agosto 06, 2010

El desafío hispano de Obama

Andrés Oppenheimer
El Informe Oppenheimer
Reforma

El bando de los republicanos que apoya la ley SB1070 está mucho más motivado que el bando de los hispanos

A juzgar por las últimas encuestas, y por la reacción de los lectores a mi última columna sobre la ley inmigratoria de Arizona, el Presidente Obama tendrá dificultades en lograr que los hispanos salgan a votar y poder mantener el control del Congreso en las elecciones legislativas de noviembre.

El índice de aprobación de Obama entre los hispanos ha caído desde 64 por ciento a principios de junio a 54 por ciento a fines de julio, según una encuesta de Zogby International.

Otra encuesta anterior de Gallup revela que el apoyo a Obama entre los hispanos cayó desde 69 a 57 por ciento en los primeros cinco meses de este año, mientras que el apoyo de los blancos y los afroamericanos ha permanecido en los mismos niveles durante el mismo periodo.

Y lo que es aún peor para los demócratas, las encuestas revelan que muchos hispanos no saldrán a votar en noviembre.

"Se calcula una asistencia a las urnas bastante baja entre los hispanos: los hispanos están desencantados con el Gobierno de Obama y desilusionados con la economía, que es el tema más importante para todos", dice el encuestador John Zogby.

Los encuestadores coinciden en que, si los hispanos no salen a votar, al Presidente Obama le resultará difícil conservar ambas Cámaras del Congreso.

Hay alrededor de 70 bancas en la Cámara de Representantes que están en peligro -la mayoría de ellas demócratas- y el Partido Republicano sólo debe ganar 39 bancas para recuperar la Cámara.

Y el voto hispano será crítico en algunos de los estados con elecciones mas reñidas, incluyendo Florida, Nevada, Nuevo México, Colorado y Arizona.

"El voto hispano será probablemente el factor principal para que los demócratas puedan mantener el control de la Cámara baja", agrega Zogby. "Los demócratas no pueden sobrevivir si sólo consiguen 54 por ciento del voto hispano".

Por lo que puedo detectar en mi pequeño rincón periodístico, el bando de los republicanos que apoya la ley antiinmigración de Arizona está mucho más motivado que el bando de los hispanos que nos oponemos a la misma.

Después de publicada mi columna del 31 de julio sobre el probable impacto del fallo judicial que suspendió las partes más drásticas de la ley de Arizona, recibí una avalancha de comentarios de lectores que criticaban mi oposición a esa ley estatal.

En el momento en que escribo esta columna, 225 lectores comentaron la versión de la columna en inglés en www.miamiherald.com, la enorme mayoría de ellos defendiendo apasionadamente la ley de Arizona y criticando mi posición.

En comparación, sólo recibí 15 comentarios de lectores de la misma columna en el sitio web en español de El Nuevo Herald, www.elnuevoherald.com.

Simon Rosenberg, presidente del New Democrat Network, un centro de investigación de centroizquierda, reconoció que "el voto latino en el 2010 seguirá siendo aún abrumadoramente demócrata, pero será un porcentaje menor del electorado que en las dos últimas elecciones".

Un vocero del Comité Nacional Demócrata me dijo que el partido ha lanzado un esfuerzo de 50 millones de dólares para conseguir que salgan a votar los hispanos, afroamericanos y otros de los grupos más motivados para acudir a las urnas en noviembre.

Eso -y el hecho de que el presidente del Partido Demócrata, Tim Kaine, habla fluidamente el español- puede ayudar a conseguir que los hispanos vayan a votar, me señaló.

Mi opinión: Obama enfrenta una batalla cuesta arriba para conseguir en las elecciones de noviembre un porcentaje cercano al 67 por ciento del voto hispano que obtuvo en las elecciones de 2008.

Por supuesto, siempre existe la posibilidad de que los sectores antiinmigración de la derecha republicana impulsen leyes aún más xenofóbicas y mantengan el tema en la primera plana de los medios, lo que impulsaría a más votantes hispanos a acudir a las urnas y votar por los demócratas en noviembre.

Pero si eso no ocurre, Obama tendrá que dedicar mucho más tiempo a grabar anuncios televisivos en español -fingiendo que domina el idioma- como lo hizo durante su campaña de 2008, o correrá el riesgo de sufrir una fuerte caída del voto hispano.

Posdata: Como muchos lectores que comentaron mi columna del 31 de julio me criticaron por llamarlos "antiinmigrantes", señalando que "no estamos en contra de la inmigración, sino solamente en contra de la inmigración ilegal", permítanme afirmar una vez más que no compro ese argumento.

Es un argumento tramposo, porque bajo las leyes actuales, el mercado de trabajo de Estados Unidos requiere cientos de miles de trabajadores indocumentados, mientras que el sistema inmigratorio sólo ofrece visas legales para una pequeña fracción de ese número.

Esa es una receta para forzar a la gente a entrar en el país sin documentos, y es la razón por la que el país necesita una reforma inmigratoria realista.

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