agosto 17, 2010

Eso les pasa por andar cortejando a dictadores

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Luego de que Jorge Castañeda perpetrara la impertinencia de siquiera mencionarle el tema de los derechos humanos a Fidel Castro, se enfriaron las relaciones entre los gobiernos de México y Cuba. El canciller de Fox tenía sus ideas sobre el tema y, después de todo, no había tampoco razón alguna para que un régimen democrático de “derechas” tuviera que cortejar a una dictadura de izquierdas. Pregúntenle ustedes a José María Aznar.

Eso era antes. Hoy, el gobierno de Calderón no sólo quiere llevar la fiesta en paz con tirios y troyanos sino que pareciera buscar, de manera muy puntual, el reconocimiento, el aplauso y el perdón de la dinastía cubana. Tan evidente es esta postura que le cuesta mucho trabajo procesarla a don Manuel Espino, panista distinguido y presidente de la Democracia Cristiana continental. El hombre, junto con muchos de sus correligionarios, debe preguntarse en qué gaveta de Los Pinos se traspapelaron los principios doctrinarios del Partido Acción Nacional.

Uno pensaría, desde luego, que esta extraña postura oficial resulta de una estrategia geopolítica de altos vuelos. Dicho en otras palabras, la famosa “doctrina Estrada” sigue siendo absolutamente inmune al contagio de ideologías alternativas a los dogmas del nacionalismo revolucionario.

El problema, miren ustedes, es que los destinatarios directos de estas amabilidades no han mostrado la menor gratitud. Al contrario, Fidel ha respondido cuestionando la legitimidad misma de Calderón. ¿Así o más claro lo quieren, señores cortejadores de dictadores?

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