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Día con día
Milenio
¿Hay algo que defender del régimen cubano?¿El paso del tiempo sobre su aberrante excepción dictatorial, en un continente de imperfectas pero ejercibles democracias, no es suficiente para exhibir la monstruosa vejez del sueño que hizo nacer a la Revolución Cubana en los años 60 del siglo pasado?
La manifiesta estolidez de las coartadas patrioteras y la lista de culpables históricos de La Habana castrista —el bloqueo, el imperialismo, los gusanos—, ¿no bastan todavía para exhibir la indigencia mental de ese régimen político, sus catastróficos resultados en todos los órdenes luego de 60 años de opresión, empobrecimiento, deterioro, corrupción y esperpento?
¿No basta que añadan a su lista de culpables la “responsabilidad de Estados Unidos” por la muerte voluntaria de un preso político, Orlando Zapata, albañil y negro, pobre de solemnidad, preso por efecto de la estupidez, la impunidad y la vesania del régimen, quien se deja morir en la más alta y digna protesta final que es posible ejercer contra la muralla ciega, sorda y zafia de la tiranía cubana?
¿Estamos obligados a darle la mano a este museo vivo del horror político, a cuenta de una supuesta solidaridad con el pueblo cubano o a cuenta de esa esquizofrenia idiosincrática, supuestamente latinoamericanista, que sigue viendo en lo que pasa en la isla una epopeya de dignidad nacional, una raya de fuego pintada ante el imperialismo yanqui, cuyas consecuencias nos enorgullecen en lugar de escandalizarnos?
¿No alcanzan el realismo político ni la solidaridad moral para admitir que Cuba ha llegado a un pozo de miseria y opresión al que ningún país latinoamericano quisiera llegar?
Se habla de que el presidente Calderón de México prepara una visita oficial a Cuba. Para muchos ha sido suficiente disgusto verlo, en una reciente cumbre latinoamericana, dando la bienvenida a Raúl Castro a una asamblea cuyo propósito declarado es construir un continente más próspero y más libre.
Ha sido suficiente fiasco también ver al presidente de Brasil visitar La Habana en los días en que moría Orlando Zepeda sin levantar un dedo por su horrendo destino.
Para muchos, entre los que me cuento, sería materia de vergüenza nacional ver al Presidente de México viajar a La Habana y hacer ahí lo que ha hecho el presidente Lula.
Ya está bien de esta Cuba. No pido una declaración de guerra política ni una diplomacia activa contra la isla. Pido, simplemente, la suspensión de una complicidad.
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