agosto 16, 2010

El beso del comandante

Pablo Hiriart
phl@razon.com.mx
www.twitter.com/phiriart
La Razón

El “sembrador de besos” ya recibió uno, el del comandante Fidel Castro Ruz.

Y al “sembrador” se le fue el aliento: comparó a Castro con Churchill. De Gaulle, Luther King, Gandhi…

Fidel y la Revolución cubana tuvieron atractivo cuando a través del socialismo se buscaba la creación del hombre nuevo.

Para México era importante mediar entre Cuba y Estados Unidos. Así nos respetaban al norte y al sur.

Era un asunto de seguridad nacional mantener una buena relación con el gobierno cubano para evitar que fomentara guerrillas en México y convirtiera a nuestro país en un campo de batalla de la Guerra Fría.

Pero el hombre nuevo salió huyendo de Cuba en una balsa, porque el experimento derivó en una dictadura del Partido Comunista y su caudillo, Fidel Castro. Así se mantiene hasta ahora.

Caída la URSS, Cuba se entregó a Venezuela como metrópoli benefactora para sostener una economía y un régimen que no dan para más.

El Comandante busca aliados, y de hecho los tiene en el eje chavista. Pero es muy débil.

Castro y Chávez necesitan a México.

No en vano el chavismo habló en 2006 de la inminente constitución del eje Caracas-La Habana-México.

Con la deportación de Carlos Ahumada a México en 2005, Fidel Castro jugó todas sus cartas para ayudar a López Obrador.

Intervino indebidamente en la política interna mexicana al interrogar con su policía política a Carlos Ahumada, cuando su papel era hacerle un juicio de extradición.

Lo metió en mazmorras, lo interrogó sobre asuntos políticos internos de México, videograbó y soltó la parte de los videos que le convenían a López Obrador.

Castro mandó agentes de la inteligencia cubana a acordar con dirigentes del PRD los términos del retorno de Ahumada a México: era clave que fuera deportación, y no extradición.

Hasta la cocina de los asuntos internos de México se metió Castro Ruz. Y perdió las elecciones. Perdió su candidato López Obrador.

Adiós al eje Caracas-La Habana-México.

Ahora, a un año de que se definan las candidaturas presidenciales, Castro vuelve a inmiscuirse en la política de nuestro país para darle aire a su carta en México.

Lo puede hacer con mayor facilidad, pues ya no es Presidente, aunque siga dictando en Cuba a través de su hermano menor, el también octogenario Raúl Castro.

Fidel Castro ha votado, en primera instancia, contra Marcelo Ebrard.

López Obrador es el “único político con autoridad moral” en México, dice.

La izquierda abyecta a la tiranía cubana se reanimará con ese espaldarazo del Comandante.

Pero a López Obrador no le va a servir de mucho.

Ha sido evidenciado como la carta del castrismo en México.

Es el candidato de un dictador que lleva más de 50 años en el poder.

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