agosto 18, 2010

Calzón de bruja

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

Para el burócrata, el mundo es simplemente un objeto que manipular. Karl Marx

Es una de esas medidas que no sirven realmente para nada, pero sí para que los políticos se levanten el cuello. Mañana se empezará a aplicar en la Ciudad de México una ley que prohíbe a las tiendas regalar bolsas de plástico para que sus clientes transporten sus mercancías. Los impulsores de la ley dicen que con ella se reducirá la contaminación. Lo único que lograrán, sin embargo, es hacerle la vida más difícil a la gente y golpear el presupuesto de los más pobres.

Las bolsas de plástico son un símbolo visual más que un verdadero problema de contaminación. Los estadounidenses les han dado el muy distintivo nombre de witches' britches, calzones de bruja, sobre todo cuando vuelan por las calles impulsadas por el viento. Por eso en México y en otros países del mundo se han tomado medidas para tratar de reducir su uso.

El problema de contaminación producido por estos calzones de bruja, sin embargo, es bastante pequeño. De las más de 12 mil toneladas de residuos sólidos que se producen en la Ciudad de México todos los días, las bolsas de polietileno son sólo una minúscula parte. Por otro lado, el plástico del que se fabrican es inerte, es decir, no agrede el ambiente. Muchos otros productos realmente agresivos no han sido objeto de las mismas restricciones.

Las bolsas, por otra parte, son uno de los pocos productos que se reciclan de manera sistemática. Las familias las usan para propósitos tan diversos como guardar el almuerzo de los hijos o separar y disponer de la basura.

Cobrar por las bolsas no resolverá el problema ecológico que éstas pudieran representar. Una bolsa contamina igual si se pagó o se regaló. Cobrar por ellas tampoco elimina la necesidad de tener una bolsa para la basura. En el mejor de los casos, si la gente realmente empieza a cargar su bolsa de tela o su canasta todo el día, será necesario de todas maneras comprar bolsas de plástico para la basura. En el peor de los casos simplemente se obligará a las personas a pagar por una bolsa indispensable que antes recibía de cortesía.

Según Eduardo Martínez Hernández, de la Asociación Nacional de Industrias del Plástico, la restricción al uso de las bolsas en otros lugares ha propiciado un incremento de 20 a 30 por ciento en el uso del polietileno ya que las bolsas que se compran para la basura tienen más plástico que las del súper.

Los castigos que los diputados decretaron para los criminales que se atrevan a regalar una bolsa de plástico a un cliente son draconianos. Las multas van de 57 mil a más de un millón de pesos, una verdadera sentencia de muerte para un comercio pequeño. Además se estableció un arresto de 36 horas de cárcel para el dueño, que los diputados estaban tratando de cambiar ayer de último momento. El castigo por regalar una bolsa de plástico es peor que por tirar basura directamente a la calle o que por conducir un auto en estado de ebriedad.

Ya sabemos, por otra parte, que estas multas se aplicarán al comercio organizado. Los ambulantes, tianguis y mercados sobre ruedas, que siempre dejan sus residuos en las calles, seguirán haciendo lo que se les antoje. Una vez más la autoridad está creando medidas para favorecer la informalidad.

La nueva Ley de Residuos Sólidos es una tontería más en una larga serie impulsada por nuestros políticos y burócratas. Obligar al cobro de las bolsas de plástico no sólo no ayuda al ambiente sino que lo afecta negativamente, golpea a los más pobres y genera un nuevo incentivo para la informalización de la economía. Con estos amigos en la Asamblea Legislativa, para qué queremos enemigos.

Menos trámites

La mejor manera de hacer competitiva la economía, sin tener que pasar por un Congreso que con su trabajo suele empeorar las cosas antes que mejorarlas, es eliminar trámites burocráticos. Por eso es positivo que el gobierno federal haya anunciado 12 nuevas medidas para simplificar procedimientos.

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