agosto 11, 2010

Drogas: el factor externo

José Antonio Crespo
Horizonte político
Excélsior

Aun si EU quisiera combatir en verdad al narco, poderosas razones políticas y sociales se lo impiden o no se lo hacen recomendable.

A mi juicio, uno de los más graves errores de la actual estrategia contra los cárteles de la droga fue haber hecho descansar su éxito (así fuese relativo) en variables sobre las cuales nuestro gobierno no tiene ningún control, sino que dependen de agentes totalmente ajenos. Se puede con razón afirmar que es indispensable depurar las policías, combatir la corrupción de funcionarios, fortalecer y transparentar el sistema de aduanas, monitorear la red financiera nacional, recuperar el control de cárceles y penitenciarías, mejorar las armas y pertrechos de los cuerpos de seguridad, porque todo ello -o mucho- puede hacerlo en principio nuestro gobierno (cosa distinta es que, por diversas razones, tampoco logre hacerlo). Más complicado es fijar metas que están fuera de nuestro control, pues son esencialmente exógenas, como la reducción de la demanda de drogas en Estados Unidos, la prohibición de la venta de armas, o la persecución frontal de los cárteles que ahí operan, al estilo colombiano y mexicano. De poco sirve que en discursos y ceremonias el gobierno estadunidense reconozca la parte de responsabilidad que le corresponde en este problema, si al mismo tiempo no hace gran esfuerzo por incidir sobre las variables sobre las que él podría influir. Pero aun si quisiera hacerlo, poderosas razones políticas y sociales se lo impiden, o no se lo hacen recomendable.

En 2008 Calderón dijo, por ejemplo: "Se trata de problemas internacionales que sólo con una estrategia internacional se podrán resolver (para ser) capaces de reducir su potencial criminalidad a través de la reducción de la oferta, el suministro de droga, pero también a través de la reducción del consumo y del abatimiento de la renta económica de sus mercados" (7/X/08). Estados Unidos dedica muchos recursos a reducir el consumo en su país y, sin embargo, la demanda ha crecido. Pero incluso si le dedicara diez veces más de fondos, el mercado no desaparecería. Seguirá siendo un acicate a la oferta que proviene de Colombia y México (y de los propios Estados Unidos, desde luego). Si de la reducción-desaparición del mercado estadunidense depende el éxito de nuestra estrategia, pues démosla ya por fallida.

Por otro lado, Calderón dijo a periodistas españoles: "Es inconcebible que las redes mexicanas existan sólo en el lado mexicano y que al pasar la frontera desaparezcan por arte de magia, como si no existieran" (9/VI/08). Y más tarde declaró: "Si el crimen existe dada la corrupción de las autoridades (mexicanas), díganme ustedes cómo se explica el mercado más grande del mundo sin la corrupción de ciertas autoridades en Estados Unidos" (12/III/09). Con ello sugería que allá no se hace el mismo esfuerzo de combatir frontalmente a las redes de la droga. Y es cierto, pero Estados Unidos no adoptará la estrategia colombiana o mexicana para ello, precisamente porque no quieren desatar en su territorio una ola de violencia incontenible como la que hemos padecido los países al sur del Bravo. Allá no están locos; aprendieron bien la lección con la prohibición del alcohol. Aquí apenas estamos experimentando y aprendiendo en cabeza propia (pues nadie lo hace en cabeza ajena). Si de eso depende el éxito de nuestra estrategia, pues ya podemos darla por fracasada.

Y en cuanto al control de las armas allá, el sellamiento de la frontera a ese comercio ilícito o la prohibición a la venta de armas de cierto calibre, ha dicho Calderón: "Yo estoy haciendo mi lucha contra la corrupción en las autoridades mexicanas... pero creo que también falta una buena limpieza del otro lado de la frontera. Washington tiene que controlar el tráfico de armas hacia México" (27/II/09). Pero resulta que los estadunidenses, por razones históricas y culturales, permitieron desde su nacimiento la libre venta de armas, elevándola a rango constitucional. No parecen creer que dicha libertad les haga daño, como sugiere nuestro gobierno. Nos han dicho de mil maneras que eso no cambiará. Insistir en ello es dar vueltas en círculos. Lo dicho; si el éxito de nuestra estrategia depende de lo que haga o deje de hacer Estados Unidos con la demanda de drogas, el combate frontal de los cárteles gringos, y la venta y trasiego de armas, entonces podemos darla por perdida. De ahí la importancia de revisar a fondo esa estrategia, pues si esperamos a que Estados Unidos haga tal o cual cosa, nos quedaremos esperando, en tanto la violencia sigue creciendo aquí.

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