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enero 05, 2010

Dos desfiles

Federico Reyes Heroles
Reforma

Ya no tienen que combatir a los realistas, tampoco romper el vínculo con una monarquía poderosa. No serán perseguidos por el vasto territorio que recorrieron los héroes patrios en huida por momentos interminable. La conspiración ya no es necesaria, coincidencias y diferencias pueden ventilarse a la luz de día, quizá en exceso. No estaría mal que se reunieran en privado para avanzar en acuerdos. Deberían hablar menos a la prensa y más entre ellos. No tienen que formar ejércitos para encarar a las fuerzas imperiales. Se encuentran en un territorio integrado en lo general, comunicado, en que a diario damos por supuesto poder trasladarnos del sur al norte en unas cuantas horas.

No tienen que esperar largas semanas o meses para conocer las respuestas de aliados u opositores. Pertenecen a un país reconocido por la comunidad internacional, la doceava economía del mundo, con decenas de representaciones diplomáticas, un país que participa en el Consejo de Seguridad de la ONU, que ha firmado una lista de tratados comerciales, incluido uno con la mayor potencia del mundo. Cuándo hubieran soñado Hidalgo, Morelos o Allende un escenario así. Por más que nos quejemos hoy en este país hay 32 entidades con congresos locales, con poderes judiciales establecidos. Las disputas territoriales entre estados, si bien no han desaparecido, por momentos parecieran anecdóticas. El territorio nacional está básicamente poblado. Los planes de colonización son algo del pasado. No estamos a la espera de invasiones extranjeras propiciadas por el apetecible escenario de un Estado inexistente.

Tampoco tienen que deshacerse de la longeva dictadura de un personaje que llegó a tener todos los hilos de la conducción nacional. Hoy el poder está dividido en el territorio nacional y dentro del territorio en poderes y aún más con la participación de varios partidos. La lealtad de las Fuerzas Armadas a las instituciones es algo que damos por sentado, ni asonadas ni cuartelazos. Difícil pensar que la Ciudad de México sea tomada más allá de lo simbólico. Es inconcebible el asesinato de un senador después de mutilarlo para lograr su silencio, menos aún que el Legislativo sea cerrado. La prensa puede sufrir hoy las presiones brutales de los narcotraficantes, pero nadie podría siquiera imaginar que un gobernante pudiese callar a los medios. Qué hubiera dado Madero por tener el respaldo de una población en la cual sólo alrededor del 10% es analfabeta y no como en sus tiempos en que 90% vivía en esa condición. Mal que bien la cultura democrática hoy es mucho más amplia.

Qué hubiera dado el Apóstol de la Democracia por contar con un IFE o un TEPJF, con la participación de más de un millón de ciudadanos cada tres años en la conducción inmediata de las elecciones. O vivir en un país electrificado en el 97% en el cual se puede transmitir una convocatoria nacional a través de los medios sin tener que huir a Estados Unidos para sobrevivir. México hoy es otro. Quizá de ahí la desesperación ciudadana frente a la pequeñez de nuestra clase política. Lo más patético es la inmovilidad. Sabemos de las enormes injusticias, de la necesidad de fomentar inversión y empleo, de la baja recaudación no petrolera y sin embargo legislaturas entran y salen y son incapaces de lograr una nueva estructura fiscal en beneficio de todos. Ejemplos internacionales hay muchos. Esa información tampoco existía hace un siglo, menos dos. Ya no es asunto de la composición de las Cámaras, es cuestión de miopía patriótica. Ellos son los responsables de que la desigualdad se perpetúe, de que no se generen los empleos necesarios, de que cientos de miles de mexicanos tengan que abandonar a sus familias y cruzar la frontera norte. Mirados en retrospectiva desde el 2010, los retos de hoy parecieran muy menores. Fallan entonces los mexicanos.

Tampoco pareciera imposible terminar con la asfixia que está matando a la principal empresa nacional. Qué hubieran dado Carranza y Obregón por contar con ese activo. Y sin embargo los legisladores son incapaces de ponerse de acuerdo para inyectar nueva vida a ese motor del desarrollo. Por supuesto que cada reforma de fondo traerá problemas, Luz y Fuerza es el ejemplo más cercano. La imprescindible reforma laboral va a afectar intereses que lesionan a la nación en su conjunto. Pero para eso están los legisladores, para mirar por el país, independientemente de sus cálculos partidarios o personales. Qué van a pensar los jóvenes mexicanos en este 2010 cuando se les recuerde el desfile de grandes héroes que construyeron en plena adversidad a este país, adversidad que hoy no podemos ni imaginar. Pero también mirarán el otro desfile, el del presente.

En Calderón, Nava, Madero, Vázquez Mota, Paredes, Beltrones, Rojas, entre otros, se concentran hoy las grandes decisiones del futuro. ¡Qué oportunidad! México ha sido muy generoso con ellos. Es hora de que piensen en grande y busquen un lugar en la historia, en la de fondo.