agosto 06, 2010

Disneylandia y el matrimonio gay

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

He aquí dos sentencias judiciales y una aprobación legislativa llamadas a hacer historia: Un juez federal de EU falló este miércoles que la Proposición 8, la ley que prohibió en California la celebración de bodas homosexuales, es ilegal. Ayer, tras dos días de deliberaciones, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) avaló que los matrimonios del mismo sexo en el Distrito Federal no violan ninguna disposición establecida en la Constitución mexicana. Por último, un arquitecto jubilado y un administrativo divorciado corrieron el martes pasado al registro civil de Buenos Aires para convertirse en la primera pareja gay que se casa legalmente en Argentina, dos semanas después de que el país sudamericano se convirtiera en el primero de América Latina —y segundo del continente, después de Canadá— que permite el matrimonio homosexual, gracias al apoyo logrado tras una votación en el Congreso.

En los tres casos, partidarios y detractores exigían un pronunciamiento claro de las autoridades sobre una de las últimas revoluciones sociales en marcha, la del reconocimiento de los derechos de los homosexuales, fuertemente discutida por la Iglesia y los sectores más conservadores de la población. El resultado, sin embargo, ha sido letal para los que se oponían con firmeza a este tipo de uniones y estaban seguros de que la ley estaba con ellos. Como afirmaron los legisladores argentinos y sentenciaron después los magistrados mexicanos y el juez californiano, no existe ninguna base legal que impida a una persona casarse con otra del mismo sexo y adquirir los mismos derechos y deberes que tendría cualquier pareja heterosexual.

En el caso de California, por ejemplo, la sentencia del juez es de una claridad que no deja lugar a dudas: la ley actual, por muy refrendada que esté por la población en el referéndum de 2008, es injusta porque otorga a las parejas de sexo opuesto un estatus “superior” al de las parejas del mismo sexo, sin que haya un solo artículo de la Constitución estadunidense que determine que se debe imponer esta superioridad. O por decirlo de otra manera, el magistrado Vaughn Walker dictaminó que negar el derecho a casarse a dos personas que así lo desean viola la enmienda 14 de la Carta Magna, que defiende la igualdad de derechos y libertades de todos los ciudadanos.

Algo muy parecido opinó la mayoría de ministros del alto tribunal mexicano en sus deliberaciones sobre la iniciativa del gobierno federal para tumbar la ley aprobada en la capital. A la queja del magistrado Sergio Aguirre Anguiano de que la “familia ideal” era exclusivamente la formada por un hombre, una mujer y los hijos que procreen, su colega el ministro Arturo Zaldívar refutó recordándole que esa familia “tipo Disneylandia” no refleja la realidad de México, que es la de un país que lleva más tiempo del que pensamos tolerando todo tipo de uniones familiares, desde madres solteras a padres divorciados, uniones libres y ahora también matrimonios del mismo sexo. El mismo juez de la SCJN metió el dedo en la llaga tras alertar cuántas de esas “familias ideales” están formadas por hombres que golpean o abusan a sus mujeres o hijos, sin que nadie haya puesto en entredicho la validez de los matrimonios heterosexuales.

Sentada así la legalidad de los matrimonios gays en California y bendecida por el máximo tribunal mexicano, la cuestión ahora es si esta revolución en marcha va a sentar jurisprudencia y extenderse a todo Estados Unidos y la república mexicana, o en muchas entidades de ambos países van a seguir pensando que viven en Disneylandia. Tarde o temprano las autoridades estatales o federales en ambos países tendrán que pronunciarse definitivamente.

Los sectores que se oponen seguirán de todos modos con la lucha. Recuerdo en España cuando se aprobó hace cinco años el matrimonio gay y los obispos sacaron a sus fieles a las calles para denunciar la segura destrucción de la familia tradicional. Pasados estos años, la familia tradicional española no ha desaparecido y convive en armonía con los matrimonios del mismo sexo, muchos de ellos con hijos adoptados, dejando así en evidencia al clero y a los sectores conservadores, que no les ha quedado de otra desde entonces que guardar silencio.

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