agosto 08, 2010

Contar la historia

Rafael Pérez Gay
El Universal

Me invitó el Museo Tamayo al ciclo “Drogas, cultura y Sociedad”, una jornada de exposiciones y comentarios llamada “Razones para debatir”. Me tocó en suerte el tema de “Reportaje y literatura”. Y acepté. De inmediato supe que me metía en un aprieto, mucho más si esos dos géneros hay que referirlos al narcotráfico y al momento crítico de la violencia mexicana. No soy un conocedor del tema ni de lejos; en cambio, soy un espectador alarmado que desayuna frente a las imágenes impresas en color de doce cuerpos sin vida tirados en una carretera de Tamaulipas con claras señales de tortura y tiro de gracia en la nuca. Me llena de estupor que las bandas enemigas le corten la cabeza a sus rivales y las hagan rodar por las calles de Reynosa, las mismas páginas muestran tambos dentro de los cuales uno o varios cuerpos han desaparecido en ácido sulfúrico. El asesinato de jóvenes en Torreón a manos de sicarios que se refugiaban en una cárcel de Durango me parece una parábola de la descomposición del tejido social y del mal a secas. Hace años me invitaron a Ciudad Juárez y no hubo lugar en el que no se hablara de la muerte. He dicho entonces que soy un espectador y, agrego, un lector de lo que aparece en la prensa y se imprime en los libros, no muchos por cierto. He leído reportajes sobre esta nueva vida mexicana y he sido testigo del momento en el cual los textos pasan una frontera invisible y se convierten en literatura. Si no soy un conocedor del narco, en cambio sé reconocer cuando una historia ha sido bien contada, en un reportaje o en la página de una novela.

Tomás Eloy Martínez escribió que los seres humanos nos pasamos la vida buscando cosas que ya hemos encontrado. ¿Con qué palabras narrar la desesperación de una madre que ha perdido un hijo si ya hemos visto la escena en la televisión y oído en la radio las palabras irrepetibles de la tragedia? Desde hace muchos años el periodismo ha resuelto el problema a través de la narración. El problema, dice Tomás Eloy Martínez, es que a los editores de periódicos les cuesta aceptar que ésa es la respuesta. Desprendo de esta lección un desafío: contar la historia. Se trate de un reportaje, de un cuento, de una novela, la clave estará en contar la historia, esta llave no sólo no desaparecerá nunca sino que cada día es más necesaria.

Algunos de los grandes secretos del periodismo se esconden en las novelas. Voy a escribir uno: era un hombre sin importancia colectiva, simplemente un individuo. Esta frase de Céline figura como epígrafe de “La náusea” de Sartre y oculta la fibra última de una regla periodística: buscar detrás del hecho al ser humano. Desde luego, no siempre es posible descubrir a través de una vida lo que hace falta saber de muchas vidas. 25 mil muertos dicen todo y nada. Contar la historia rigurosa de uno de ellos puede decir mucho más no sólo que ese número escalofriante sino que las imágenes de la televisión, las declaraciones de un político, el artículo de un comentarista o los números de una estadística que parecen encerrar la verdad. Ese es el reportaje que a mí me interesa, pero cada vez lo encuentro menos en las páginas de los periódicos.

No creo que el periodismo pueda escribirse como una novela. La idea de la narrativa soportada en adjetivos y floripondios, lirismos y poetry no tiene nada que ver con el periodismo, pero tampoco con la literatura. Sostengo que escribir bien, conmover al lector y al mismo tiempo contarle una historia rigurosa pertenece tanto a la periodismo como a las letras de ficción. ¿Puede una mujer enamorarse un asesino, de un capo? ¿Cuánto dura la vida de un narco de trinchera? Narrar es uno de los verbos más antiguos que se conocen; el periodismo, si pretende sobrevivir, no debe renunciar a esa acción que fundó la mente del ser humano que quiso contar algo en las cuevas de Altamira.

Según Artur Domoslawski, biógrafo de Kapuscinski, asegura que el gran escritor cuidó a conciencia su imagen de reportero valiente que arriesgaba el pellejo una y otra vez e incluso llegó a maquillar situaciones de gran peligro. Que exageraba la nota, literalmente. Sus libros no perderán ni profundidad ni belleza, pero subirán el telón de una obra: ¿cuánta ficción soporta un reportaje? Ni un gramo. De ser así, entonces esa pieza se convertirá en el capítulo de una novela. En Lapidarium II, Kapuscinski escribió: “Si entre muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertira en falsedad, y tú, en un fanático”.

(Este artículo está basado en “El otro género” de Tomás Eloy Martínez: La otra realidad FCE, y en El gran viaje de Kapuscinski, I Seminario Virtual de Literatura y Periodismo. Universia, Escuela de Periodismo, Carolina).

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