agosto 07, 2010

El (mal) ejemplo colombiano

Andrés Pascoe Rippey
apascoe@cronica.com.mx
Invasión retrofutura
La Crónica de Hoy

Algo bueno tuvo, en todo el horror que significa, el levantón a los periodistas esta semana. Naturalmente es algo que no le deseo a nadie y tengo sincera admiración por el valor que mostraron los secuestrados, pero si hemos de sacar provecho de la desgracia, este caso mostró la capacidad de todo un gremio de frenar el chantaje

Para Nicolás, por valiente.

Si bien el optimismo no es lo mío —nunca me sale natural—, sin duda hay momentos en los que vale la pena tratar de verle el lado bueno a las cosas, así sean francamente siniestras.

Algo bueno tuvo, en todo el horror que significa, el levantón a los periodistas esta semana. Naturalmente es algo que no le deseo a nadie y tengo sincera admiración por el valor que mostraron los secuestrados, pero si hemos de sacar provecho de la desgracia, este caso mostró la capacidad de todo un gremio —y uno bastante poderoso si se une— de frenar el chantaje.

Una línea peligrosa se cruza cuando el crimen organizado empieza a decirle a los medios lo que pueden o no pueden decir. La reacción de los periodistas, rechazando las imposiciones, manda un fuerte mensaje a los criminales y, en esencia, protege a los informadores. Si se sabe que el chantaje no funciona, no tiene caso llevarlo a cabo.

En ese mismo tema hay otra buena noticia: el extraño pero festejable giro que dio el presidente Calderón al abrir el debate sobre la legalización de las drogas. El extinto PSD hizo una fuerte campaña en 2009 en torno a ese tema, pero fue en general desestimado y criticado por el PAN y los sectores conservadores del gobierno. Ahora las cosas empiezan a cambiar, como suele suceder con las buenas ideas: primero las tiran a la basura y poco a poco éstas vuelven a salir, ganando conciencias, hasta volverse parte de las opciones nacionales.

El llamado de Calderón a debatir éste y otros asuntos respecto a la batalla contra el crimen es tardía y un poco oportunista, pero es también una oportunidad que no puede dejarse pasar por ningún motivo. La valiente propuesta que hizo el PSD en aquel entonces debe ser ahora recuperada y revalorada, como un primer paso para robarles a los delincuentes el río de lana que significa el tráfico de drogas ilegales. Además, este debate, llevado a buen puerto, puede alejarnos de seguir el camino de Colombia y su propia guerra contra el narco.

Esto es importante porque se oyen muchas voces que llaman a seguir el “ejemplo” de Álvaro Uribe y sus supuestos avances en el debilitamiento de las FARC, así como del narco en general. Pero hay un lado oculto —terrible— que México no debe imitar y que irónicamente ha sido silenciado por los medios colombianos.

Por un lado, justo ayer, la Fiscalía General de la Nación de Colombia decidió archivar un proceso contra el presidente electo Juan Manuel Santos por el escándalo de los “falsos positivos”. Este término es un admirable eufemismo para decir “civiles asesinados por el ejército”, y que tenía que ver específicamente con 11 jóvenes que fueron masacrados por militares y después disfrazados de guerrilleros para justificar su homicidio. Así, vemos como la fiscalía —al servicio de Uribe aún— cierra casos que pueden dañar su legado y a su sucesor, mostrando que a la democracia colombiana también le falta un camino por recorrer.

También en Colombia vemos la otra cara de la moneda de la presión que sufren los periodistas para acallar o administrar la información, pero en este caso viniendo del gobierno y no de la mafia.

La reportera Azalea Robles destapó lo que debería ser el más grande escándalo de uribismo: “Recientemente en Colombia se descubrió la mayor fosa común de la historia contemporánea del continente americano, horrendo descubrimiento que ha sido casi totalmente invisibilizado por los mass-media en Colombia y en el mundo. La fosa común contiene los restos de al menos dos mil personas, está en La Macarena, departamento del Meta. Desde 2005 el ejército, desplegado en la zona, ha estado enterrando allí miles de personas, sepultadas sin nombre”.

Dos mil cadáveres en una fosa común en una zona controlada por el gobierno colombiano y el tema no ha recibido ninguna atención de los medios internacionales. Una delegación de parlamentarios británicos y la Comisión Asturiana de derechos humanos han logrado verificar el hecho y han exigido una investigación al gobierno, que ha optado por hacer la vista gorda.

Ese es uno de los resultados de una guerra contra el crimen en el que la sociedad no es tomada en cuenta, los medios son sometidos y el debate acallado con las balas. Y ese es el camino que México debe evitar transitar a toda costa. Se han perdido demasiadas vidas ya como para no hacer conciencia sobre lo que está sucediendo.

Legalizar las drogas y atacar en serio las redes financieras del narco son los únicos caminos posibles para desarticular estas poderosas mafias.

Sin negocio ni dinero, su derrota dejará de ser la utopía que es hoy.

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