agosto 02, 2010

Hoyos negros de la estrategia contra el narco

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

A la vista de la explosión de la violencia en los medios, puede decirse que la estrategia informativa del gobierno al respecto es un desastre.

Nadie tiene más información y nadie la comparte menos, con menor prestancia y rigor, que las agencias de seguridad del gobierno federal.

Dejan así abierto el espacio a la contrainformación del narco, las ocurrencias de expertos y editores, las teorías conspirativas y las revelaciones de columnistas a partir de fuentes imaginarias o indeclarables.

El impresionante vacío informativo de datos duros dejado por el gobierno, ha inducido a algunos académicos serios a crear sus propias series de información rigurosa.

Uno de ellos, Fernando Escalante Gonzalbo, hizo lo que es hasta hoy la serie estadística y el análisis más sólido disponible sobre la evolución de los homicidios en México entre 1990 y 2007 (ver “Homicidios, 1990-2007”, Nexos, septiembre 2009).

Eduardo Guerrero ha empezado su propia construcción documental de números y tendencias de la inseguridad y los delitos vinculados al crimen organizado en los últimos cuatro años, 2006-2010.

Se trata, quizá, del análisis independiente más sólido y numéricamente fundado de que se dispone en la materia. Una primera muestra de sus hallazgos es el artículo “Los hoyos negros de la estrategia contra el narco”, que puede leerse en el número de agosto de la revista Nexos y en su sitio electrónico (www.nexos.com.mx).

El artículo de Guerrero mide los resultados de la estrategia en sus distintos objetivos declarados: 1. Fortalecer las instituciones de seguridad. 2. Disminuir, detener o evitar el consumo de drogas. 3. Desarticular las organizaciones criminales. 4. Recuperar los espacios públicos y reducir la violencia.

Los objetivos parecen convergentes, pero Guerrero demuestra, con cifras de calidad incuestionable, que han sido contradictorios en sus efectos.

Por ejemplo, desarticular las organizaciones criminales por captura o muerte de sus líderes, dice Guerrero, “no sólo impide la recuperación de espacios públicos buscada, sino que propicia la invasión de nuevos espacios por las organizaciones criminales”.

En el año 2007 había cárteles en 21 estados de la República. Hoy los hay en 29. En el año 2007 lo normal era la presencia de uno o dos cárteles por estado. Hoy, “nuevas organizaciones como Zetas, Pacífico Sur y La Barbie, han logrado establecerse velozmente en 19, 5 y 4 estados respectivamente”.

El descabezamiento de los cárteles ha producido su atomización, la atomización un mercado más competido, y la competencia de las bandas, más ejecuciones.

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