marzo 30, 2010

Torcer la ley

Jorge Alcocer V.
Reforma

Más allá de los juicios que han merecido sus propuestas concretas, los participantes en el debate hemos saludado que el presidente Felipe Calderón haya enviado al Senado su iniciativa de reforma política, igual saludo merecen las presentadas por el PRD y sus aliados, las del PRI, en ambas Cámaras, y la suscrita por los senadores del PAN. Las propuestas ensanchan el horizonte del análisis.

En ese sentido, cabe saludar que el gobernador Enrique Peña Nieto haya puesto por escrito su propuesta en un tema crucial, la integración de las Cámaras del Congreso (El Universal, 16/03/10). Definir el objetivo de ese cambio ayuda a la comprensión de las alternativas que están sobre la mesa; el del gobernador mexiquense es la formación de mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Para tal efecto sugiere cualquiera de dos vías: eliminar el tope a la sobrerrepresentación, fijado desde 1996 en ocho puntos porcentuales, o volver a una cláusula de gobernabilidad como la establecida en 1986, eliminada una década más tarde.

Para evaluar esas propuestas, veamos los efectos que habrían provocado en la elección de diputados federales de 2009. Con el 36.9% de la votación emitida el PRI ganó 184 distritos; al hacer el cálculo respecto a la votación efectiva, el PRI aumentó al 39.5%; sin el tope a la sobrerrepresentación hubiese obtenido, grosso modo, 79 diputados plurinominales, para un total de 263 curules, el 52.6% de la Cámara; mayoría absoluta. Ese resultado habría significado una diferencia entre porcentaje de votos (36.94) y porcentaje de curules (52.6) de 15.66 puntos, que significan el 42.6% de la votación real del PRI. Visto desde otro ángulo, los demás partidos, que en conjunto sumaron el 63.1% de los votos emitidos, habrían contado con 237 curules, el 47.4% del total en San Lázaro.

Si hubiese existido la cláusula de gobernabilidad, para dar al partido con al menos 35% de los votos la mitad más una de las curules (251) el PRI habría recibido 67 diputados plurinominales; la diferencia entre porcentaje de votos y de curules habría sido de 13.3 puntos porcentuales, que significan el 36% de sus votos reales.

En ambos casos, el objetivo de la mayoría absoluta se habría alcanzado con una distorsión mayúscula de la voluntad de los electores. Podemos coincidir en que, dentro de ciertos márgenes, la norma legal puede favorecer la formación de mayoría absoluta, como de hecho está previsto desde 1996, pero lo que no es democrático es torcer la ley a grado tal que pase por alto la soberanía del voto.

Tanto Peña Nieto como los autores de la iniciativa del PRI en San Lázaro han dejado de lado que la forma de integración de la Cámara de Diputados, desde 1986, se apartó radicalmente del modelo instaurado a iniciativa de don Jesús Reyes Heroles, a partir de la condición entonces hegemónica del PRI. Las 100 curules plurinominales fueron ideadas, en 1977, para abrir espacio a la representación de las minorías. Cuando los plurinominales aumentaron a 200 y el PRI entró al reparto de los mismos, el modelo cambio por completo. Ya no se trataba de dos compartimentos estanco, uno casi exclusivo para la mayoría apabullante, y el otro reservado a las minorías, sino de un sistema mixto que, tendencialmente, debía reflejar en curules el porcentaje de votos obtenido por cada partido.

La cláusula de gobernabilidad, que permitía una sobrerrepresentación de hasta 15.2 puntos, fue ajustada en 1996 para fijar el límite en ocho puntos. Eso fue parte de los acuerdos aprobados por unanimidad en ambas Cámaras. Siempre será posible reformar la Constitución, pero la pregunta es para qué y en beneficio de quién.

Parece imposible que la propuesta comentada genere el acuerdo para su aprobación en el Congreso, en donde requiere del voto de las dos terceras partes; pero aún en la hipótesis contraria, queda por resolver la integración del Senado, que desde el 2000 carece de mayoría absoluta.

Además de olvidar la historia, la obsesión por la mayoría deja de lado las ventajas que a México trajo el pluralismo, empezando por desterrar -aunque subsistan islotes de radicalismo- la invocación de la violencia como medio para los grandes cambios. Y eso no es poco.

Legionarios: la otra farsa

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

Construyó la Legión con prácticas diabólicas. El escándalo alcanza hasta a Juan Pablo II

Acaso movidos por la reflección que obliga la temporada, no pocos de quienes durante décadas se negaron a reconocer “La Bestia” que ocultó Marcial Maciel, hoy se dicen aliviados de la conciencia porque en un gesto de suprema generosidad, los Legionarios de Cristo expresaron un mediático “mea culpa”, sobre los pecados de su fundador.

Aceptaron lo que siempre callaron, reconocieron lo que todos sabían y ofrecieron un perdón en el que nadie o muy pocos creen. Pero lo grave —y por ello paradigmático—, es que los abusos que cometió durante muchos años “La Bestia”, no eran una novedad para la jerarquía católica mexicana y de Roma, sino que las perversiones fueron y acaso siguen siendo una práctica reproducída en todo el mundo católico: Estados Unidos, Irlanda, Alemania, México, España...

El escándalo es tal ante lo apabullante de las evidencias —de que en México y Roma solaparon a pederastas y pedófilos hoy impunes—, que todo los indicios apuntan a la puerta del despacho papal. El mismísimo Benedicto XVI aparece como presunto encubridor de violadores de niños, en algunos casos de sordomudos. La repercusión es tan sonora, que hará saltar de su tumba a Juan Pablo II, el Papa polaco querido por millones, y que a la luz de las revelaciones no pudo ser ajeno al cisma que hoy sacude a la iglesia católica.

Algunos especialistas dicen que la crisis es tal, que se puede hablar, incluso, de una iglesia católica romana de antes de los escándalos y otra después de la crisis que desataron. Resulta claro que otros —casualmente los mismos que negaron los abusos de “La Bestia”—, sostienen que la milenaria institución ha resistido ese y otros terremotos, y que saldrá avante de este nuevo escándalo.

Y será el sereno, pero por lo pronto en el caso mexicano nadie o muy pocos creen en los hipócritas golpes de pecho de Los Legionarios de Cristo. ¿Por qué?. Elemental, porque todos los que hoy han salido a reconocer lo que era “La Bestía”, siempre lo supieron; siempre conocieron la verdad, pero siempre la callaron. ¿Por qué siempre guardaron silencio? Porque más que católicos, creyentes o practicantes, eran negociantes de la fe. Buena parte de los jerarcas, jefes y directivos de todas las empresas e instituciones de La Legión, son los mercaderes echados del templo hace más de dos mil años.

Aún así, abundan los que proponen “comprender” a Maciel, entender no sólo la doble moral, la vida de caleidoscopio con que engañó a católicos de todos los niveles, jerarquías y condiciones políticas y económicas, porque dicen que “fue el instrumento del altísimo” para la magna obra, como si frente a “la obra de la legión”, fuera menor el daño a uno sólo de los niños abusados. Y fueron cientos.

En efecto, la obra de La Legión es monumental. Pero toda esa obra se edificó sobre las piedras de lo que entre los católicos es el pecado. Son escandalosos los hechos contrarios a los deberes fundamentales de los cristianos. Es decir, “La bestia” vivió a partir del engaño, la corrupción, perversión y doble moral; sobre la triple vida, el chantaje y, según versiones nada descabelladas, complicidad con presuntos socios del crimen organizado.

Dicen los actuales jerarcas de Los Legionarios —en lo que parece una nueva farsa—, que piden perdón a los agraviados en todas las modalidades del engaño, “porque no se supo escuchar” en su momento ya que dudaba de la veracidad de las acusaciones denunciadas desde hace por lo menos dos décadas. La pregunta obliga. ¿De verdad creen que los ciudadanos son retrasados mentales, y que los católicos se chupan el dedo?

Más que “no saber escuchar” lo que ocurrió es que “no se quiso escuchar”. ¿Por qué? Porque para la iglesia católica mexicana, para El Vaticano, para importantes sectores empresariales, La Legión era una de las más importantes empresas y fuente de recursos económicos para los católicos mexicanos y del mundo, para Roma, en momentos de crisis económica. ¿De verdad no sabían lo que era “La Bestia”? Eso nadie lo cree, sobre todo luego de los votos de silencio a que los obligó “La Bestia”. Luego que era un secreto a voces que plagió sin vergüenza alguna el libro de cabecera; El Solitario de Mis Días.

Más bien parece que ante el escándalo mundial de los sacerdotes católicos abusadores, ante la nueva crisis que vive Roma y su pastor, de nueva cuenta Los Legionarios entraron al quite para salva la imagen de la institución apostólica. En realidad son muchos los indicios de que Los Legionarios actúan como “control de daños” de una crisis que vive Roma. Y con ese favor, volverán a alcanzar el perdón. Pero lo cierto es que la Iglesia católica mexicana, y la del mundo, no será la misma antes y después del escándalo de Maciel; antes y después de la crisis que vive Benedicto XVI.

EN EL CAMINO

Ahora en Durango, nueva masacre que se acredita a los narco. Existe alguna duda sobre el poder del crimen organizado.

El enigma de Paulette

Francisco Garfias
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

Paulette Gebara Farah, la niña extraviada hace más de una semana, nos remite al caso de la británica Madeleine McCann en un centro vacacional de Portugal, en 2007. Las dos tenían cuatro años. Las dos desaparecieron misteriosamente. No se forzaron chapas, no se rompieron puertas. No hay nada que indique un acto de violencia o que pudiera indicar la presencia de un intruso o un secuestrador.

El caso de la niña mexicana es por demás enigmático. Los vecinos del edificio Porto Vita 2, de Interlomas, en el municipio de Huixquilucan, donde vivía Paulette, son formales. Ningún familiar o extraño hubiera podido introducirse al lugar, a menos que los dueños lo permitieran. Hay llaves inteligentes para los departamentos, hay cámaras de seguridad. No pudo evaporarse así nomás.

La desaparición se produjo la madrugada del lunes. Paulette, su hermana y su papá, Mauricio Gebara, habían regresado, el domingo, de Valle de Bravo. Su madre, Lisette Farah, no estaba con ellos. Había salido de viaje con una amiga. Para cuando regresaron, ella ya estaba en casa. Cuenta que arropó a sus hijas y las acostó. Al siguiente día, Paulette no estaba en su cuarto. Había desaparecido. La niña, por cierto, padece discapacidad motriz y de lenguaje.

Sorpresivamente, la PGJEM solicitó ayer el arraigo de los padres. Su titular, Alberto Bazbaz, reconoció que ambos cooperan, pero aclaró que hay inconsistencias en sus declaraciones, que han impedido conocer la verdad de lo sucedido. Un paso audaz, sin duda, el de Bazbaz. Puede costarle la chamba, si se equivoca. “Seguramente el procurador tiene datos adicionales que el juez valoró para otorgar el arraigo”, comentó una voz autorizada del Estado de México.

La voz hizo notar que hay elementos que llaman la atención. “No hay forzamiento de puertas ni señales de violencia ni llamada para pedir rescate. La madre, que dijo siempre estar atenta a sus hijas, esa noche, curiosamente, se quedó profundamente dormida. La versión es inverosímil y absolutamente contradictoria con la realidad. No hay que olvidar que la tutela absoluta la tienen los padres”, puntualizó.

* * *

Javier Lozano Alarcón está consciente de que los cambios que propone la reforma laboral presentada por el PAN son demasiados y no fáciles de asimilar “de un solo golpe”. Pero, eso sí: el secretario del Trabajo está convencido de que las críticas que se le han hecho a la propuesta de ley no tienen fundamento.

Ni se toca el 123 constitucional ni se pone en riesgo el derecho de huelga. Tampoco se trata de contratar empleados baratos o de otorgar salarios castigados. Mucho menos que se cambien “cuentas de vidrio por valores de oro”, como lo asevera Enrique Larios, presidente del Colegio de Profesores de Derecho de la UNAM.

“Sería bueno que primero leyeran la iniciativa para, entonces, criticarla. Salvo que amplían sus argumentos, lo que dicen no lo veo reflejado en esta iniciativa que busca facilitar el acceso al mercado formal de trabajo con nuevas modalidades de ingreso, como son el contrato a prueba —con capacitación inicial o de temporada, y con goce de salario—, aumentar la productividad a partir de esa capacitación, tipificar como delito la explotación infantil; acabar con huelgas eternas y con juicios artificialmente prolongados, y más.”

* * *

En los últimos días han circulado en internet centenares de mensajes de padres inconformes con la ley que establece el uso obligatorio del transporte escolar en el DF (Prote), supuestamente implementado para controlar la contaminación. Los quejosos piden, suplican, que se les escuche. De entre muchísimos mensajes, escogimos el de una madre de nombre Nancy Z. Sánchez López, que sintetiza el sentir del grupo de padres:

“Las condiciones económicas, sociales y de seguridad no son las propicias para cumplir dicha ley. Por lo menos no en la forma en que el gobierno pretende que se realice… no se está en contra del cuidado del medio ambiente, pero sí en contra de medidas mal planeadas y orientadas a cargarle la mano a los que ya no podemos con el peso de este denso costal llamado impuestos, incrementos, burocracia, corrupción y negligencia de nuestros gobernantes.”

* * *

Nos vamos de vacaciones. Nos leemos aquí el 6 de marzo.

Periodistas

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Por casualidad, y por fortuna, pude estar la semana pasada en la Universidad de Texas, en la primera sesión de un seminario donde periodistas estadunidenses y mexicanos, que cubren el narco en ambos lados de la frontera, hablaron de su experiencia.

Fue en la ciudad de Austin, en Texas. Yo había ido a dar una conferencia de historia sobre el bicentenario y fui invitado al día siguiente a la sesión de periodistas, a la que, por desgracia, no pude asistir sino la mañana del viernes.

Había periodistas de los grandes diarios mexicanos y estadunidenses, editores y reporteros de diarios y noticieros de la frontera, académicos, relatores y colados, como yo.

La sesión, de la que se publicará un informe a su debido tiempo, era por lo pronto convenida off the record para facilitar los intercambios. Esto explica que la nota que escribo a continuación, y la que escribiré mañana, no incurran en mayores detalles sobre quién dijo qué, y de parte de qué medio.

Los periodistas presentes resumieron su trayectoria y sus preocupaciones básicas en una ronda variopinta pero luminosa.

Aprendí de un golpe la diferencia brutal que hay, para efectos de cubrir el narco, entre ser corresponsal extranjero, ser “corresponsal nacional extranjero” (el que cruza la línea cada día y reporta para medios del lado estadunidense), ser enviado de la Ciudad de México a cubrir un asunto a la frontera y ser periodista local de la ciudad fronteriza bajo asalto del narco.

La diferencia fundamental entre este último espécimen y los otros es que el periodista local no tiene protección alguna contra las amenazas del narco, ni puede tenerla.

Cuando recibe una llamada amenazante o amigable del narco para que se calle ciertas cosas, no tiene más que dos opciones: callar lo que le piden o jugarse la vida, con la certidumbre de que, más temprano que tarde, perderá la vida o será sometido a una violencia intolerable, contra la cual no tiene protección. Ni puede tenerla.

Me conmovió particularmente el hecho de que hubiera un periódico fronterizo donde la junta editorial de cada día estuviera dedicada a decidir lo que no podían publicar, pues hacerlo era riesgo de muerte o
violencia inaceptable contra el periodista o contra el medio.

Me conmovió también la indefensión absoluta frente a las amenazas de los narcos una vez que éstos llaman a la redacción, o al periodista, o al dueño, y le dicen: “Sabes qué, tenemos que hablar”.

Lo que sigue de ahí es simplemente el silencio o la vida. Y, sin embargo, el periodismo sigue.

Chichén Itzá, propiedad de los mexicanos



Daniel Barquet y Leticia Sánchez
Milenio

Fueron pagados 220 mdp a uno de los herederos de la familia Barbachano.

Mérida y México.-
La zona arqueológica de Chichén Itzá es ya propiedad de los mexicanos, luego de que el gobierno de Yucatán compró la tarde de este lunes 83 hectáreas a un costo de 220 millones de pesos al hasta ayer propietario Hans Jurgen Thies Barbachano, uno de los herederos de la familia Barbachano, quien durante décadas tuvo la propiedad legal de la zona.

Con esta firma del convenio de compra-venta, el Patronato Cultur, que dirige Jorge Ezma Bazán, cierra años de litigio y polémicas, que se agravaron cuando en 2004 la Suprema Corte de Justicia de la Nación ratificó que la zona era propiedad privada.

Del total de tierras adquiridas por el gobierno de Yucatán, 45 hectáreas corresponden al área central de una de las capitales más importantes del mundo maya prehispánico, donde se localizan, nada más y nada menos que la pirámide de Kukulcán —designada hace un par de años como Nueva Maravilla del Mundo—, el juego de pelota, el Templo de los Guerreros, el Cenote Sagrado, el cenote Xtloc y el observatorio conocido como El Caracol, es decir, todas las estructuras conocidas y que están abiertas al público.

Tras la cesión de derechos de los terrenos, que no generará impuestos, Thies Barbachano, conservará algunas hectáreas, las que corresponden al hotel Mayaland, desde donde se aprecia el observatorio maya, ya que se localiza a unos metros de la zona arqueológica.

La operación histórica fue finiquitada y con ello se logró que no se declarara la expropiación por parte del gobierno federal, como en algún momento de manejó, aclaró a MILENIO Jesús Rivero Covarrubias, coordinador general de Comunicación Social del gobierno de Yucatán. “Lo que compramos fueron los terrenos, no los monumentos que son propiedad de la nación”.

¿Eso significa que podrán hacer más conciertos como los de Elton John?

“Para hacer ese tipo de espectáculos se necesita permiso de la Secretaría de Educación Pública. La propiedad de los terrenos lo que garantiza es la certeza jurídica para controlar el acceso a la zona arqueológica, enfrentar el problema de los ambulantes y solucionar los conflictos con los artesanos.”

Asimismo, se espera que esto sea detonante de acciones para el desarrollo del turismo en el estado, además de influir en el de las poblaciones cercanas, planear nuevas vías de acceso, así como ayudar en el desarrollo del aeropuerto de Kaua, que a varios años de distancia, aún permanece subutilizado.

En pro de la conservación arqueológica

De acuerdo con datos del INAH, en México existen más de 39 mil zonas arqueológicas, de las cuales 173 están abiertas al público y el gobierno federal es dueño de seis: Palenque, Tulum, Teotihuacan, Cacaxtla, Cholula, el Templo Mayor y una parte de Tlatelolco. Las demás se encuentran en terrenos estatales, municipales, comunales, ejidos o en propiedad privada, como era el caso de Chichén Itzá.

Respecto a los terrenos propiedad de los gobiernos de los estados o municipales, se tienen registros de las zonas arqueológicas de El Tajín, Plazuelas, Tamtoc y Monte Albán, a los que a partir de ahora se suma Chichén Itzá.

El gobierno de Yucatán aseguró que con la adquisición de los terrenos de la zona arqueológica considerada una de las principales capitales del mundo maya, traerá innumerables beneficios, toda vez que continuarán los convenios con autoridades del INAH para coadyuvar en la conservación del patrimonio arqueológico y los asentamientos prehispánicos.

La adquisición de los terrenos permitirá continuar con el cuidado, desarrollo y crecimiento de Chichén Itzá como uno de los más grandes atractivos del mundo, reconocidos por la UNESCO. Aunque el gobierno de Yucatán sea el propietario de los terrenos de la zona arqueológica, los vestigios están protegidos por las leyes federales y por el INAH.

Julio Castrejón, vocero del Instituto Nacional de Antropología e Historia, dijo que esta transacciónes un logro a favor de la arqueología y la preservación del sitio.

Esta operación de compra-venta se da a escasos días del concierto del cantante inglés Elton John, programado para este sábado, espectáculo que ha acaparado la atención del público a escala internacional.

Chichén Itzá anteriormente ha sido sede de los conciertos de Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y, más recientemente, de Sarah Brighman.

marzo 29, 2010

Las seis guerras de México

Andrés Oppenheimer
El Informe Oppenheimer
Reforma

El reciente viaje de la Secretaria de Estado Hillary Clinton a México concitó una gran atención de los medios sobre la guerra de ese país contra los cárteles del narcotráfico. Pero México está enfrentando otras cinco guerras que nadie menciona, y que podrían plantear amenazas tan grandes o mayores que la de los narcotraficantes.

No estoy minimizando la lucha contra los cárteles, que ha dejado casi 19 mil muertos en los últimos años. Pero no me sorprendería que nuevas estrategias de seguridad conjuntas de México y Estados Unidos -que probablemente serán anunciadas en detalle durante la visita del Presidente mexicano Felipe Calderón a la Casa Blanca el 19 de mayo- terminen obligando a los cárteles a replegarse, o a mudarse a otro país. Así ocurrió en Colombia, y no sería raro que ocurra en México.

En cambio, un trabajo escrito por el ex jefe de la oficina para Latinoamérica del Departamento de Defensa de Estados Unidos, Roger Pardo Maurer, cuya primera versión fue publicada por la revista Small Wars Journal, me lleva a reflexionar sobre los otros cinco desafíos críticos que está enfrentando México, y que están pasando prácticamente desapercibidos.

· El primero: ¿Qué hará México cuando se le termine el petróleo? Los ingresos petroleros representan hasta un 40 por ciento del presupuesto federal mexicano, pero el petróleo del país se está agotando. La Administración de Información Energética de Estados Unidos calcula que México se verá obligado a importar petróleo en el 2017.

· El segundo: ¿Qué hará México cuando se le termine el agua? La Ciudad de México ya tiene serios problemas de agua, y la escasez ya causa tensión en los estados vecinos. Y es probable que el cambio climático global convierta a México en un país aún más árido que hoy.

· El tercero: ¿Qué hará México para poder competir con China, India y otras potencias emergentes con mejores sistemas educativos? Un estudio del Foro Económico Mundial dedicado a la competitividad de México, y conducido por economistas de la Universidad de Harvard, concluyó que el principal problema del país para competir en la economía mundial es su pobre sistema educativo.

· El cuarto: ¿Qué hará México con su nueva generación de gente joven desempleada cuando no pueda exportar a esas personas a Estados Unidos con la misma facilidad que antes, por crecientes controles en la frontera o el desempleo en Estados Unidos? Se estima que alrededor de un millón de jóvenes mexicanos entran al mercado laboral cada año, y México necesita crecer alrededor de un 5 por ciento anual -mucho más de lo que ha crecido recientemente- para absorberlos.

· El quinto: ¿Qué hará México para integrar a su población indígena a la economía moderna? Aunque los gobiernos recientes han proporcionado miles de millones de dólares a los estados sureños desde la rebelión de Chiapas, en 1994, el sur de México no se está beneficiando tanto como los estados del norte de la inserción mexicana en la economía mundial.

Intrigado, llamé a Pardo Maurer y le pregunté si teme, como algunos de sus colegas más alarmistas, que México se convierta en un país ingobernable, o en un Estado fallido.

"Es muy improbable que México se convierta en un Estado fallido a causa de los narcotraficantes", me dijo. "Sería mucho más probable que se convierta en un Estado fracasado por estos otros problemas, y me alarma que no se les prestara suficiente atención si nuestra agenda para México se reduce exclusivamente al narcotráfico".

Mi opinión: a juzgar por lo que ocurrió en Colombia, no sería raro que -con una mayor ayuda de Estados Unidos- el Gobierno mexicano tarde o temprano termine aplastando militarmente a los cárteles de narcotráfico, o expulsándolos a otros países.

O sea, la estrategia militar puede hacer que México gane la guerra contra la narcoviolencia, aunque probablemente no haga mucho para ganar la guerra contra el narcotráfico -que permanecerá igual mientras no caiga drásticamente el consumo de drogas en Estados Unidos- y tampoco hará gran cosa para ganar las otras cinco guerras.

En la historia reciente, Estados Unidos ha sido afortunado de tener vecinos tan pacíficos como Canadá y México. Rusia, China, entre otros, hubieran adorado tener la misma suerte.

Si el Presidente Obama quiere que Estados Unidos siga teniendo vecinos pacíficos, debería lanzar la Comunidad de las Américas que prometió durante la campaña, y proponer una alianza de comercio, energía, seguridad, infraestructura y educación que permitiría a todos los países de la región, incluyendo a Estados Unidos, competir más eficazmente en la economía global. Y el lugar por donde empezar debería ser México.

Pelear contra enamorados

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Dígale usted a una enamorada que su novio tiene mal aliento y puede responder: ¿Y a ti no te han dicho que te apestan las patas? Lo cual, sin ser Aristóteles, podemos concluir que no tiene lógica: un olor no exculpa el otro. Es el método de respuesta, hoy de moda, que enturbia toda discusión seria.

Cuando los enamorados de un régimen, partido o político se topan con datos indefendibles e irrebatibles de su objeto amoroso, recurren a dos expedientes: 1. Encontrar un ejemplo peor. 2. Descubrir el compló. Se niegan a creer, porque su fe de carboneros saldría maltrecha, que nadie nos pone de acuerdo a los comentaristas y si de pronto decenas entramos a la denuncia de que en Cuba están prohibidos los partidos políticos y los sindicatos y los teléfonos celulares y rentar cuarto de hotel siendo cubano y un largo etcétera, es porque acaba de ocurrir la muerte de un disidente que no había cometido robo ni homicidio ni secuestro, sencillamente ejercía el derecho que comentaristas y lectores ejercemos en México: decir “no estoy de acuerdo con mi gobierno”. Allá es delito.

“Deja de espiar al vecino y comenta los horrores que se ven en México a diario”, responden. Pero no si el vecino es EU y el muerto es un afgano prisionero en Guantánamo. Entonces quien denuncia al vecino es un valiente líder de opinión, no un chismoso.

“¿Cómo es que tantos en tan variados periódicos, menos en el mío, siempre imparcial y sensato, se han puesto a hablar de lo mismo? Está claro que les cayó una dolariza”. No pueden tolerar la idea de que el acuerdo lo suscitó un hecho, como la defunción de un disidente. El secretario de Trabajo no llegó a la Cámara a denunciar que en China no existen sindicatos: no es el lugar; pero si un legislador, líder sindical, le pone de ejemplo a China (y muchos la hemos puesto por su aceptación de todas las inversiones en todos los ramos), se pone “de pechito” para que el secretario le responda que tiene razón, pero no debe olvidar que en China los sindicatos están prohibidos.

Y claro, tenemos una racha de comentarios al respecto. Que el adicto a los complots leerá como un complot.

La otra forma de acallar datos que no nos gustan, por sólidos que parezcan, es infantil: Titino se portó peor que yo, miss. Si alguien menciona que en Cuba están prohibidos los partidos políticos, los sindicatos, los diarios, se le responde que en México los hay, pero son garrapatas del trabajador; si dice que en Cuba se prohíben los teléfonos celulares, los viajes, los cambios de trabajo, la respuesta es: “¡Vaya casualidad: no mencionas la miseria en la sierra de Guerrero ni la guerra en Burkina Faso”. El defensor de Pinochet hacía lo mismo: para crímenes los de Stalin, nos decía; el neo-nazi recuerda que no sólo hubo campos de exterminio hitlerianos, sino bombas atómicas lanzadas por los gringos contra Japón. Cierto, ¿y? ¿Hiroshima disculpa Auschwitz? ¿La miseria en México justifica la feroz dictadura castrista con déspota vitalicio?

Siempre un vivillo podrá acusar a un comentarista de no mencionar alguno de 1001 casos terribles que le vengan a la memoria. Si señalo un error del PAN mis lectores descubren que ya me paga el PRI, si trato de emplear humor y no insultos llanos es para que los ofendidos no me dejen de pasar una buena feria. Todo debate es inútil cuando hay síntomas de autismo: quienes nos expresamos contra el objeto amado somos una sinfonola: se le echa un peso y toca el disco elegido. O estamos en un compló contra los buenos. El único pensamiento puro y virginal es el del enamorado, que, habilidoso, desentraña y denuncia. Uta… son tan aburridos como previsibles…

¿Representación proporcional o mayoritaria? Tan democrático es el método proporcional para integrar Cámara de Diputados como el mayoritario: el 6 por ciento de los diputados para quien obtuvo el 6 por ciento de la votación total. O llega al Congreso quien obtenga mayoría en su distrito, y el que no pues no. Pero torpeza y venganza legislativa nos impusieron lo peor de ambos mundos en base a un sofisma: que los partidos son organismos de interés público que representan el sabroso y colorido pluralismo del electorado. Falso: la inmensa mayoría de los partidos son negocios que sólo representan a sus cúpulas y se venden al mejor postor cada tres años. Revisar caso por caso lleva otro artículo. Pero vaya usted pensando en lo que hay: Nueva Alianza, Verde, PT, Convergencia… una cloaca.

El tiempo se acaba

Jorge Chabat
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
El Universal

La visita a México de la secretaria de Estado Hillary Clinton acompañada del gabinete de seguridad de ese país revela dos cosas: que ahora sí Estados Unidos ya se asustó de la narco-violencia en México y de las consecuencias que ésta puede acarrearles y que no saben bien a bien qué hay qué hacer ni qué papel desempeñar en la guerra mexicana contra el narco. La participación de EU en el combate al narcotráfico en México se había reducido durante décadas a un apoyo de la estrategia e intercambio de información de inteligencia, con las limitaciones que imponía la desconfianza hacia las autoridades mexicanas por la corrupción de éstas. La ayuda financiera para esta tarea había sido muy limitada hasta antes de la Iniciativa Mérida y todo parecía indicar que la Casa Blanca pensaba que la violencia y la corrupción eran un problema de México que no les podía afectar así como el gobierno mexicano pensaba que el consumo de drogas era un problema de Estados Unidos que no podía afectar México. El tiempo ha probado que ambas percepciones eran erróneas y que nos guste o no, el fenómeno del narcotráfico debe enfrentarse por ambos gobiernos de una manera más efectiva de cómo se ha hecho hasta ahora si no queremos que el caos se apodere de los dos países.

No obstante, la pregunta sin resolver es cómo lograr que el narcotráfico deje de ser la amenaza que es para México y ahora para Estados Unidos. En la reunión de los funcionarios estadunidenses con sus colegas mexicanos de la semana pasada se plantearon cuatro ejes para la estrategia conjunta de combate al narco: desarticulación de las organizaciones delictivas, el apoyo mutuo para fortalecer las instituciones de seguridad, el desarrollo de una frontera competitiva y el fortalecimiento de la cohesión social. El diagnóstico ciertamente es bastante completo pero no es nuevo. De hecho, estas cuatro metas han sido ya planteadas por el gobierno mexicano y de una u otra forma se han buscado instrumentar, aunque es obvio que hasta ahora no han funcionado. Quizás lo nuevo es el grado de prioridad que tiene ahora el tema en la agenda del gobierno de EU. Pero ¿será eso suficiente para cambiar el negro panorama que se presenta ahora par ambos países? La verdad es que no está claro que ello vaya a ocurrir, al menos en el corto plazo. Y eso nos lleva a otra pregunta aún más inquietante: ¿cuánto tiempo podrá resistir la población mexicana y el propio gobierno estadunidense la violencia que genera el narcotráfico y que afecta ya a la población común y corriente?

Hasta ahora las encuestas revelan que, a pesar de que hay una gran preocupación por la violencia del narco, la población mexicana en general sigue apoyando el combate a los cárteles de la droga por el gobierno mexicano. Una encuesta del Pew Hispanic Center de septiembre de 2009 señala que el 83% de los mexicanos apoyan esta guerra y el uso del Ejército en ella. Sin embargo, el número creciente de víctimas civiles, ajenas al narcotráfico, puede tener un efecto en este apoyo. Recientemente el jefe del Comando Norte de Estados Unidos, Victor Renuart, dijo que la guerra contra el narco en México puede tomar de ocho a diez años para comenzar a dar resultados. La verdad es que ése parece un plazo muy largo si se mantienen los niveles actuales de narco-violencia y si persisten los casos de violaciones a los derechos humanos por parte de la fuerzas federales o los “daños colaterales” que esta guerra esta ocasionando entre la población. El problema, sin embargo, es que no parece haber muchas alternativas. Regresar a lo que había antes, a la política de tolerancia/complicidad con el narco simplemente no es opción para un estado democrático. Entonces ¿qué hacer? Lo cierto es que si la opción de la tolerancia es inviable y la del combate frontal no se puede sostener, sólo queda entrar en el camino de la legalización de las drogas o, para ser más precisos, del retiro de la prohibición para algunas drogas decretada por la comunidad internacional a principios del Siglo XX. Así de simple. Por eso ya varias voces dentro del ámbito de la política y fuera de él, comienzan a hablar abiertamente de esta posibilidad. Y esto es así no porque se busque alentar el consumo de las drogas sino simplemente porque las otras opciones han fracasado o están a punto de hacerlo y el tiempo se acaba. Y porque, al final, si el remedio es peor que la enfermedad, pues simplemente no es remedio.

Responsabilidad papal

José Antonio Crespo
Horizonte político
Excélsior

Algo huele a podrido —otra vez— en el Vaticano. Conforme afloran nuevos casos de pederastia clerical, se pone en entredicho la calidad moral de muchos altos prelados católicos, incluyendo al mismísimo santo padre, Benedicto XVI. Algunos acusan que, siendo cardenal, Joseph Ratzinger encubrió al reverendo —es un decir— Peter Hullermann, quien habiendo sido detectado como pederasta en los ochenta, lejos de ser entregado a las autoridades civiles, se le trasladó a la arquidiócesis de Munich —a la que pertenecía Ratzinger— a recibir “terapia” (que es como la Iglesia ejerce su fuero de impunidad). Y, sin embargo, a Hullermann muy pronto se le puso al frente de un grupo de adolescentes, con quienes de nuevo incurrió en actos de paidofilia (como cabía esperar). También se le acusa —junto con Tarsicio Bertone, su actual secretario de Estado— de haber encubierto al “reverendo” Lawrence Murphy, abusador de niños sordos en Estados Unidos. Estos escándalos incluso han provocado que algunos grupos de indignados católicos (no todos son tan dóciles) soliciten la renuncia del Papa; algo así como una revocación del mandato pontifical. La Iglesia es, sin duda alguna, una institución política. Primero, como Iglesia de Estado tras el reconocimiento del emperador Constantino (quien a cambio de ello, se hizo nombrar oficialmente el “décimo tercer apóstol”), y después como un Estado formal: el Vaticano. Pero en ambas fases se trata de una institución vertical y oligárquica, a diferencia de la Iglesia primitiva (que era orgánicamente democrática).

Hay quienes piensan que dicha movilización anti-Benedicto responde, no a una expresión espontánea de feligreses ofendidos, sino a la orquestación de posibles rivales políticos del santo padre, que desearían suplantarlo en la Silla de Pedro. No tengo elementos para certificarlo, pero no me extrañaría demasiado, pues por definición, en toda institución política predomina la pugna por el poder, sea por vías institucionales o no (muchos siguen creyendo, por ejemplo, que Juan Pablo I no murió naturalmente, sino envenenado). En efecto, la lucha por el poder en la larga y oscura historia de la Iglesia no ha sido precisamente prístina. El caso es que, hoy por hoy, hay pocas probabilidades de que ocurra el relevo de su santidad; no hay condiciones políticas ni institucionales para ello.

Por su parte, en México los legionarios de Cristo (conocidos coloquialmente como “millonarios de Cristo”, pues acumulan una fortuna de al menos 25 mil millones de dólares, con ayuda de nuestra devota élite empresarial) han reconocido finalmente los pecados de su fundador, el pederasta en serie Marcial Maciel. Pero llama la atención justo eso, que son vistos sólo como pecados, propios por tanto del orden espiritual, y no como delitos del fuero común, quizá porque también en ese plano el encubrimiento es un delito penal. ¿Cuántos miembros de la Legión de Cristo podrían haber incurrido en encubrimiento desde que surgieron las primeras denuncias en 1957? Así, en su comunicado de la semana pasada, en el que —orillados por los acontecimientos— solicitan perdón por los pecados de su fundador, aclaran: “Habíamos pensado y esperado que las acusaciones presentadas contra nuestro fundador fuesen falsas e infundadas”. En lugar de investigar los indicios y testimonios vertidos, cerraron los ojos y oraron para que todo fuera una pesadilla de la que se podría despertar al día siguiente.

La pederastia clerical parece un fenómeno antiguo, aunque su ventilación pública es reciente. El famoso Marqués de Sade, Donathien Alfphonse Francois, frecuentemente incluye en sus obscenos —pero divertidos— cuentos, a clérigos de todo rango que “juegan” con niños y niñas. Se puede alegar, desde luego, que se trata de narraciones ficticias. Pero algo ha de haber sabido el Marqués, desde que un abate llamado Durand se encargaba de enviarle muchachas a su castillo para organizar sus propias orgías (por lo cual, Sade fue encarcelado por primera vez). En todo caso, bien harían los feligreses en no dejar a sus hijos solos con clérigos, bien como auxiliares de misa, en el catecismo o como seminaristas. Es cierto que no puede generalizarse el grave delito de pederastia a todos los clérigos, pero la tasa de probabilidades de que algo ocurra crece conforme conocemos nuevos casos. Y, sobre todo, el mayor problema es el encubrimiento institucional que ha recibido la pederastia clerical. En todo caso, más vale prevenir que lamentar.

En México los legionarios de Cristo han reconocido finalmente los pecados de su fundador, el pederasta en serie Marcial Maciel. Pero llama la atención justo eso, que son vistos sólo como pecados.

Las seis guerras de México

Andrés Oppenheimer
El Informe Oppenheimer
Reforma

El reciente viaje de la Secretaria de Estado Hillary Clinton a México concitó una gran atención de los medios sobre la guerra de ese país contra los cárteles del narcotráfico. Pero México está enfrentando otras cinco guerras que nadie menciona, y que podrían plantear amenazas tan grandes o mayores que la de los narcotraficantes.

No estoy minimizando la lucha contra los cárteles, que ha dejado casi 19 mil muertos en los últimos años. Pero no me sorprendería que nuevas estrategias de seguridad conjuntas de México y Estados Unidos -que probablemente serán anunciadas en detalle durante la visita del Presidente mexicano Felipe Calderón a la Casa Blanca el 19 de mayo- terminen obligando a los cárteles a replegarse, o a mudarse a otro país. Así ocurrió en Colombia, y no sería raro que ocurra en México.

En cambio, un trabajo escrito por el ex jefe de la oficina para Latinoamérica del Departamento de Defensa de Estados Unidos, Roger Pardo Maurer, cuya primera versión fue publicada por la revista Small Wars Journal, me lleva a reflexionar sobre los otros cinco desafíos críticos que está enfrentando México, y que están pasando prácticamente desapercibidos.

· El primero: ¿Qué hará México cuando se le termine el petróleo? Los ingresos petroleros representan hasta un 40 por ciento del presupuesto federal mexicano, pero el petróleo del país se está agotando. La Administración de Información Energética de Estados Unidos calcula que México se verá obligado a importar petróleo en el 2017.

· El segundo: ¿Qué hará México cuando se le termine el agua? La Ciudad de México ya tiene serios problemas de agua, y la escasez ya causa tensión en los estados vecinos. Y es probable que el cambio climático global convierta a México en un país aún más árido que hoy.

· El tercero: ¿Qué hará México para poder competir con China, India y otras potencias emergentes con mejores sistemas educativos? Un estudio del Foro Económico Mundial dedicado a la competitividad de México, y conducido por economistas de la Universidad de Harvard, concluyó que el principal problema del país para competir en la economía mundial es su pobre sistema educativo.

· El cuarto: ¿Qué hará México con su nueva generación de gente joven desempleada cuando no pueda exportar a esas personas a Estados Unidos con la misma facilidad que antes, por crecientes controles en la frontera o el desempleo en Estados Unidos? Se estima que alrededor de un millón de jóvenes mexicanos entran al mercado laboral cada año, y México necesita crecer alrededor de un 5 por ciento anual -mucho más de lo que ha crecido recientemente- para absorberlos.

· El quinto: ¿Qué hará México para integrar a su población indígena a la economía moderna? Aunque los gobiernos recientes han proporcionado miles de millones de dólares a los estados sureños desde la rebelión de Chiapas, en 1994, el sur de México no se está beneficiando tanto como los estados del norte de la inserción mexicana en la economía mundial.

Intrigado, llamé a Pardo Maurer y le pregunté si teme, como algunos de sus colegas más alarmistas, que México se convierta en un país ingobernable, o en un Estado fallido.

"Es muy improbable que México se convierta en un Estado fallido a causa de los narcotraficantes", me dijo. "Sería mucho más probable que se convierta en un Estado fracasado por estos otros problemas, y me alarma que no se les prestara suficiente atención si nuestra agenda para México se reduce exclusivamente al narcotráfico".

Mi opinión: a juzgar por lo que ocurrió en Colombia, no sería raro que -con una mayor ayuda de Estados Unidos- el Gobierno mexicano tarde o temprano termine aplastando militarmente a los cárteles de narcotráfico, o expulsándolos a otros países.

O sea, la estrategia militar puede hacer que México gane la guerra contra la narcoviolencia, aunque probablemente no haga mucho para ganar la guerra contra el narcotráfico -que permanecerá igual mientras no caiga drásticamente el consumo de drogas en Estados Unidos- y tampoco hará gran cosa para ganar las otras cinco guerras.

En la historia reciente, Estados Unidos ha sido afortunado de tener vecinos tan pacíficos como Canadá y México. Rusia, China, entre otros, hubieran adorado tener la misma suerte.

Si el Presidente Obama quiere que Estados Unidos siga teniendo vecinos pacíficos, debería lanzar la Comunidad de las Américas que prometió durante la campaña, y proponer una alianza de comercio, energía, seguridad, infraestructura y educación que permitiría a todos los países de la región, incluyendo a Estados Unidos, competir más eficazmente en la economía global. Y el lugar por donde empezar debería ser México.

¿Qué estamos haciendo?

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

La pregunta del título está dirigida a los periodistas, opinadores, dueños, directores de medios y, desde luego, a mí mismo:

¿Qué estamos haciendo con la información que damos sobre la violencia en México? La brecha entre lo que publicamos en los medios y lo que dicen los datos duros que sucede realmente es ya un abismo. Alguien está faltando a la verdad: o los datos duros o los medios.

Reproduzco las cifras de homicidios publicadas por el Brookings Institute, en un informe elaborado, con información de la ONU, por el ex vicepresidente de Costa Rica Kevin Casas-Zamora*.

Homicidios al año por cada 100 mil habitantes

Honduras 61

Jamaica 60

El Salvador 52

Guatemala 47

Trinidad y
Tobago 40

Colombia 39

Brasil 22

Panamá 19

Nicaragua 13

Paraguay 12

Costa Rica 11.5

México 11.5

Washington 31

Nueva Orleans 95

Si esas son las cifras, ¿por qué reflejamos todos los días en nuestros diarios la imagen de un país donde la violencia ha alcanzado límites intolerables? ¿Por qué México es ejemplo mundial de inseguridad y de violencia?

¿Cómo conciliar las cifras verdaderas, relativamente bajas, con la versión espeluznante que estamos dando del país?

¿Qué estamos sumando mal para que el saldo homicida en nuestros medios sea terrible y en las cifras frías México tenga sólo la
mitad de los homicidios que tiene Brasil, la tercera parte de los que tiene Washington, la novena parte que Nueva Orleans?

¿Alguien ha oído hablar de Washington como una ciudad tres veces más peligrosa que el promedio de las ciudades mexicanas? ¿O de Nueva Orleans como una ciudad nueve veces más peligrosa?

¿Qué estamos haciendo? ¿Cómo hemos llegado a construir tal abismo entre la percepción pública y la realidad de la violencia en México?

Creo que esta es una respuesta que los comunicadores debemos responder honrada y profesionalmente. Porque algo estamos haciendo mal para caer tan lejos de la verdad sin estar diciendo mentiras.

*La encuesta de Brookings Institute, citada por Andrés Oppenheimer “La ola de violencia en México”, Reforma, 26/3/210

marzo 28, 2010

El martes nos asomaremos al Big Bang

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Este martes 30 podría ofrecernos vislumbres de lo que fue el Big Bang con el que dio inicio el tiempo y comenzó a crecer el espacio. Luego de reparaciones y pruebas, el Large Hadron Collider (LHC), Gran Colisionador de Hadrones, la máquina más grande construida por el ser humano, lanzará haces de protones, una de las partículas del núcleo atómico, en direcciones opuestas y los acelerará en su cámara de 25.7 kilómetros de circunferencia hasta velocidades cercanas a la de la luz. Luego estrellará los chorros de partículas en una colisión que, señala el sitio de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), replicará localmente las condiciones inmediatas al Big Bang.

Hadrones (del griego adrón= fuerte, grande) se llama a partículas no elementales, sino formadas por quarks pegados con gluones, entre ellas los protones y neutrones del núcleo atómico. No existieron hadrones en los primeros instantes del universo y romperlos en sus constituyentes encuentra la dificultad de que a mayor energía con que se los arroja, más energía absorben y más se endurece el glue, el pegamento. La última vez que quarks y gluones estuvieron libres está en el orden de las millonésimas de segundo. No los libera ni la temperatura del Sol en su núcleo, ni el aplastón de una supernova.

“El LHC recreará condiciones que existieron antes del primer milmillonésimo de segundo del Big Bang”. Y nos tocó vivirlo.

Al momento del Big Bang, la presión y temperatura alcanzaban niveles para los que no tenemos palabras ni imaginación, pero sí sabemos que impedían la formación de átomos: el universo era una sopa de quarks en tal agitación que no lograban integrar protones ni neutrones; electrones y fotones atrapados en ese horno primigenio aún no eran materia ni luz, el minúsculo universo era opaco.

Pero temperatura y presión, aprendíamos en secundaria b. E. (before Elba Esther), son proporcionales según la ley de Boyle y Mariotte: a más de una, más de la otra. Así que, al expandirse, el universo debió perder presión, y el consecuente descenso en la temperatura permitió la integración de quarks en protones, neutrones, etc. La expansión (que no ha terminado y una Gran Pregunta es si terminará) redujo más la presión y por ende la temperatura, lo que hizo posible que los electrones pudieran a su vez ser atrapados por los protones y se integraran los primeros átomos.

Bien, pues eso es lo que se replicará este martes en las afueras de Ginebra, Suiza, donde se encuentra el laboratorio CERN y el inmenso aro subterráneo del LHC, cuyos imanes pesan toneladas y consumen la energía de una ciudad. Más de 2,500 científicos de 38 países trabajan en este experimento.

“Vamos a estudiar el Big Bang tan atrás como podamos”, dice Robert Cousins, profesor de física en la UCLA y conductor de uno de los cuatro experimentos principales del LHC. Acercarse al primer instante del tiempo lo prohibió el papa Juan Pablo II, denunció risueño Stephen Hawking en su momento: “Supe lo que debió sentir Galileo… uf”. Pero ya a nadie le importa: bastantes problemas debe tener en el infierno con su amigocho Marcial Maciel.

“Las preguntas fundamentales”, dice Cousins, “fueron planteadas por los antiguos griegos: de dónde venimos, de qué estamos hechos, cómo evolucionó el universo y bajo cuáles fuerzas”. Sí, son las preguntas que los antiguos jonios intentaron responder sin recurrir a dioses. Demócrito y Leucipo alcanzaron el materialismo puro al sostener: sólo hay átomos y vacío.

Y me disculpan la distracción, pero acabo de descubrir una cita maravillosa de Heisenberg, cuyo principio de incertidumbre (o indeterminación) es pilar de la física cuántica: “Las mínimas porciones de materia no son de hecho objetos físicos en el sentido ordinario de la palabra; son formas, estructuras o, —en el sentido que les da Platón— Ideas, que pueden ser transcritas sin ambigüedad a lenguaje matemático…” Y un corolario asombroso: “Platón estaba mucho más cerca de la verdad acerca de la estructura de la materia que los atomistas Leucipo y Demócrito”.

Sigue Cousins: “La historia de la física es la de la unificación de ideas. Isaac Newton descubrió que la misma fuerza que hace caer manzanas ata la Tierra al Sol y la Luna a la Tierra…” Conocemos cuatro fuerzas: electromagnetismo (a su vez unificación de Maxwell), gravitación (transformada por Einstein en curvatura del espacio), fuerza fuerte (que une los núcleos atómicos) y fuerza débil (que explica la radioactividad).

Tenemos asomos de una quinta fuerza: la que está acelerando la expansión del universo, pero Cousins cree que puede haber más (y nos comenzaremos a hacer bolas como con la multiplicación de las partículas).

En fin, el experimento es maravilloso: de qué está hecho el universo, que otras dimensiones tiene, qué es la materia oscura… He usado sólo tres párrafos, pero ya se me acabo el espacio. Siga en: http://cms.web.cern.ch/cms

'¿Y qué proponen?' por Paco Calderón

marzo 25, 2010

Desaparecida - Paulette

Ayúdanos a encontrarla:

Mayorías para gobernar

Jorge G. Castañeda
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

La discusión sobre la reforma institucional que ha sido objeto de debates, artículos, de iniciativas, desplegados y uno que otro despistado deslinde empieza a centrarse en puntos esenciales: reelección, referéndum, segunda vuelta y candidaturas independientes. Pero a partir de la llamada iniciativa Peña Nieto empieza el debate sobre lo deseable o no de mayorías presidenciales en el Congreso. Propongo tres tesis inevitables.

1a. Escoger entre un Congreso fiel reflejo del sentir político nacional o uno donde se generen mayorías entre tres fuerzas, como es el nuestro, es una disyuntiva polar: o se quieren mayorías o se quiere fiel representación proporcional. Ambas tienen ventajas e inconvenientes. La proporcionalidad perfecta como proponen el PRD y algunos analistas, inspirada en el modelo alemán, parece más democrática y sí permite la plena expresión de las minorías. Su desventaja es, como lo vemos en México, la parálisis. La generación de mayorías tiene la ventaja de la gobernabilidad y da al Presidente una mayoría al menos tres años para poner en práctica su programa. Su inconveniente radica en la sobrerrepresentación, que puede ser excesiva y con el riesgo de borrar minorías. Hay que optar: he optado por el sistema mayoritario desde mi libro Somos Muchos en 2004, y en particular en el ensayo con Aguilar Camín que publicamos en Nexos. Las posturas no son conciliables, se pueden atemperar pero no compatibilizar.

2a. Ni la proporcionalidad perfecta ni el sistema mayoritario son válidos para todos los países todo el tiempo. Depende de cada país en cada coyuntura. En Alemania la proporcionalidad perfecta ha funcionado porque ha existido un amplio consenso a lo largo de estos cinco años entre los principales partidos. En Francia, en los 80 cuando Mitterrand la restableció, no dio resultados. Para México hoy me parece preferible el sistema mayoritario, eso no quiere decir que sea permanentemente idóneo, ni para este país ni para otros. La razón es que el país requiere de capacidad de decisión. Las mayorías se pueden lograr mediante segunda vuelta en las elecciones legislativas o eliminando el candado de sobrerrepresentación y/o restableciendo la cláusula de gobernabilidad o alineando las elecciones legislativas con las presidenciales -propuestas ya adelantas por Aguilar Camín y por mí. Todas tienen ventajas y desventajas. Todas logran más o menos el mismo objetivo.

3a. Es la más importante y consiste en ubicar el momento del país. No comparto con quienes argumentan que ya tuvimos un sistema mayoritario bajo el PRI. Nunca existió un sistema mayoritario democrático, sí existió un sistema autoritario con mayorías automáticas e impuestas, y que nada tiene que ver con lo que se propone ahora. Otros argumentan que ya existe ese sistema mayoritario en los estados. También es falso. Si tomamos el caso del PRI, es cierto que en 12 de los estados donde gobierna posee mayoría absoluta en la legislatura local. Pero esas legislaturas carecen por completo del famoso "power of the purse": no recaudan ni asignan presupuesto. El dinero sustantivo viene todo del centro; y lo que no viene programado, los gobernadores lo reparten a su antojo. De tal suerte que ese sistema tampoco equivale a una democracia de mayorías donde el Congreso tiene dientes y poder.

Si México nunca ha vivido un sistema mayoritario democrático, tampoco jamás ha necesitado tanto de reformas económicas, sociales, culturales, políticas, educativas y de seguridad de la envergadura como las que se requieren hoy. El país tiene un gran futuro sólo con reformas de gran calado. Por eso, hoy en día, se necesita un sistema que dé al Presidente la posibilidad de aplicar el programa por el cual fue electo, y que puede ser rectificado en elecciones de medio periodo si así quieren los ciudadanos. Entiendo la preferencia de otros por el empate tripartidista. No entiendo a quienes buscan conciliar ambos sistemas, ni a quienes evitan escoger entre ellos.

Mariguana en la reunión de alto nivel

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Excélsior

En la reunión del grupo de alto nivel México-Estados Unidos hubo, evidentemente, muchos temas que no se abordaron en forma pública. Así debe ser. Uno de ellos sigue planeando sobre la relación bilateral y las tareas de cooperación, en espera de definiciones: el comercio de la mariguana.

Públicamente es sabido que el gobierno de Estados Unidos condena la utilización de la mariguana, pero en los hechos esa droga cada día se usa más en forma legal en cuando menos 15 estados de la Unión Americana, mientras que en la mayoría de los otros se le tolera. Según diversas encuestas del gobierno estadunidense, por primera vez son más quienes están a favor de legalizar la mariguana que aquellos que pugnan por su penalización: poco más de 52% de los estadunidenses aprueban esa legalización.

Es un tema que está en el corazón de la lucha contra el narcotráfico y a partir del cual todo podría modificarse. ¿Por qué? Porque, si bien la parte medular en términos económicos de esa lucha contra el narcotráfico pasa por la cocaína y las drogas sintéticas, la mariguana sigue siendo la droga que, en México y en Estados Unidos, permite aceitar y hace funcionar ese negocio. Además de que, con mucho, sigue siendo la droga de consumo más popular.

De acuerdo con cifras oficiales, aunque muy conservadoras, el narcotráfico, según acaba de asegurar el gobierno de EU, genera en ese país unos 61 mil millones de dólaresal año, de los cuales dos tercios provienen del comercio de mariguana. Y no olvidemos que Estados Unidos produce más de 50% de la que consume. Es una producción tan importante que en realidad en algunos estados sus utilidades son mayores que las de tabaco, maíz o trigo. Incluso, el año pasado, en plena crisis económica, un grupo de legisladores presentó una propuesta en el Capitolio para legalizar la mariguana sólo por razones fiscales: estimaron que la recaudación fiscal por la venta legal de mariguana alcanzaría los 14 mil millones de dólares al año. No fue aprobada, pero tampoco la rechazaron. Y Obama sólo dijo que ese no era uno de los cambios que él preferiría hacer. El tema sigue y el gobernador de California, uno de los estados que se vería más beneficiado por esa legalización abierta y con fines fiscales (actualmente se comercializa la mariguana como planta “medicinal” en todo el estado y no se pagan impuestos por ella), Arnold Schwarzenegger, no se mostró reticente al tema.

El hecho es que, en 15 de los más importantes estados de la Unión Americana, la venta de mariguana ya es legal y los dispensarios y los cultivos lícitos crecen por doquier. Y, si bien el presidente Obama ha dicho públicamente que no apoyará la legalización total de la mariguana, realizó un cambio fundamental. Hasta el inicio de la actual administración, el gobierno federal mantenía la prohibición en sus leyes y se daba la paradoja de que, mientras en un estado en el que la mariguana era legal, allí no era perseguida por la policía local, pero sí podía ser perseguida por la federal.

Ahora, a través de distintas órdenes ejecutivas, el gobierno de Obama mandó a sus agencias federales que sólo persiguieran en esos estados a personas que tuvieran cargamentos ilegales mayores de los 500 kilos. En los hechos, se acabó con ello la persecución de cualquier consumidor o productor pequeño. Y el nuevo zar antidrogas de la Casa Blanca ha insistido en que su tarea principal consiste en reducir con medidas preventivas el consumo.

México, mientras tanto, sigue produciendo enormes cantidades de mariguana cuya erradicación ha disminuido 40% porque las fuerzas militares están ocupadas en el combate al narcotráfico en las ciudades. Desde México se siguen aprovisionado muchos sectores en esos 15 estados que la legalizaron y los que todavía no lo han hecho. Y ese consumo de mariguana es el que alimenta a los cárteles mexicanos. Hay algunos que viven de ella. Uno de los más poderosos, el del ChapoGuzmán, lo mismo que La Familia y la mayoría de los grupos que operan a lo largo de la costa del Pacífico. La capacidad de control territorial y del dinero cotidiano proviene de la mariguana, y si EU decide no combatir la mariguana, entonces quizás habría que adoptar otras estrategias.

México no puede aisladamente legalizar esa u otra droga, porque el costo interno y el internacional serían altísimos. Pero si esa acción se concertara con Estados Unidos y Canadá, las cosas podrían ser diferentes.

El año pasado, en plena crisis económica, un grupo de legisladores presentó una propuesta en el Capitolio para legalizarla sólo por razones fiscales.

Calderón, el manotazo

Ricardo Alemán
aleman2@prodigy.net.mx
Itinerario Político
El Universal

No sabemos si fue un hecho casual o se trató de un cambio radical en la estrategia de comunicación. Lo cierto es que al dejar de lado el discurso clásico e invitar a su audiencia a interrogarlo, Felipe Calderón inauguró una nueva manera de hablar a los ciudadanos.
Y dijo lo que pensaba, no lo que escribieron redactores de discursos. Dijo, por ejemplo, que su primera responsabilidad como gobierno, es la seguridad de los ciudadanos. Consideró como “absurdo e ingenuo” poner fin al combate al crimen organizado y el narcotráfico, como reclaman no pocas voces. Y preguntó a sus detractores. “¿Qué proponen? ¿Echarnos para atrás? ¿Que los dejemos hacer lo que les dé la gana?”.

El Presidente alzó la voz, golpeó con el puño el atril, y dijo que ése había sido el problema, “haberlos dejado hacer lo que les dio la gana”. Y reiteró que su responsabilidad es con la ley y el derecho, “evitar que México siga en manos de una bola de maleantes, una ridícula minoría montada en el miedo, la corrupción y la cobardía de muchos durante mucho tiempo”. Reconoció que se pagará un costo alto, incluso en vidas. “Pero se combate el crimen, porque estamos decididos a limpiar México”.

Sin duda fue un manotazo discursivo. Un cambio en la forma de enviar mensajes a los ciudadanos. ¿También habrá cambios en los hechos? Obliga la pregunta, porque igual que el discurso presidencial, también se desgastaron los hechos. Es decir, el narco y el crimen organizado no funcionan sin complicidad de gobiernos, políticos, empresarios, banqueros y… hasta curas. ¿Cuándo caerán? En Michoacán, vale el ejercicio memorioso, la PGR hizo el ridículo.

Sin embargo, crece la versión de que caerán peces gordos… desde gobernadores, empresarios, políticos… Por lo pronto, fuentes confiables jalaron una madeja que permitió saber que el pasado lunes, efectivos militares habrían cateado la casa del procurador de Tamaulipas. ¿Cierto o falso? Otra hebra lleva a una madeja gorda en Veracruz. Acaso por eso se ha visto “juntitos” a Miguel Ángel Yunes y al titular de la PGR.

Luego de un largo y sinuoso camino, el ex senador y ex priísta Mario López Valdez —Malova por su acrónimo— fue postulado por la alianza PAN-PRD como candidato al gobierno de Sinaloa. Los azules lo avalaron luego de hurgar en su pasado. Pero existen serias dudas sobre el candidato del PRI, el adinerado empresario Jesús Vizcarra —de fortuna repentina—, porque abundan los indicios de que “no está limpio”. ¿Será? Por lo pronto Calderón dijo lo que piensa. Y eso se agradece.

EN EL CAMINO ¿Qué tal? La PGR promueve que la Corte dé entrada al reclamo del SME sobre el decreto de extinción de Luz y Fuerza. El máximo tribunal avalará la decisión presidencial. Al tiempo.

Nuevos caminos

Purificación Carpinteyro
pcarpinteyro@yahoo.com.mx
Reforma

Durante la guerra del Golfo en 1991, nuestro vecino del norte impuso a los medios informativos una censura sin precedentes. Las agencias noticiosas y sus reporteros en el frente fueron forzados a someterse a las Fuerzas Armadas, que decidían lo que era apropiado difundir. Sin embargo, esta imposición autoritaria resultó innecesaria durante la invasión de Estados Unidos a Iraq a comienzos del 2003. Entonces, los medios informativos norteamericanos aplicaron la autocensura.

Aunque muchos entonces apoyaron y ahora justifican la censura en caso de guerra, estimándola indispensable para mantener en sigilo las estrategias y evitar la desmoralización de la sociedad por el número de bajas, lo cierto es que al aplicarla, automáticamente se corre el velo tras el que se ocultan las más infames violaciones a los derechos humanos.

Valen la reflexión y el debate, dado que el martes pasado el Senado aprobó en comisiones la reforma constitucional en materia de derechos humanos para regular los casos en que el Ejecutivo podrá recurrir a la suspensión de garantías. Una pregunta obligada es si con esta reforma se está abriendo la puerta a la posible imposición de censura informativa, e inclusive cuestionarse si los medios mexicanos han reaccionado como los norteamericanos, autoaplicándose restricciones en la difusión de información.

A pesar de que diariamente las noticias difundidas por la televisión, la radio y los diarios hacen recuento de enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y grupos criminales en múltiples puntos del país; a pesar de que nos informan de las muertes de civiles en fuego cruzado, de las bajas en las fuerzas utilizadas para el combate y de los criminales caídos, a veces parecería que sólo son portavoces de la información oficial, y que sólo reaccionan ante la indignación de la sociedad civil cuando ya no es posible acallar sus voces.

Pero ni la censura impuesta ni la autocensura valen en el caso mexicano. A diferencia de las guerras de Estados Unidos, la violencia de los enfrentamientos se vive en territorio nacional y la sufre nuestra población. Y, ante el aparente cerco informativo, la sociedad civil ha encontrado la manera de burlarlo haciendo uso de las nuevas tecnologías de la información que permiten que a través de redes sociales y de difusión en internet -como son Twitter, Facebook y YouTube, entre otros- se comuniquen y alerten de redadas, balaceras y muertes, e inclusive de formas para burlar la ley.

Hace poco Reynosa se vio envuelta en un marasmo informativo. La población recibía mensajes a través de correos electrónicos, celular y Twitter, alertando de operativos, balaceras y retenes. Las autoridades se abocaron a desmentir la ola de informaciones, y muchos advirtieron del riesgo de hacer caso a las alertas que provenían de gente que desconocía el rigor ético al que se debe apegar un periodista. Un par de días después se dio a conocer un video tomado por una ciudadana, en el que se mostraban los vestigios de una balacera, que de acuerdo a las fuentes oficiales nunca existió.

Vez tras vez son los videos tomados por observadores civiles o los mensajes celulares o de Twitter que circulan en internet, los que revelan la realidad de los acontecimientos. Para los medios informativos esto representa un peligro, pero también una oportunidad. Será un riesgo, en la medida en que decidan acatar la censura o autoimponérsela, sin considerar que las tecnologías de comunicación han abierto la puerta al intercambio instantáneo de información entre numerosos grupos de la población civil. El silencio o acatamiento al cerco informativo irá mermando su credibilidad, y la población optará por recurrir a los "chismes" desde sus redes sociales en internet.

Pero es una oportunidad si deciden aprovechar la información de estos "reporteros en el frente", y hacer uso de las redes sociales y los nuevos medios de transmisión informativa.

Hasta donde tengo conocimiento, ningún otro país se ha visto expuesto al riesgo de la difusión desorganizada de información que puede ser diseminada para crear caos y pánico entre una población atemorizada. Pero la violencia de los enfrentamientos, y sus consecuencias para las regiones afectadas, demanda información veraz y en tiempo real, que si no es satisfecha por los medios formales será campo fértil para la desinformación.

Los medios tienen la fórmula para convertir el riesgo en oportunidad, sólo basta que observen cómo se comunican las nuevas generaciones y aquellos que se han incorporado al mundo de internet.

marzo 23, 2010

La profecía de Fidel

Ricardo Pascoe Pierce
Especialista en análisis político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

Hoy Cuba es gobernada por una casta burocrática declinante que ha perdido una franja significativa de su legitimidad social.

Poco antes de abandonar el poder, Fidel Castro emitió, en la Universidad de La Habana, una opinión grave sobre Cuba: si los errores de conducción de la Revolución no se corrigen, los cubanos van a lograr lo que el imperialismo nunca pudo: destruirla. Habló con crudeza sobre asuntos presentes ante los ojos del pueblo: corrupción en todos los niveles, robo hormiga en los centros de trabajo, productividad declinante, laxitud laboral, poca convicción revolucionaria y la enajenación masiva de jóvenes hacia el sistema político, entre muchos otros. Y fue con la plena convicción de que los errores iban a ser resueltos rápidamente por el poder en Cuba.

En vez de corregir los errores, el nuevo gobierno ha optado por reprimir a quienes disienten del rumbo actual de su país. O, dicho de otro modo, su respuesta a los errores tiene la intención de desaparecerlos con actos de fuerza. La represión contra el pueblo nunca es revolucionaria. De ahí que los problemas internos de la sociedad cubana no pueden ser solucionados por la policía política.

Hoy a Cuba la gobierna una casta burocrática declinante que ha perdido una franja significativa de su legitimidad social, en la medida en que el modelo económico y el político han fracasado. Gobierna, junto con Raúl y los viejos revolucionarios, una vasta red de juniors de la Revolución. Son hijos de los generales, viajan libremente por el mundo haciendo negocios en nombre de sus padres y de la Revolución y poseen depósitos bancarios importantes fuera de la isla, pues anticipan el colapso del modelo. Además, no cesa la represión a cuadros políticos altos y medios del Partido Comunista y a funcionarios del gobierno. El asunto no es sólo contra Lage, Miyar, Pérez Roque, Valenciaga y Soberón, entre otros purgados con métodos reminiscentes de Stalin. Hay una purga más extensa a los cuadros medios del partido, para acallar la creciente disidencia dentro del aparato estatal. Son voces que saben lo que está sucediendo: ven la corrupción del alto mando, expresan institucionalmente sus inquietudes y son despedidos de sus empleos, humillados ante sus subordinados y familiares, además de que terminan siendo expulsados del partido. Es decir, son convertidos en no personas.

Cuando un gobierno recurre a la represión, es porque los intereses son grandes e involucran a importantes actores de la política y la economía. Los gobernantes han perdido su noción de la realidad acerca del mundo en que habitan. La carta del embajador cubano en México, dirigida al Senado, es prueba fehaciente de ello: no entiende que este ya no es un mundo que cree fácilmente en su discurso, mismo que ni convence ni intimida.

Las lamentables, aunque oportunistas, expresiones de Lula, avalando la represión, sólo demoran las necesarias soluciones al enredo y muestran que la izquierda no sabe qué hacer frente a un gobierno de su corriente ideológica cuando reprime al pueblo. Lula debiera conocer mejor la situación, pero sus pretensiones “internacionales” lo llevan a un lamentable cortoplacismo que lo hace perder el lugar al que aspira en el mundo. Por otro lado, la dupla Fox-Castañeda se sumó ciegamente al proyecto de Bush sobre Cuba. De ahí la inutilidad de su intervencionismo sin rumbo ni futuro. La respuesta represiva de la casta gobernante cubana se debe a que no sabe qué hacer con sus miedos: a la justicia internacional, al fracaso de su proyecto político, a la ira de su pueblo.

La profecía de Fidel se está cumpliendo. El proyecto revolucionario ya no es tal y no hay una alternativa nítida al probable desastre. A México le conviene una transición pacífica, democrática y consensuada allá y a Cuba también. Pero, ¿cómo ayudar a inducir una democratización sin que ello implique una intervención indebida de EU? He ahí el dilema para la política exterior de México.

¿Hay otra alternativa?

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

El dolor de las víctimas se trasforma, casi irremediablemente, en la rabia de los que necesitan encontrar urgentemente al culpable de su desgracia. Un ministro de Interior, abandonado a su suerte por sus cuidadores, recibe así —en Ciudad Juárez— zarandeos, insultos y reclamaciones. Tampoco el propio Presidente de la República es recibido, en ese lugar, con demasiadas amabilidades. Los ciudadanos de a pie, mientras tanto, miramos espantados el diario desfile de cadáveres: cuerpos decapitados que cuelgan semidesnudos de un puente o que yacen, carbonizados, a media calle. ¿Quiénes son esos muertos? ¿Son culpables de algo o, mejor dicho, son delincuentes de necesidad, pandilleros, soplones, sicarios…? Nos asusta, encima, la inseguridad que afrontamos personalmente y que no es una manifestación, otra más, de la guerra que ha emprendido el Estado mexicano contra las mafias del narcotráfico sino algo muy preocupante y tremendo porque resulta de la pavorosa descomposición social de todo un país.

Pero, es absurdo reclamarle al Presidente de la República por las muertes. Y más injusto, todavía, culparlo de haber emprendido una guerra que no se podía postergar porque, díganme ustedes ¿qué otra alternativa tenemos como nación, como Estado y como sociedad para afrontar la realidad de los sicarios, los asesinos, los torturadores y todos esos individuos violentos que ya estaban allí, antes de que llegara Calderón? No se habían alebrestado, es cierto. Pero nadie había tomado verdaderamente la decisión de combatirlos.

¿Acaso es una solución dejarlos en paz, a su aire y a sus anchas? ¿Eso puede ser siquiera una propuesta? Lo repito: los cárteles y Los Zetas y La Familia no aparecieron cuando Calderón comenzó a gobernar. Su existencia es el resultado de años enteros de podredumbre, de complicidades, de desatención y, sobre todo, de mal gobierno. En las guerras siempre hay víctimas, desafortunadamente. Pero no tenemos otra alternativa, como país, que seguir adelante.

México no pudo solo

Alberto Aziz Nassif
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

Los viajes de Felipe Calderón y su gabinete a Ciudad Juárez en tres ocasiones en las últimas semanas, no han podido detener las balas y asesinatos. La política social y las apresuradas inversiones en salud y educación en esa lastimada frontera no detienen a la delincuencia organizada, como si se pudiera hacerlo.

Ahora que han sido asesinados una funcionaria del consulado, su esposo y otro mexicano, esposo de una estadounidense, el gobierno del vecino del norte reacciona de forma contundente y emiten mensajes cruzados, por una parte, descalifican la estrategia militar en la zona en voz de la secretaria de Seguridad Interna, Janet Napolitano; estrategia que por cierto fue acordada y aprobada por ellos y, al mismo tiempo, en voz del embajador Carlos Pascual, se apoyan los “esfuerzos” del gobierno de México y anuncia una cumbre de alto nivel entre los dos países. Las alarmas que se han vuelto a encender en Estados Unidos y la contaminación de la violencia en su frontera sur tampoco parecen detener las balas. La reacción indignada del gobierno mexicano frente a las descalificaciones de Estados Unidos, porque los socios del norte no acaban de asumir una corresponsabilidad en el problema, tampoco evita que las bandas y las pandillas sigan matando, secuestrando y extorsionando a miles de ciudadanos que todos los días padecen una violencia que no se detiene.

Las noticias sobre los bloqueos de narcos y las balaceras callejeras en la ciudad de Monterrey, que han cobrado la vida de dos estudiantes del Tec, se agregan al cuadro de descomposición que vive el país. Todos los días se da una socialización de casos que no llegan a los medios ni a los titulares de los diarios, pero que registran el acoso, los secuestros, los asaltos y las amenazas que se desparraman sin posibilidad de contenerse en las ciudades, en los pueblos y en las comunidades del país. Esta violencia tampoco se detiene, sino crece de forma incontenible. La contabilidad de muertes nos reporta que en este año, en donde han transcurrido 80 días, ya se acumulan 2,157 muertos y sólo el viernes 19 de marzo se sumaron otros 33 asesinatos (EL UNIVERSAL, 20/III/2010). Las balas aumentan y la muerte se reproduce, se ha perdido el valor de la vida, como en el corrido de José Alfredo, ya “no vale nada”.

Múltiples especialistas en seguridad han analizado la estrategia del combate al narco y al crimen organizado que lleva adelante el gobierno y señalan su ineficacia y su fracaso. Incluso hasta las críticas de Janet Napolitano han recibido la misma respuesta: la descalificación. Sin duda, los recientes asesinatos de Lesley A. Enríquez, Arthur Haycock Redelf y Jorge Alberto Salcido, llevan el problema a otro nivel y abren una tensión adicional en la política externa de México. Los operativos que llevan a cabo el FBI y la DEA en la frontera, muestran lo que puede ser el inicio de otro tipo de intervención del gobierno de Estados Unidos en el país. Sin saber las razones de estos asesinatos, queda establecido que el sistema de seguridad del gobierno de Obama hará todo lo posible por encontrar a los responsables y ponerlos a disposición de un juez. Porque, al final de cuentas, hay diferencias específicas cuando se trata de balas que matan a ciudadanos estadounidenses y cuando se mata a ciudadanos mexicanos. En un sistema la seguridad funciona; en el otro, es un desastre.

Mientras el gobierno defiende, como una inercia, su estrategia fallida, las balas siguen sin parar, con ejército o sin ejército, con policía federal o sin ella, con programas sociales o sin ellos. Sin embargo, la vista del grupo de alto nivel que habrá entre México y Estados Unidos anuncia un cambio en la estrategia de colaboración y de intervención de los vecinos del norte en nuestro país. Ya el general brigadier Benito Medina, declaró que: “No podemos decir que el Ejército no puede, no, es que no solamente es el Ejército, todo México no puede solo, necesitamos la colaboración de la comunidad internacional” (EL UNIVERSAL, 22/III/2010). Después de 18 mil muertos y muchos territorios tomados, se reconoce que México no puede solo.

¿Será posible establecer una línea divisoria que rompa con la protección, la corrupción y la colusión de las autoridades con estos grupos o seguiremos en las mismas? ¿Habrá una estrategia completa de combate al narcotráfico y al lavado de dinero? ¿Hará Estados Unidos la parte que le toca en el tráfico de armas? ¿Cómo será la nueva fase de colaboración entre México y Estados Unidos? ¿Se iniciará una estrategia de inteligencia binacional? Ya veremos qué pasa…

marzo 22, 2010

Grandota o grande

Arturo Damm Arnal
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

Si tomamos en cuenta la producción de bienes y servicios, y por lo tanto la generación de ingreso, todo ello medido en términos monetarios, digamos dólares, resulta que la economía mexicana, con una generación de ingreso de 1,088,128 millones de dólares, y por lo tanto con una producción de bienes y servicios equivalente a esa cantidad, fue en 2008 (los datos completos para 2009 todavía no están disponibles), entre 179 naciones, la decimotercera economía a nivel mundial, con India, Canadá y Brasil por arriba, con Australia, Corea del Sur y Países Bajos por debajo.

Si dividimos a los países, según sus resultados, en siete grupos (excelentes, muy buenos, buenos, regulares, malos, muy malos y pésimos), México queda dentro del grupo de los excelentes. Si además, con el fin de mejorar el análisis, dividimos a los países por deciles, México se ubica en el primero. ¿Qué quiere decir lo anterior? Que en materia de Producto Interno Bruto, es decir, de producción de bienes y servicios y generación de ingreso, la economía mexicana, si bien es cierto que todavía no se ubica en el top ten, sí se encuentra entre las mejores, dentro del top fifteen. Lo anterior quiere decir, dicho de la manera más sencilla posible, y echando mano de la analogía, que la mexicana es una economía grandota. La pregunta es si, además de grandota es también grande. No confundamos, como lo apunta Ricardo Medina, lo grandote con la grandeza.

Para responder la pregunta debemos pasar del Producto Interno Bruto al Producto Interno Bruto per cápita o, dicho con menos palabras, debemos ir del ingreso al ingreso por habitante. Si así lo hacemos el resultado es muy distinto, ya que, con un ingreso por habitante de 10,235 dólares anuales, en 2008 (lo mismo, todavía no tenemos los datos completos para 2009), México ocupó, entre 182 países el lugar 57, bajando del primer al cuarto decil, y pasando de grupo de los excelentes al de los buenos, teniendo como vecinos, en mejor posición, a Turquía, San Cristóbal y Nieve, y Venezuela y, en peor lugar, a Chile, Seychelles y Uruguay.

Ya se ve que una cosa es lo grandote (el Producto Interno Bruto) y otra la grandeza (el Producto Interno Bruto per cápita), y que lo que importa es la grandeza no lo grandote, tal y como lo muestra el Índice de Desarrollo Humano, elaborado y publicado por la ONU, en el cual México ocupa, entre 182 países, el lugar 53, lo cual se explica porque el desarrollo humano depende, no nada más del Producto Interno Bruto, sino del Producto Interno Bruto per cápita, es decir, no del tamaño del pastel, sino del tamaño del pedazo de pastel que le toca a cada uno, ¡algo muy distinto!

La mayoría de las veces, el desempeño de una economía se mide en términos del Producto Interno Bruto, lo cual, tal y como queda demostrado en los párrafos anteriores, no es del todo correcto, siendo lo correcto medirlo en términos del ingreso por habitante.

Una Presidencia monotemática

Leo Zuckermann
Juegos de Poder
Excélsior

En El Padrino III, Michael Corleone dice: “Justo cuando pensaba que ya estaba fuera, me regresan adentro”. El presidente Felipe Calderón podría decir algo similar: “Una y otra vez he tratado de salirme y una y otra vez me regresan”. Me refiero al tema de la guerra en contra del crimen organizado.

Calderón fue el que puso el tema de la guerra en contra del crimen organizado como el central de su Presidencia. Inmediatamente después de tomar posesión, se puso el uniforme de general de cinco estrellas y mandó a las Fuerzas Armadas a las calles a combatir a la delincuencia organizada. Políticamente, le resultó. Para empezar, envió el mensaje de que sólo había un Presidente en México al que obedecían el Ejército y la Armada, mientras en las calles había otro que se decía legítimo. La guerra resultó muy popular por el hartazgo social que había en materia de inseguridad; se convirtió en el sostén de la popularidad presidencial. De esta forma, después del conflicto postelectoral, el tema de la guerra en contra del crimen organizado le permitió a Calderón sentarse con fuerza en la silla presidencial.

Pero, como suele suceder con todas las guerras que no se ganan rápidamente, llega el día en que los rendimientos políticos comienzan a bajar. En el caso mexicano, los muertos se multiplicaron y la violencia callejera se incrementó, como nunca, sobre todo en algunas regiones del país.

Calderón entendió que era hora de buscar nuevos temas para su administración. Así lo anunció, con bombo y platillos, el 2 de septiembre pasado. El Presidente mencionó la guerra en el lugar nueve de su decálogo famoso. Y desde entonces, ha tratado de poner otros asuntos en la agenda.

Comenzó bien liquidando Luz y Fuerza del Centro. Parecía que iba en serio con aquello de buscar los “cambios de fondo” y no los “cambios posibles”. Sin embargo, la agenda volvió a atorarse con el tema fiscal. El Presidente propuso una buena propuesta de reforma que terminó en un incremento más de los impuestos. Luego Calderón presentó su reforma política, también buena, pero que no ha tenido punch en los medios.

Ahora el PAN ha introducido una reforma laboral (salida de la Secretaría del Trabajo), que también parece positiva. Pero, una vez más, la agenda mediática y la presidencial han estado concentradas en el tema del crimen organizado. O, más bien, los hechos violentos así lo han determinado.

La semana pasada, en vez de hablar de la propuesta laboral, lo que volvió a dominar fue la guerra. Para empezar, se dieron las primeras reacciones por el asesinato de tres ciudadanos estadunidenses en Ciudad Juárez. Luego, Nuevo León se convirtió en un bizarro escenario del enfrentamiento entre delincuentes y autoridades. Los criminales bloquearon, con vehículos robados, y al parecer con la ayuda de las policías locales, carreteras y vialidades en Monterrey. Horas después, tres inocentes morían a balazos frente al Tecnológico de Monterrey: dos estudiantes y una madre de familia que circulaban cuando se dio el fuego cruzado entre militares y sicarios.

Ante estas noticias, la reforma laboral pasó a un plano muy secundario. Los medios se concentraron, una vez más, en la guerra. Y de ahí no ha podido salirse el Presidente. La diferencia es que ahora, en comparación con el principio del sexenio, se han multiplicado las voces que consideran la guerra como una estrategia errada.

El jueves pasado, en su columna de Milenio, Héctor Aguilar Camín hablaba de este mismo tema y argumentaba “que al país y a Calderón les urge cambiar de agenda. Necesita él y necesitamos todos poder pensar a nuestro país fuera del corral de la violencia”. Para tal efecto, Aguilar proponía: “Ahora que son días petroleros, sería una buena idea proponer a los mexicanos un amplio debate sobre lo que sabemos que es la convicción presidencial, y de muchos mexicanos, en materia petrolera. La idea, por ejemplo, de cambiar la Constitución y abrir Pemex a una inversión privada minoritaria, nacional y extranjera”. Excelente tema. Pero el Presidente ya trató de poner este asunto en la agenda nacional y, a la hora de la verdad, se echó para atrás.

De hecho, Calderón ha tratado muchas veces de poner otros temas en la agenda nacional. Ahí están los casos de las reformas política y laboral. Sin embargo, es tan fuerte y tan mediático el tema de la guerra que hay presidentes que, aunque quieran, están condenados a que su presidencia quede marcada por ella. Fue el caso, en Estados Unidos, de Lyndon B. Johnson y la guerra de Vietnam y de George W. Bush con el conflicto bélico en Irak. Me temo que hacia allá va Calderón. Hacia una Presidencia monotemática: el de la guerra en contra del crimen organizado.

Las Damas de Blanco: visibles e invisibles

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Me inquieta pensar que lo que ve el mundo en estos días sobre Cuba, no se ve dentro de Cuba. La isla desconoce el repudio que los últimos acontecimientos han echado sobre su gobierno.

Pienso que sus extraordinarios blogueros, empezando por Yoani Sánchez, sus solitarios disidentes, la admirable tenacidad de las madres de presos políticos que caminan día con día, vestidas de blanco, por las calles de La Habana, y ocupan con sus conmovedoras y potentes imágenes las primeras páginas de la prensa mundial, no son visibles para la gente de Cuba, salvo bajo la forma de los improperios que repiten los medios oficiales, y las vallas sañudas que les gritan a las Damas de Blanco.

Las tres o cuatro veces que he estado en Cuba he vuelto con la certidumbre de que el mayor recurso político de la dictadura castrista es la fragmentación del conocimiento, es decir, el minucioso control del conocimiento que pueden tener los cubanos sobre su propio país y sobre el mundo.

Luego de medio siglo de esta administración de la ignorancia, la mayoría del pueblo cubano, toda la que no puede viajar ni comparar su país con otros, termina por no saber que las cosas pueden ser diferentes a lo que ven todos los días, que todo eso a lo que se han acostumbrado y les parece normal, es la anormalidad misma.

No es difícil acostumbrarse a la anormalidad de Cuba. Los diplomáticos que llevan un tiempo ahí dejan de ver pronto con alarma lo que les alarmó el primer día. Por ejemplo: no poder comprar periódicos.

Tengo un ejemplo al revés. Luego de varios años de no salir de La Habana, un viejo diplomático cubano, que había servido a su país en Europa Occidental, vino a México. El primer día de su viaje fue al pequeño supermercado que hay en la esquina de Michoacán y Amsterdam, en la colonia Condesa de la Ciudad de México.

Lo deslumbraron los anaqueles llenos de mercancías. Reflexionó después, con pesadumbre: “¡Qué jodidos estamos!”. Había visto supermercados mejores en países más prósperos que México, pero lo había olvidado en sólo unos años de inmersión en la escasez crónica, la ausencia de información, la ignorancia universal de la vida cubana.

Quisiera pensar que el repudio externo hará tambalearse al régimen cubano. Ojalá. Tiendo a creer que el régimen sólo se romperá por dentro, al calor de una crisis que provoque una ruptura en la cúpula: una conspiración de los próximos —inconformes, hartos o ambiciosos—, de cuya incubación y desenlace el pueblo cubano será el último en enterarse.

Disidentes, ayunantes, protestantes

Miguel Ángel Granados Chapa
miguelangel@granadoschapa.com
Plaza Pública
Reforma

Desde distintos miradores, suscitadas por diferentes intereses, se multiplican las condenas al gobierno cubano, a causa de la muerte de Orlando Zapata, un disidente que cumplió hasta el extremo anunciado una huelga de hambre; y por un ayuno semejante practicado desde hace un mes por Guillermo Fariñas, opositor también al régimen cubano, que reclama la libertad de 26 compañeros suyos, presos políticos como él mismo lo ha sido durante once años.

Me sumo sin reticencias al pedido de libertad para esas personas, y por consecuencia al pedido de que Fariñas ponga fin a una acción que ha practicado otras veces y que es un recurso válido cuando se considera que otros medios de protesta política son ineficaces. Estoy seguro de que una república que persigue y ha logrado en amplia medida satisfacción a derechos humanos elementales como los que conciernen a la salud, a la educación, a la propia estima, bien puede admitir y aun alentar derechos políticos como el de no afiliarse al pensamiento dominante y aun buscar una forma de organización política distinta de la vigente en Cuba.

Ciertamente, en el análisis de la situación cubana es imposible soslayar el hostigamiento, el acoso que han padecido el gobierno y el pueblo cubanos desde que proclamaron su revolución. El asedio armado, la multitud de atentados fallidos contra Fidel Castro, la invasión misma patrocinada desde Estados Unidos, de donde partió, todo eso obligó a constreñir las libertades personales, como ocurre en toda población hostilizada y en riesgo de ser penetrada por una quinta columna. La tensión permanente ante el peligro externo genera una deformación en las relaciones no sólo entre el poder y los gobernados sino entre los ciudadanos mismos, en que priva la desconfianza aun por encima de la solidaridad revolucionaria y a veces disfrazándose de ella. Pero esa excrecencia, que lleva a ver en el otro un eventual enemigo, no es, no debe ser parte sustantiva de la cultura política de un gobierno que tiene a los seres humanos como suma y destino de sus tareas.

Por lo tanto, como elemento circunstancial y no inherente a la vida cubana, el temor y el desdén hacia los que no se atienen al credo oficial pueden ser eliminados para favorecer una convivencia democrática en plenitud, en que tengan también cabida los diferentes, los disidentes, los opositores. El entorno mundial, las condiciones políticas del vecindario en que actúa Cuba no son riesgosos como llegaron a serlo en etapas ya superadas, y por ello el poder no necesita ejercerse sin trabas. Puede y debe haber lugar para las libertades públicas en Cuba. Debe cesar el castigo a la disidencia, porque no debe ser delito la insumisión al pensamiento único.

En tal sentido es muy de atender el llamado de miles de artistas, creadores, intelectuales, muchos de ellos respetuosos de las metas revolucionarias del gobierno de Cuba, que demanda escuchar a Fariñas y poner en libertad a los 26 presos por los que aboga. Una revolución humanitaria se enriquecerá con la admisión de la diferencia como complemento necesario y fructífero de la opinión mayoritaria. Una sociedad donde persiste un régimen de partido único y de medios de comunicación controlados ha de estar en posibilidad, sin embargo, de prohijar respeto al resto de los derechos humanos.

Otra cosa es la sibilina advertencia de los gobiernos que, como el de la Unión Europea, pretenden inducir un cambio de régimen en Cuba. Ninguna democracia, aun la más perfecta en su diseño institucional, funciona si es impuesta desde fuera. Por razones humanitarias, no en atención a presiones maniqueas e hipócritas, el régimen cubano, ese al que se quiere transformar desde fuera, ha de ser capaz de emprender sus propias metamorfosis.

En México, como en otros países, se ha levantado un clamor semejante por el respeto a la disidencia cubana. Es comprensible y digno de aplauso que así sea porque está viva la llaga del régimen autoritario mexicano con su cauda de guerra sucia y represión contra quienes se oponían a tener los designios oficiales como verdades absolutas por encima de la crítica. Ese régimen no acabó del todo, prevalecen no pocos remanentes de esa cultura. Tenemos entre nosotros presos políticos, presos de conciencia injustamente recluidos en las cárceles donde no están los culpables de expoliaciones que afectan a la sociedad mexicana. Conservamos la huella de conductas que antaño causaron graves daños y todavía hoy atentan contra derechos básicos de las personas, como la supresión de decenas de miles de empleos y su secuela represiva.

Poner la vista en las violaciones a los derechos humanos en Cuba puede ayudar a hacer lo propio respecto de nuestras propias lacras. Quienes hoy se duelen por la huelga de hambre de Fariñas y no hicieron lo mismo ante el ayuno de trabajadoras de la industria eléctrica que exigían justicia ante el despojo de su empleo adquirirán mayor sensibilidad ante situaciones semejantes en el futuro. Quienes reprueban el maltrato asestado por la policía habanera a las Mujeres de blanco y pasaron por alto el destrozo de la dignidad de muchas jóvenes en los arrestos colectivos de Atenco en mayo de 2006 estarán en mejor condición moral para percibir la semejanza entre ambas conductas. Quienes piden la libertad de los disidentes cubanos tienen a la mano casos para invocar la libertad de los cientos de mexicanos disidentes privados injustamente de su libertad.

¡Vivan los derechos humanos en Cuba y México!

Cajón de Sastre

Ya es muy grave que la violencia criminal siegue la vida de miles de personas en nuestro país, pero es igualmente grave que cada día aumente el número de víctimas de combates entre la fuerza pública y los delincuentes, que en nada están relacionados con las escaramuzas. En Monterrey cayeron por lo menos tres personas más en esa condición. Dos de ellos eran estudiantes del Tecnológico de Monterrey y la tercera una señora que para su infortunio estaba en el lugar y el momento equivocado. Pero esas muertes no sólo son fruto del azar, sino de impericias en el ataque a la criminalidad como lo fue también otra víctima en el ataque en que fue muerto Arturo Beltrán Leyva en diciembre pasado, en Cuernavaca. Nunca se justifica la pérdida de vidas humanas por error.