situamos las designaciones, es claro que mayor experiencia y objetivos políticos que Cordero (absolutamente neófito en ese terreno) tiene su ahora compañero de gabinete, Heriberto Félix Guerra. Si hubo el miércoles pasado un lanzamiento a la contienda del 2012, su protagonista fue el hasta ese momento subsecretario para la pequeña y mediana empresa de la secretaría de Economía. Además de recordar que en 2004 fue candidato a gobernador de Sinaloa (y casi ganó la elección), y ahora es senador con licencia, bastaría ver el entusiasmo con que su ascenso al primer nivel del gobierno fue saludado por Concamin, Concanaco y Coparmex, "que en conjunto representamos a dos millones 983 mil unidades empresariales", seguras de que "con el mismo empeño y dedicación" con que actuó en Economía, "sabrá dar desde su nueva posición como secretario de Desarrollo Social lo mejor de sí mismo por el bien de México".

Me das miedo, Andrés Manuel

Alvaro Cueva
alvarocueva@milenio.com
Ojo por ojo
Milenio

Ahora sí me da miedo Andrés Manuel López Obrador. Él, que tanto se quejaba de que Carlos Salinas de Gortari era algo así como el poder detrás del poder, salió igual o peor.

¿Qué hizo Salinas de Gortari cuando Miguel de la Madrid habló de más? Movió las cabezas del PRI y, en cuestión de horas, todos se encargaron de acusar a don Miguel de no estar bien de sus facultades mentales.

¿Y qué hizo el señor López Obrador cuando Rafael Acosta Juanito regresó a Iztapalapa? Movió a Clara Brugada para que acusara a ese comediante de exactamente lo mismo, de no estar bien de sus facultades mentales.

Yo no sé si Carlos Salinas de Gortari le llame a Felipe Calderón o a los gobernadores de los estados y les ordene poner a su gente en las alcaldías.

Lo que sí me quedó muy claro es que algo hizo don Andrés Manuel con Marcelo Ebrard que, en lugar de consolidarlo como figura de autoridad, lo obligó a cumplir su capricho de darle Iztapalapa a Clara Brugada tras la delirante renuncia de Juanito.

Aquí la nota no es Rafael Acosta. ¿A quién le interesa este pobre personaje de color? La nota es Andrés Manuel López Obrador.

¿No se suponía que El Peje era una inocente víctima del sistema, sin poder ni autoridad, que sufría mucho y que andaba dando lástimas por diferentes puntos del país?

Oiga, pues qué bueno que es víctima y no villano porque si así, sin poder, sin autoridad, con tanto sufrimiento y dando lástimas por aquí y por allá, consiguió salirse con la suya en un tema que involucra muchísimos millones pesos y el futuro político de la capital del país, yo no quisiera saber lo que hubiera conseguido bajo otro esquema.

Es una infamia lo que está pasando aquí. Usted nada más acuérdese de todo el circo que El Peje armó cuando lo quisieron desaforar.

¿Bueno, qué no fue lo mismo que él le hizo a Juanito? No, ¿y qué me dice de lo que esto implica para el tribunal electoral, para el PRD, para el PT, para las elecciones y hasta para Clara Brugada?

Es como si todos los elementos de un sistema, del cual depende el destino de millones de personas como usted o como yo, fueran marionetas movidas al antojo del señor López Obrador. ¡Y tan lindo él! ¡Y tan humilde! ¡Y tan sencillo!

A mí sí me da pánico esta historia porque tanto se quejó don Andrés Manuel de ese asunto de los presidentes legítimos, los ilegítimos, los espurios, los “fecales” y los no sé cuántos, que repitió el modelo en Iztapalapa.

¿Clara Brugada es una delegada legítima o ilegítima? ¿Juanito es un espurio? ¿Espurio por qué? ¿Por órdenes de Andrés Manuel López Obrador?

¿El hombre que más se queja de los espurios es el mayor promotor de espurios en la capital del país? ¡Entonces de qué se queja!

¿No será que todo eso de los espurios es un cuento que él mismo se inventó para efectos de manipulación política?

Y ni modo que diga que hay un cerco informativo alrededor de Clara Brugada, de Rafael Acosta o Marcelo Ebrard porque tanta importancia se le ha dado en todos los medios a este asunto que por andar perdiendo el tiempo con ellos, no se le ha dado seguimiento puntual a otras noticias verdaderamente fundamentales para la vida de la nación.

¿Y qué opina de los bloqueos, de los plantones y de todas las acciones de ingobernabilidad promovidas por Clara Brugada? ¿Se van a quedar así? ¿Por qué? ¿Porque son las mismas que promueve López Obrador?

¿Ésas son las lecciones de esta historia? ¿Así es como se va a manejar el PRD en su carrera rumbo a la silla presidencial en 2012? ¿En diciembre de 2012 nos espera otro infierno como el de 2006 si no gana López Obrador?

No, pero no nada más le digo que ahora sí le tengo miedo a nuestro “presidente legítimo” por esto, sino porque, entre todo esto que usted y yo hemos visto y los magnicidios tipo Colosio, hay una distancia mínima.

Juanito será un pelele, pero la frase “amenazas de muerte” es completamente creíble en un contexto como el que usted y yo hemos presenciado en las últimas semanas.

¿Será posible que un hombre que ha navegado con la bandera de la bondad como Andrés Manuel López Obrador pudiera llegar a esos extremos con tal de salirse con la suya?

Si ése es el bueno, ¿cómo serán los malos? ¿Cómo serán los tiranos? ¿Cómo serán los mafiosos? ¿Cómo serán los que ejercen el poder detrás del poder? ¡Cómo!

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'Ley con gracia' por Paco Calderón