agosto 21, 2010

Alguien tiene que ceder

Ivonne Melgar
Retrovisor
Excélsior

Si votaran en bloque los legisladores panistas y perredistas serían insuficientes los votos para avalar un presupuesto que en 2011 cubra las expectativas de Calderón.

El desaire de los coordinadores parlamentarios del PRI, el senador Manlio Fabio Beltrones y el diputado Francisco Rojas Gutiérrez, marcó el cierre de los diálogos por la seguridad.

Beatriz Paredes, la lideresa del tricolor, se salió con la suya. La representación legislativa mayoritaria en el Congreso dejó plantado a Felipe Calderón en el séptimo encuentro público destinado a fortalecer la estrategia gubernamental anticrimen.

El sábado anterior señalamos que ella le ganaría la batalla a Los Pinos si esta semana no se realizaba la sesión pendiente con los jefes de las bancadas, misma que se pospuso en dos ocasiones por la negativa de la también diputada.

El Presidente optó sin embargo por concretar el séptimo diálogo con las dos sillas vacías de los priistas y asumir materialmente la ausencia de los representantes de 33 senadores y 237 diputados.

¿Podemos hablar de un empate entre Beatriz y Calderón? Acaso en la resonancia mediática.

Con el cierre de filas por parte del senador Beltrones, ella demostró que el escepticismo en torno a los diálogos no era una terquedad personal y que la suspicacia hacia éstos es compartida por el poder legislativo tricolor, generando así la percepción de que la asistencia de los gobernadores de su partido respondió más a la simulación del protocolo que a una auténtica corresponsabilidad.

Para reforzar esta visión monolítica de la cúpula del PRI en contra del Presidente, el gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto declaró que la de Beltrones y Rojas no era una posición personal, sino partidista.

Calderón consiguió escenificar que su margen de maniobra no empieza ni termina con los tricolores, sus anteriores aliados. Y representar la convivencia civilizada de los poderes Ejecutivo y Legislativo con sus nuevos compañeros de viaje, los perredistas.

Porque en el séptimo diálogo, la interlocución estelar correspondió al senador Carlos Navarrete y al diputado José Guadalupe Acosta Naranjo, quienes retomaron la agenda expuesta, en sus respectivos encuentros, por Jesús Ortega, dirigente del PRD, y el jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard: impugnaciones a la participación de las fuerzas armadas en la estrategia; una política para los jóvenes, vulnerables al reclutamiento de la delincuencia, y ataque contra el lavado de dinero.

"La izquierda mexicana no va a ser útil al país, si no piensa primero en el país, a pesar de nuestras diferencias, y eso es lo que venimos a expresar el día de hoy a este lugar", concluyó Acosta Naranjo que, en su calidad de vicecoordinador de los diputados perredistas, acudió a la cita de los parlamentarios para no dejar vacío el lugar de Alejandro Encinas, jefe de la bancada y leal al principio de los fieles de Andrés Manuel López Obrador de no reconocer al gobierno.

Es un hecho que la "izquierda modosita", como le llama el ex candidato presidencial perredista, ha tomado una ruta contraria a la que hace un par de años perfilaban los seguidores de López Obrador, con la tesis de Porfirio Muñoz Ledo de que la administración de Calderón acabaría por descarrilarse sin concluir el sexenio.

Existe un realineamiento político de fuerzas que abona en la gobernabilidad del régimen y que da continuidad a la coyuntura electoral de una alianza partidista manifestada en las candidaturas comunes PAN-PRD del 4 de julio pasado.

Sin embargo, el trato conciliador de Calderón con Ebrard, Ortega, Navarrete y Acosta Naranjo no alcanza para el relanzamiento de la estrategia presidencial.

En el hipotético caso de que votaran en bloque, los legisladores panistas y perredistas son insuficientes para avalar un presupuesto que en 2011 cubra las expectativas de Calderón de ponerle más dinero a la seguridad.

Pero más allá de los números, están las impugnaciones de los perredistas a la preponderancia militar de la estrategia calderonista. "¿Hasta cuándo el Ejército en las calles?", preguntó Carlos Navarrete.

"Si es necesario, hasta el último día de mi mandato", respondió Calderón, quien dejó ir este jueves la oportunidad de escenificar un ánimo de rectificación.

Diplomático, Navarrete se limitó a recordarle: "Le tengo una noticia al Ejecutivo: de las iniciativas que están pendientes y de las que va a enviar, va a tener que multiplicarse el trabajo de sus secretarios; enviarlas, convencer, reunirse, agregar, ceder, aceptar ."

Sí, después de los diálogos, alguien tiene que ceder. ¿O alguien piensa en penalties acaso?

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