enero 19, 2010

Ruptura histórica o regreso al pasado

Ricardo Pascoe Pierce
Analista político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

En México enfrentamos la posibilidad del retorno del PRI a la Presidencia sin que haya efectuado una autocrítica mínima.

La victoria electoral de Sebastián Piñera en su campaña por la Presidencia de Chile tiene una significación especial para México. Esa significación no proviene del hecho de que nuestro país fuera refugio para miles de chilenos que huyeron de la dictadura militar. Y tampoco por el hecho de que México es gobernado actualmente por un partido cuyas raíces encuentran confluencia en las raíces ideológicas de los partidos que dan sustento a la candidatura presidencial de Piñera, por lo que sería lógico suponer alguna afinidad entre ambos presidentes, el mexicano y el chileno recién electo.

No: la significación/similitud viene por otro lado. Viene de los oscuros procesos a través de los cuales los pueblos deciden retornar sobre sus pasos para, en conjunto con factores económicos, políticos, sociales y subjetivos, devolverle el poder político a quienes, por razones también entendibles, lo perdieron en otro momento. Esto no refiere sencillamente a la alternancia en el poder, pues ello es factor fundamental en toda sociedad democrática que ejerce elecciones libres. Lo harto peculiar de la alternancia chilena es que tiene la mirada puesta en el pasado con rasgos de perdón o frustración hacia el régimen autoritario que se vio obligado a abandonar el poder.

La elección de Piñera constituye un cambio, sí. Pero uno que incluye una redefinición hacia el pasado reciente de la dictadura militar de Pinochet. No hablo del desgaste de la Concertación, de sus errores ni de sus divisiones, todo lo cual contribuyó a la victoria de Piñera. Lo significativo es que no hay, en el discurso del nuevo Presidente chileno, un reconocimiento de los errores de gobierno y de concepción de los años de dictadura militar. En un sentido de lógica formal, podría decirse que el nuevo gobierno regirá los destinos del país con las mismas concepciones y programas que inspiraron a los militares, nada más que ahora desde lo civil.

En México enfrentamos la posibilidad del regreso del PRI a la Presidencia de la República sin que haya efectuado una mínima autocrítica de sus prácticas y métodos de gobierno y somos, además, testigos de cómo sus gobernadores rigen los destinos de su respectivos estado con esa componenda de corporativismo, uso de recursos públicos y cooptación de medios locales. Lo que parecería estar en puerta es una reacción electoral similar a la chilena: perdón por los pecados anteriores a cambio de la resolución de los problemas del país.

En tiempos de crisis global, es posible que la reacción electoral de las mayorías sea comprensible. Hasta el fenómeno apocalíptico haitiano es terreno para fermentar las más básicas actitudes de los pueblos, sencillamente por el terror que infunde. Pero el hecho de aceptar al PRI de regreso al poder, sin una autocrítica de su método de gobierno, puede convertirse, en breve, en un error de consecuencias incalculables para la estabilidad política y social del país.

Tanto Piñera como el PRI deberán aprender a hacer una ruptura histórica con su pasado. De no hacerlo, podemos tener la certeza de que su forma de gobernar se asemejará a lo que fueron las prácticas de sus antecesores. Y la historia se repetirá.

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