febrero 23, 2010

Evo, chamaqueado en Coyoacán

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Ante la nutrida concurrencia de nativos amistosos que lambisconeó a Evo Morales con la entrega del bastón de mando (en nombre de “los representantes de los grupos indígenas de la Ciudad de México”), el presidente boliviano, conmovido, lanzó estas palabras de aliento:

“¡Mucha fuerza, hermanas y hermanos mexicanos; pronto México se liberará…!”.

Ignorante de que Bolivia tiene una población autóctona mayoritaria (60 por ciento entre quechuas, aymaras, guaraníes y mojeños), el tlatoani de Coyoacán, Raulóyotl Floresacatzin, elogió a Evo por lo que supone ha hecho a favor “de las minorías”.

La explicable ausencia de aborígenes de Azcapotzalco, Tlacopan, Iztapalapa y otros señoríos prehispánicos o, de perdida, criadas y criados de la gente chic del Coyoacán real (vamos, ni siquiera se paró ahí Cirotzin Gomitzin Leyvaxúchitl), fue compensada por los panchosvilla y activistas del SME, de Atenco y del PRD.

“¡Aguas con las tribus mexicas!”, debió advertirle alguien a Evo para no exponerlo a tan grotesca chamaqueada.

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