agosto 12, 2010

EU decidirá si legalizamos la mota

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

De manera intermitente, el debate sobre la legalización de la mariguana ha estado presente en México desde hace años. En las últimas dos semanas ha cobrado fuerza a raíz de lo expuesto por académicos conocedores del tema en el marco de los foros de discusión convocados por el gobierno calderonista acerca de la estrategia de seguridad y combate al crimen organizado.

A este debate, nuestro país llega tarde: el próximo 2 de noviembre, mientras aquí estemos festejando a los muertos, los californianos votarán en un referéndum, la llamada Propuesta 19, que plantea legalizar la posesión, cultivo y transporte de mariguana. Según las encuestas, 52% de la gente está a favor, 36% en contra y 12% de indecisos.

De aprobarse, será perfectamente legal para cualquier persona mayor de 21 años que habite o se encuentre en California— estado de la Unión Americana que por sí mismo es la sexta economía del mundo—, posea, comparta o transporte hasta una onza de la droga para su consumo personal, y que se cultive en un área de hasta 25 metros cuadrados por cada vivienda o parcela. Y hasta le van a poner impuestos a su comercialización y venta. Uno de sus municipios, Oakland, aprobó este año, un plan que permitirá el cultivo, comercialización y procesamiento de mota a escala industrial. Además, en 14 de los 50 estados del país vecino está permitida la circulación de mariguana con fines terapéuticos.

Si sucede, por sí misma, la entrada en vigor de esa medida en California obligaría a replantear el enfoque del Estado mexicano. De golpe, perdería sentido destinar recursos monetarios y humanos, además de vidas, al decomiso de pacas y destrucción de cultivos cuyos dueños, cruzando el puente, estarán realizando una actividad perfectamente legal. Los narcotraficantes serían peligrosos delincuentes aquí y empresarios de la salud allá.

Legalizar la mariguana no será la solución para la encrucijada del gobierno calderonista frente a la crisis de seguridad ni va a terminar con la criminalidad del negocio de los narcotraficantes y sus múltiples giros —robo de autos, tráfico de armas, extorsiones, secuestros, y el comercio de otras drogas no reguladas. Lograría, eso sí, previsiblemente, reducir la violencia asociada al tráfico de drogas y bajar el precio de la mota, derrumbando los ingresos de los cárteles que, hoy por hoy, se estima que obtienen dos terceras partes de sus ganancias de la hierba verde. Y luego está el tema de salud pública.

El peor escenario es el que parecen adoptar los dirigentes de los partidos políticos: coquetear con el tema sin discutirlo con seriedad. Si siguen así, el resultado final se decidirá no en el Congreso ni en el gobierno de México, sino en California. Y nosotros seremos, una vez más, arrastrados por el poderoso tren de nuestro vecino del norte, sin capacidad de definir el destino propio.

SACIAMORBOS

Parece que en Washington les llegan las mismas encuestas.

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