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marzo 09, 2010

Marcial Maciel: ejemplo y legado

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Si el padre Maciel predicó con el ejemplo, predicó a la vez el cielo y el infierno. Predicó el Reino de Cristo y la delincuencia sexual.

¿Mienten sus hijos biológicos cuando dicen que su padre abusó sexualmente de ellos? ¿Mienten sus hijos espirituales que han dado cuenta de lo mismo? ¿Mienten las evidencias de la larga pasión cumplida de Maciel por los niños y los jóvenes, cuya seducción su prédica condena?

¿Son compatibles los dos mundos? ¿La decisión de expandir el Reino de Cristo en la Tierra y la compulsión de abusar sexualmente de sus hijos espirituales y sus hijos biológicos?

¿No se contradicen demoniacamente ambos extremos? En el orden de la psicopatología o de la experiencia humana pura y dura, la conducta de Maciel pertenece al orden de la enfermedad, la conducta esquizoide, la hipocresía libertina o el santo pecador.

En el orden de la fe y la teología, en cuyas coordenadas se inscribe su obra, ¿no toca los linderos del Mal?

El silencio institucional de los Legionarios ¿arregla algo de la contradicción profunda que hay entre la conducta íntima del personaje y la ética declarada del mundo de educadores y pastores que su inspirada actividad dio a luz?

Sus discípulos, alumnos, herederos, ¿nada tienen que decir de las prácticas del fundador y de sus propios aprendizajes en el camino dual del ejemplo que recibieron de su Padre, como siguen llamándolo con reverencia?

Las familias que le dieron su confianza, los empresarios que le dieron su dinero, los padres que le entregaron a sus hijos para el seminario o para la escuela, ¿nada tienen que revisar en su confianza o en su entrega?

Marcial Maciel es un extremo de la complejidad humana. Su legado no puede institucionalizarse en el mundo de la fe católica, ni en el orden de la educación, sin una debida rendición de cuentas, similar a la hecha por la diócesis de Boston respecto a los abusos sexuales consuetudinarios de sus miembros.

Similar también, por cierto, a la que inicia en estos días el Vaticano sobre los casos de abuso sexual denunciados en el coro del hermano del Papa.

Los abismos morales del fundador son una bomba de tiempo, personal y colectiva, para el mundo del Regnum Christi.

En términos del ritual católico lo menos que toca hacer a sus herederos es un examen de conciencia, un propósito de enmienda y una honesta confesión de los pecados.

El propósito de enmienda en este caso querría decir una reparación monetaria y moral del daño, una lista efectiva de agraviados y una abierta petición de perdón a las víctimas.