enero 19, 2010

No son inextinguibles

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Los oficios de las personas se reparten muy claramente en las sociedades: algunos individuos son médicos, otros laboran de albañiles, otros más trabajan en la morgue o de curas o de enfermeros o de arquitectos o de músicos, etcétera. Los hay, curiosamente, que deciden ser criminales. La sicología ha estudiado la mente de estos últimos y los sociólogos intentan determinar las causas de tan extraña vocación: los delincuentes sufrieron, por lo visto, el maltrato de una mala madre o provienen de una familia fundamentalmente desestructurada; pueden, también, pertenecer a esa aterradora subespecie conformada por los “antisociales”, es decir, sujetos que, en esencia, no saben distinguir entre el bien y el mal (y así, no experimentan sentimiento alguno de culpa cuando matan a un tercero o le cortan una oreja al hijo del empresario extorsionado).

El asunto, señoras y señores, es que cierto porcentaje de la población está conformado por individuos peligrosos. En toda sociedad hay manzanas podridas. Pero, a pesar de esta inquietante constatación, podemos también preguntarnos por qué un simple ciudadano que podría terminar tranquilamente su carrera universitaria o trabajar de vendedor en un gran almacén, decide de pronto incorporarse a las filas del crimen organizado. La cuestión es importante en tanto que vemos, todos los días, a decenas de ejecutados en las escaramuzas que escenifican las bandas rivales y, encima, constatamos que los grandes capos mafiosos no acaban sus carreras sentados apaciblemente frente a la chimenea sino que van a dar a la cárcel, tarde o temprano, o son ejecutados a balazos.

Los que cuestionan la guerra que el Estado mexicano está librando contra el narcotráfico afirman que nunca se logrará neutralizar —o exterminar— a todos los criminales. Surgirán, en todo momento, nuevos jefes y nuevos operadores. Esto es lo mismo que decir que la cantera de delincuentes en este país es inagotable. No lo creo. Y, en todo caso, más vale comenzar por alguna parte en vez de dejar las cosas como están.

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