agosto 20, 2010

Biodegradables

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"En un tiempo de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario". George Orwell

A los políticos les gusta prohibir. Ésa es la razón real de la decisión del gobierno capitalino de proscribir el "regalo" de bolsas de plástico en tiendas o supermercados. La medida en nada ayudará al ambiente.

Las bolsas de plástico con las que se empacan los productos en tiendas y supermercados representan menos de 1 por ciento de la basura. Pero vamos a suponer que, efectivamente, las autoridades logren que el 100 por ciento sea remplazado por otras de plástico "biodegradable". ¿Ayudaría esto a resolver un 1 por ciento de los problemas del ambiente? Para nada. El éxito agravaría los problemas ambientales.

Las bolsas "biodegradables" sólo sirven para promover la imagen ecologista de los políticos y aliviar las culpas de las buenas conciencias. Su impacto sobre el ambiente puede ser peor que el polietileno.

Hay dos tipos de plástico biodegradable. Uno es un plástico normal al que se aplica un aditivo químico. El otro se elabora a partir de productos naturales, como el maíz. Los dos tienen problemas.

El primero es el costo. Los plásticos biodegradables son significativamente más caros que los tradicionales, aunque éste es un problema que la tecnología y un aumento en el volumen de producción podrían resolver. Lo más significativo, sin embargo, es que pueden ser más dañinos para el ambiente que los tradicionales.

Los plásticos biodegradables suelen requerir mayor energía para su fabricación. Esto aumenta el calentamiento global. Los que se fabrican de productos naturales, principalmente maíz, roban tierra agrícola a los alimentos. Si realmente se generalizara su producción, se provocaría una crisis de alimentos similar o más seria que la originada por el empleo del maíz para la producción de etanol.

Los plásticos a los que se añaden químicos dejan al degradarse fragmentos que duran tanto tiempo en el ambiente como los plásticos tradicionales. Su proceso de descomposición, por otra parte, emite grandes cantidades de dióxido de carbono que contribuye al calentamiento de la atmósfera.

Para ser resistentes, las bolsas de plástico biodegradable deben ser bastante más gruesas que las de plástico ultradelgado que se emplean actualmente en los supermercados. A pesar de que tienen un proceso de degradación más rápido, terminan por representar un problema ambiental mayor por su volumen.

Para realmente ser biodegradables, los plásticos necesitan estar en un ambiente de temperaturas altas y alta oxigenación. Estas condiciones no se dan en los rellenos sanitarios ni siquiera de los países avanzados. Se necesitan plantas industriales para ello. En los tiraderos al aire libre de México el plástico biodegradable no se descompone más rápido que el tradicional.

Un problema técnico muy serio consiste en definir qué es biodegradable. Los especialistas en Estados Unidos y Europa se han peleado durante años para determinar qué productos son realmente dignos de esta políticamente correcta designación. Muchos de los productos que se presentan como biodegradables realmente no lo son. Esto es importante porque en la nueva Ley de Residuos Sólidos de la Ciudad de México se permite regalar bolsas de plástico biodegradable mientras se prohíben las de plástico pero sin ofrecer especificaciones técnicas del material. La verdad es que en nuestros tiraderos de basura ningún plástico es realmente biodegradable.

El problema de los residuos de plástico es real. Para resolverlo hay que tomar medidas inteligentes. Prohibir que se den bolsas de plástico en los supermercados es una simple estupidez.

Cumpleaños

"Tú eres México. Cumples 200 años". La frase del gobierno federal nos ataca en toda suerte de anuncios. Si fuera verdad significaría que ni Cuauhtémoc, el joven abuelo, ni sor Juana Inés de la Cruz serían mexicanos. Qué triste que nuestros gobernantes quieran definir una nación que excluye a mexicanos de esta estatura.

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