agosto 21, 2010

El infierno que viene

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Universal

La nueva película de Luis Estrada, programada para estrenarse el 3 de septiembre, de seguro cimbrará al mundo político y a la opinión pública por su guión directo y descarnado sobre lo que vive en este momento buena parte del país respecto a la lucha contra el narco.

Si en el año 2000, con su película La Ley de Herodes, el cineasta Luis Estrada contribuyó desde el cine a la histórica caída del PRI del poder presidencial, en este año del Bicentenario y de la violencia del narco, el director mexicano estrenará otra obra magistral que bien puede considerarse, desde ahora, como la versión “no oficial” del 2010.

El Infierno, programada para estrenarse el 3 de septiembre, será una película que cimbrará al mundo político y a la opinión pública por su guión directo y descarnado sobre lo que vive en este momento buena parte del país. Con una realización y una narrativa impecables, Estrada retrata y cuestiona la llamada “guerra contra el crimen organizado”, la descomposición social que le acompaña, y la degradación y penetración de todas las instituciones —tanto las de la sociedad como del Estado— que ha hecho de varios estados y regiones de México auténticos “infiernos”.

“El infierno es aquí y ahora”, dice un personaje de la cinta, en un imaginario “San Miguel (N)Arcangel”, Estrada muestra una realidad que bien podría ser la de Ciudad Juárez, Monterrey, Tepic, Veracruz, Torreón o cualquier otro municipio de México.

Desnuda y exhibe, lo mismo la simulación y corrupción de los gobiernos y cuerpos de seguridad federales, estatales o municipales en la lucha contra el narco, que la burda ignorancia y desmedida violencia de capos y sicaros sanguinarios que se asesinan salvajemente entre ellos, sin respetar ningún tipo de códigos, ni siquiera los familiares, o la ambición por el dinero que ha corrompido a toda una sociedad en crisis total de valores: hermanos que se asesinan y traicionan entre sí, madres que se hacen de la vista gorda ante hijos criminales a cambio de dinero para comer y algún electrodoméstico, y niños y jóvenes que sueñan con ganar dinero fácil y convertirse en un sicario “bien chingón”.

La cinta, crudo retrato del México 2010 que arriba a este Bicentenario que está por celebrarse, se encuentra en manos de la Secretaría de Gobernación, en espera de que RTC defina qué clasificación le otorga. Ahí se verá un primer indicio de cómo toma el régimen y el gobierno de Felipe Calderón una película en la que, directamente, a través de una fotografía oficial del presidente que aparece por segundos en pantalla, cuestiona y destroza la versión oficial de la lucha anticrimen y el lugar común de que “vamos ganando la guerra, aunque no lo parezca”

Si RTC le da clasificación “C” a la cinta de Luis Estrada, será un primer aviso de que El Infierno causará indigestión y malestar en el gobierno, aun antes de su salida. Una clasificación de ese tipo, que impediría la entrada a las salas a adolescentes y menores de 18 años, desataría la polémica y denuncias de la producción, sobre todo cuando películas extranjeras mucho más violentas, actualmente en cartelera, recibieron clasificación “B”.

¿Habrá intento de censura ante una cinta que, con gran narrativa, grandes actores y una gran producción, puede verse como una dura crítica al México convulsionado y violento que han dejado cuatro años de calderonismo? Sería un error político grave. Porqué, aunque dura y crítica al actual gobierno y con un lenguaje que no disimula ni hace concesiones en los cuestionamientos, la nueva película de Luis Estrada dista mucho de ser sólo una crítica al gobierno de Calderón. Su argumento y su crítica son mucho más amplias: igual que Calderón aparecen fotografías y alusiones a la corrupción en el sexenio de Vicente Fox, de Ernesto Zedillo, de Carlos Salinas y hasta de Miguel de la Madrid, como gobiernos que tuvieron connivencia y convivencia con los narcotraficantes.

Pero la demoledora visión del México actual que se aprecia en “Infierno” no sólo cuestiona al gobierno, sino a la familia, a la Iglesia, al Ejército, a la ambición desmedida por el dinero en los mexicanos, a la descomposición que vivimos como país y como sociedad que tolera, padece y termina por aceptar el dinero del narco como lubricante que aceita la economía nacional.

Pronto llegará a las pantallas, si a alguna mente pequeña no se le ocurre otra cosa. Y Luis Estrada, quien en 2000 fue aclamado por muchos, entre ellos los panistas, por su demoledora crítica y retrato del régimen priísta de 70 años en su “Ley de Herodes”, volverá a ser aclamado por muchos —quien sabe si por los panistas— por una cinta que, aunque entretiene, emociona y por momentos hace reír con genial humor negro, al final es un golpe seco de realidad, incomoda realidad, que sacudirá conciencias.

¿LOS 10 GRANDES AL RESCATE?

Y hablando de “infiernos”, en Monterrey y buena parte de Nuevo León, donde el desánimo social y la desesperación campean ante la violencia desbordada, no pocos se preguntan, ¿dónde están los grandes capitanes de la industria regia que por décadas se preciaron de la seguridad invulnerable en su Estado?

No es que la seguridad sea responsabilidad del empresariado, pero ante la incapacidad manifiesta que le reclaman los regios al gobernador y al gobierno federal, que apenas responde tímidamente con el envío de refuerzos policiales y militares, muchos quisieran ver una respuesta de los magnates que históricamente se han involucrado en la estabilidad y el orden en las tierras donde nacieron sus emporios.

Una explicación que dan allegados al “club de los capitanes regios” es que varios de ellos sí se metieron al tema de la inseguridad y la violencia del narco pero lo han hecho hasta ahora de manera individual y aislada. Algún empresario contrató seguridad israelí para cuidar sus empresas y las zonas aledañas, otro creó su propio cuerpo de seguridad, y así el efecto de esas acciones se diluyó en la fragmentación.

En Monterrey, donde aún no se sienten los efectos del envío de fuerzas federales y la presencia del secretario de Gobernación, Francisco Blake, corre una fuerte versión que dice que después de lo ocurrido con el secuestro y asesinato del alcalde de Santiago, Edelmiro Cavazos, los 10 principales empresarios regios, cansados de la ineficacia de las autoridades, han decidido actuar y que recientemente se reunieron para trazar, ahora sí de manera conjunta, una estrategia de seguridad con la que pretenden sacar al estado del caos y la incertidumbre en que lo han sumido los narcos y la ineptitud oficial. ¿Será que los capitanes regios piensan traer grupos de “limpieza” como los que tenía el alcalde de San Pedro, Mauricio Fernández, o van por una estrategia coordinada con las autoridades?

NOTAS INDISCRETAS… En una jugada estratégica, Manlio Fabio Beltrones decidió mover la reunión plenaria de la bancada del PRI en el Senado a Guerrero, en lugar de Tijuana donde la habían programado sin consultarle. “En Tijuana ya ganamos, en Guerrero es donde ahora tenemos que ganar”, dijo el líder senatorial que decidió llevar toda la fuerza de su bancada a Acapulco, el 23 y 24 de agosto, para darle un abierto “espaldarazo” a su amigo, el precandidato del PRI, Manuel Añorve. Entre los temas que debatirán los senadores priistas en su agenda parlamentaria está la Reforma laboral que quieren impulsar en el próximo periodo, además de leyes para reformar a los órganos reguladores –léase Cofetel y Cofeco— y mejorar así la competencia económica… Dados enrachados. Escalera.

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