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marzo 12, 2010

La aversión a la mayoría

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Se entiende la alergia mexicana a la posibilidad de que un gobierno tenga mayoría absoluta en el Congreso (50 más 1). Un Presidente fuerte con mayoría absoluta en el Congreso sería volver, dicen algunos, ¡y algunos priistas!, a los tiempos del presidencialismo autoritario.

Se entiende que la aversión a la mayoría esté en el adn de la transición democrática mexicana. Fue una transición hecha contra las mayorías abusivas del PRI y contra sus presidencias sin contrapesos, de inolvidables momentos catastróficos.

La democracia mexicana se construyó limando hasta desaparecer la mayoría del PRI y facilitando, hasta la invención, el crecimiento de las minorías, sinónimo hoy de la celebrada pluralidad de nuestra vida política.

(Obstáculo también a la construcción de mayorías que puedan gobernar, y disfraz de impresentables camarillas de políticos profesionales que representan poco más que sus intereses de grupo).

Es convicción de muchos que el principio de representación proporcional es más democrático que el de la mayoría pura y dura. Esta es la convicción, también, de la mayoría de los partidos participantes, pues un principio puro y duro de mayoría dejaría en la escena probablemente sólo a dos partidos.

Lo cierto, en mi opinión, es que, sin atentar contra la representación proporcional, debemos inclinar nuevamente la balanza hacia el principio de mayoría, y fortalecer la Presidencia, que hemos ido menguando hasta hacerla poco efectiva.

Nadie pide volver a las mayorías abusivas de antaño, pero las minorías paralizantes de hoy tampoco son una solución.

Previenen contra grandes equivocaciones que pueda cometer el Poder Ejecutivo, pero impiden también los aciertos mayores que puede tener un gobierno.

El México de hoy está urgido de aciertos mayores, no de empates preventivos, en órdenes fundamentales para el funcionamiento del país: el orden fiscal, el orden educativo, el orden laboral, el orden energético, el orden de la seguridad pública, el orden del pacto federal, el orden de las relaciones con América del Norte, la región del mundo donde están nuestros intereses, nuestras oportunidades de mexicanos.

Sólo un gobierno fuerte, un gobierno de mayorías efectivas, podrá plantearse con alguna probabilidad de éxito los cambios que México necesita.

La aversión a la mayoría ha cumplido su tarea. Hay que regresar el péndulo a su justo medio y la democracia a su principio esencial que es el del gobierno de la mayoría.