agosto 30, 2010

El engaño de bajar impuestos

Otto Granados
og1956@gmail.com
Heterodoxias
La Razón

Algunos de nuestros políticos son muy propensos a soltar, de tarde en tarde, la engañifa de querer bajar impuestos. Desde el punto de vista de las finanzas públicas tal formulación es insostenible. Pero políticamente, más que una pésima idea, puede ser algo peor: un balazo en el pie. Veamos por qué.

La primera razón es que la disfuncionalidad del sistema fiscal mexicano consiste en su ineficiencia recaudatoria, la enorme cantidad de agujeros fiscales en la forma de excepciones y exenciones, y la evasión, no en sus tasas.

Esto ha provocado que un mecanismo, que debería ser altamente redistributivo en términos de equidad social, termine por beneficiar a los más ricos (claramente es el caso del IVA) y por profundizar la anemia financiera del Estado para atender necesidades de política pública más sofisticadas y, por ende, más caras.

México es uno de los peores ejemplos en este tema. Mientras que en los países de la OCDE el promedio de ingresos públicos, cuya principal fuente son los impuestos, es de 42% del PIB y en América Latina de 25%, en México la proporción es de 21%. En suma, hay un doble problema: los gobiernos en México —federal, estatales y municipales— recaudan poco y mal y gastan mucho y mal.

Segundo alegato: dicen que bajar impuestos, digamos el IVA, “ayuda a los pobres”. Falso.

Hay ya suficiente evidencia que prueba que la combinación de ingresos inadecuados, servicios de baja calidad y mala focalización explica por qué la desigualdad se ha mantenido tan alta: mientras que en la zona OCDE los ingresos del 10% más ricos son en promedio nueve veces superiores a los del decil más pobre, en México ese abismo es de 25 veces.

Más aún: ¿dicen que esto es ser “progresista”? Pues vean el ejemplo del siempre citable Felipe González: cuando el Partido Socialista Obrero Español llegó al poder, en 1982, la recaudación fiscal era del 23% del PIB y cuando salió, catorce años después, era del 36%. Y, pese a la coyuntura actual, España, diría el sucesor de Felipe, va bien.

Por último, ¿es medianamente cuerdo querer reducir los ingresos fiscales en un país con tantas carencias y que crece al 2% anual? Si el PRI gana la Presidencia en 2012 las expectativas van a ser desmesuradas y el gobierno estará bajo presión para responder al votante con resultados concretos, tangibles y rápidos en las áreas más sensibles: salud, educación, servicios y seguridad. Y eso cuesta mucho dinero.

Para proveerlo, ¿los recién llegados reducirán burocracia, corrupción o subsidios improductivos? No, porque la actual estructura de gasto público está diseñada precisamente para el desperdicio.

Entonces ¿bajar ahora el IVA para ganar elecciones y subirlo después? Tampoco: nadie se atreverá a decepcionar al electorado que los perdonó, resucitó y reinstaló en la Presidencia.

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