agosto 13, 2010

¿Absolverá la historia a Uribe?

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Ya que la historia parece que tendrá que esperar un poco más para decidir si absuelve o no a Fidel Castro, el autor de la frase, me tomo la licencia para aplicársela a uno de sus enemigos declarados: Álvaro Uribe.

¿Qué legado deja el presidente colombiano tras ocho años de mandato? ¿Cómo lo juzgará la historia? Su último logro le costó trabajo, pero será un elemento muy importante en la balanza a su favor; me refiero a la decisión de aceptar finalmente dejar intacto el candado democrático que le impedía presentarse para un tercer mandato consecutivo. Uribe luchó (a veces con artimañas oscuras) para que se reformara en este punto la Constitución, pero no pudo ser y entregó el poder a sabiendas de que habría arrasado en las elecciones y de que se iba con más de un 70 por ciento de popularidad, lo nunca visto en un gobernante demócrata latinoamericano.

En un análisis histórico comparativo con Fidel, esta podría ser la gran diferencia entre lo que hizo el colombiano y lo que no hizo quien prometió que iba a hacerlo cuando fue juzgado por el asalto al cuartel Moncada y en su defensa dijo que luchaba contra la tiranía de Batista para devolver la libertad y la democracia a los cubanos (¡Ja!).

En un análisis político inmediato, esta será también la gran diferencia entre el colombiano y Chávez, quien no oculta a nadie su empeño de gobernar a perpetuidad, aunque sea pisoteando a la oposición y a la libertad de prensa.

Pero las comparaciones no dan para más, aunque la política de Uribe se haya basado muy principalmente en su enfrentamiento con Chávez (y por extensión con Castro).

No se trata aquí de hacer un repaso exhaustivo de lo que fue su mandato, sino de las consecuencias que ha tenido, y hay una que ha cambiado definitivamente a la nación: Uribe ha conseguido reducir el poder de la guerrilla a su mínima expresión. Las FARC eran un ejército guerrillero que desafiaba directamente al Estado, que controlaba territorios enormes y que tenía incluso “embajadas” en muchos países (entre ellos en México), donde eran considerados por muchos como rebeldes con causa. El mandatario saliente les quitó la máscara y los llamó por su verdadero nombre: terroristas que se aliaron con los narcotraficantes para incrementar su poder y atentar con más virulencia contra la población. Las FARC son ahora un guerrilla en desbandada, acorralada por las tropas regulares, desprestigiada internacionalmente y que mantiene aún rehenes encadenados en la selva no ya para negociar con el gobierno un cambio de modelo de Estado (marxista) sino para evitar ser capturados o bombardeados. Pero con capacidad aún de dar zarpazos y con un santuario donde protegerse: Venezuela; de ahí que Uribe no dude en denunciar a Chávez ante la Corte de La Haya y que el venezolano lo insulte ferozmente.

Algo parecido ha sucedido con el narcotráfico. Si los años anteriores a su llegada, en 2002, fueron un infierno de narcoterrorismo indiscriminado, políticos y policías comprados con narcodólares y una ambiente intolerable de impunidad, Uribe dejó la semana pasada el poder con los cárteles desintegrados y con sus capos abatidos o extraditados a EU. La política de “tolerancia cero” ha acabado con cultivos, laboratorios de cocaína y fortunas amasadas, al punto de que el principal productor de hoja de coca es ahora Perú y los grandes cárteles son mexicanos.

Todo esto fue posible tras su arriesgada apuesta por aliarse con el ejército estadunidense, una vez que comprendió que sus tropas, desmotivadas y pobremente armadas, jamás iban a ganar la guerra. La opinión pública al principio no lo entendió y la izquierda alertó sobre una invasión de la soberanía nacional, pero los resultados ahí están y el agradecimiento del pueblo también. Por eso Juan Manuel Santos, el ministro de Defensa de Uribe es hoy presidente.

Otro mérito de Uribe ha sido su política de desmovilización, por la que miles de guerrilleros y paramilitares han podido reincorporarse a la sociedad.

Sin embargo, pesará con fuerza en la otra bandeja de la balanza la cantidad intolerable de políticos que se aliaron a los grupos armados de ultraderecha —hay al menos 30 legisladores uribistas encarcelados— así como las graves denuncias contra uniformados por los llamados “falsos positivos”. Poco hizo el mandatario Uribe por evitar —y esta será su gran mancha— que al menos dos millares de campesinos fueran asesinados por militares, que luego los hacían pasar por cadáveres de guerrilleros para obtener recompensas y ascensos.

La balanza de la Historia finalmente sopesará lo bueno y lo malo del legado de Uribe y sentenciará sobre el mandatario que probablemente más haya influido en el destino de Colombia.

1 comentario:

sanuel fuenteazul dijo...

esto de los falsos positivos es algo grave y los mismo debe ser indagado a profundidad, asi establecer responsabilidades reales.
colombia no merece este tipo de cosas y por eso se deben aclarar California Divorce