diciembre 29, 2009

El poder como forma de dominio

Maruxa Vilalta
Oasis
Excélsior

La capacidad de un individuo —por no llamarlo persona— o de un grupo de individuos para imponer su voluntad en contra de la voluntad de otros, con la alianza de medios —en las guerras con armas— capaces de causar daños a quienes se negaron a aceptar la imposición es una manera de ejercer el poder como dominio. Los daños que quienes dominan pueden causar a otros van desde la ruina económica, la pérdida del puesto o del empleo, de la reputación enlodada por la calumnia, la libertad intelectual y material y hasta pérdida de la vida.

Esto último en las guerras civiles causadas y manipuladas por un dictador con asesinatos de millones de personas. Pienso en el fascismo franquista de la guerra civil en España, (1936-1939) con el apoyo de los aviones de Hitler y Mussolini bombardeando a la población que huía por las carreteras. Y en otras más cercanas dictaduras en el mundo, entre ellas las de América Latina.

En algún otro artículo para Excélsior me referí al poder como coerción. Insisto ahora porque el poder como forma de dominio persiste.

El ciudadano está dominado —estamos dominados— por los partidos políticos, por sus dirigentes, sus integrantes, diputados que en varios casos ni siquiera terminaron estudios de secundaria, ambiciosos que no tienen ni nunca tuvieron ideales y siguen luchando por su propio beneficio. Ante esto el presidente Calderón trata de complacer a todos y con todos queda mal, recurre a la demagogia, apapacha, trata de mostrar optimismo en el que ya nadie cree y ha perdido a muchos seguidores. Acción Nacional, el partido, antes representante de la derecha y el conservadurismo, ahora más bien representa el fracaso. El PRI aspira antes que nada a recuperar el poder perdido. El PRD, o la izquierda, lamentablemente fracturada, desmenuzada en grupos y grupitos, ha perdido su fuerza. Aquella izquierda que le robaron a Cuauhtémoc Cárdenas y cuyos ideales —que los había— y fuerza no se han podido recuperar.

Y ahí va nuestro México, navegando con bandera de democracia, pero país en el que todos los partidos políticos tratan de imponer su poder y así obtener, no precisamente el bienestar, el dominio de la población.

En la historia de México, tan sometido a injusticias y dictaduras, no es la primera vez en que es devoradora la lucha por el poder.

A la fecha la imposición del poder se deja ver no solamente en la amenaza implícita o explicita al ciudadano sino también en la manipulación de información . Y en las “reuniones” que en la burocracia de las instituciones gubernamentales tanto agradan a los funcionarios que tienen entre dos y tres secretarias, frecuentemente mediolíngües, para informar que “el licenciado”, o “la licenciada”, “está en reunión”.

Así el burócrata deja de atender al ciudadano y aprovecha la “reunión” para manipular la orden del día en asambleas donde podrían discutirse peticiones de quienes se niegan a ser dominados y para eludir técnicas apropiadas de debate colectivo que puedan contradecir a quien ejerce el dominio. Con lo cual la ganancia podrá ser doble para los que “protegen” al que ejerce el poder y esperan ser recompensados.

En suma, manipular el orden del día de asambleas y consejos para que en ellos no se pueda incluir el tema político ni la posibilidad de manifestar oposición y sustentarla hasta hacerla objeto de discusión.

Navegamos en México con bandera de democracia, pero son muchos los que a la democracia anteponen el beneficio personal. Así las cosas, el poder como forma de dominio es uno de los factores fundamental de la estratificación social.

El presidente Calderón trata de complacer a todos y con todos queda mal.

La cigarra

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"Cantó la cigarra durante todo el verano, retozó y descansó".
Jean de La Fontaine

Érase una vez una cigarra que cantaba en el verano. Retozaba y jugaba y volvía a cantar con alegría. El cálido clima del verano parecía extenderse por un tiempo sin fin.

Su vecina, la hormiga, no dejaba mientras tanto de trabajar. Tenía miedo al invierno que tarde o temprano habría de llegar. Reunía hojas y granos y acondicionaba su vivienda para sobrevivir el más inclemente de los climas.

La cigarra se burlaba. ¿Para qué desaprovechar los tiempos soleados y cálidos en un trabajo que dejaba sólo la frente perlada de sudor? La hormiga, sin hacer caso de las burlas, continuaba su trabajo.

Pero el clima empezó a cambiar. Las temperaturas pasaron a ser frescas y después se volvieron francamente frías. Los árboles perdieron las hojas. Los campos se secaron. No había ya granos ni hojas que recoger.

La hormiga se preparó a pasar el invierno en el calor de la cómoda morada que había construido en cuya alacena había una gran cantidad de granos y hojas. La cigarra, en cambio, empezó a pasar hambre y frío.

Una mañana la cigarra tocó a la puerta de la hormiga. Le pidió alimento que le permitiera sobrevivir a la inclemencia del clima. "Y ¿qué hacías tú cuando el tiempo era cálido y hermoso?", le preguntó la hormiga. La cigarra contestó con sinceridad: "Yo cantaba y bailaba todo el tiempo". La hormiga respondió: "Pues canta y baila ahora".

La historia habría terminado así en otros tiempos, en otros países. Pero esta cigarra y esta hormiga vivían en un país llamado México.

La cigarra empezó a organizar manifestaciones para protestar por la riqueza de la hormiga. Su acaparamiento de los víveres, decía, era la fuente de la pobreza de la cigarra. Con otras compañeras, montó un prolongado plantón en la avenida principal del reino, el llamado Paseo de la Reforma.

El rey, una cigarra electa por mayoría popular, empezó a indagar las razones de los plantones. Le pareció también injusto que la hormiga tuviera tanto y la cigarra tan poco.

Ordenó así expropiar el 30 por ciento de todo el grano almacenado por la hormiga. Él mismo se quedó con el 20 por ciento, que revendió para acrecentar su fortuna, y entregó el otro 10 por ciento a la cigarra. Dio además instrucciones para que la hormiga construyera una casa para la cigarra o, de lo contrario, perdiera la vivienda que tenía, la cual sería entregada a la cigarra por razones de justicia social.

La hormiga protestó y acudió a los tribunales; pero éstos, amedrentados por el rey, fallaron a favor de la cigarra.

Al año siguiente la hormiga se fue del reino y se estableció en otro muy lejano. Las cigarras la acusaron de evadir impuestos y de sacar sus capitales, por lo que confiscaron todas sus propiedades y las de todas las demás hormigas. Pronto todas emigraron del reino para unirse a la primera y con su trabajo edificaron una comunidad de gran prosperidad.

El rey festejó la salida de las hormigas como un acto de liberación nacional y prometió a las cigarras que su vida sería diferente a partir de ese momento. Ya no habría más hormigas que, con su codicia y afán de lucro, empobrecieran a las cigarras. De ahora en adelante todo sería prosperidad y las cigarras compartirían a partes iguales la riqueza del reino.

En el verano las cigarras cantaron y bailaron. Meses después llegó el invierno, más crudo que de costumbre, y el hambre y el frío acabaron con las cigarras. En esta ocasión no hubo grano que pudieran quitar a las hormigas para alimentarse.

MÁS GASTO DE GOBIERNO

Los mexicanos seremos más pobres en el 2009, pero los gobiernos siguen gastando cada vez más. El gobierno del Distrito Federal tendrá en el 2010 su mayor presupuesto de gasto de la historia: 129,433 millones de pesos. El gobierno federal tendrá el tercero jamás registrado: 3 billones 176 mil millones de pesos. Si el gasto gubernamental generara prosperidad, hace mucho que seríamos uno de los países más ricos del mundo.