agosto 27, 2010

Huevos del jefe

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"El valor es fuego; la bravuconería, humo". Benjamin Disraeli

Me imagino que no se pudo aguantar. El jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, visitó este miércoles 25 de agosto la feria del pan en el World Trade Center y al encontrar unos huevos los tomó y los mostró a las cámaras: "Para que los vea Sandoval", dijo.

Ebrard consiguió, es verdad, arrancar algunas sonrisas de los incondicionales que lo acompañaban, lo cual me imagino no es un mal resultado. Pero me pregunto si al final esas risas no le saldrán muy caras.

El jefe de Gobierno de la Ciudad de México asumió una difícil batalla frente a la opinión pública hace unos días cuando decidió demandar por daño moral al cardenal Juan Sandoval Íñiguez. El pueblo mexicano sigue siendo profundamente católico. Dificulta la posición de Ebrard el hecho de que está defendiendo la ley del matrimonio entre homosexuales y su derecho a adoptar niños, que no son precisamente las causas más populares en el país.

Al jefe de Gobierno le ha ayudado, por supuesto, el que el arzobispo de Guadalajara haya incurrido en una franca y clara calumnia al argumentar sin pruebas que Ebrard había "maiceado" a los ministros de la Corte. Pero no deja de ser significativo que los ministros hasta ahora han dejado solo al jefe de Gobierno en su batalla legal contra el cardenal.

En el momento en que Ebrard disminuye la calidad moral de su reacción de indignación ante la calumnia, y la convierte en un simple reto machista, en un desplante pendenciero para ver "quién tiene más huevos", resulta más difícil darle apoyo. El tema fundamental debe ser que cualquiera debe tener libertad de expresar sus puntos de vista, pero ni siquiera un cardenal tiene derecho a calumniar.

Ebrard no está manteniendo este pleito solamente en el escenario del Distrito Federal, donde la población tiene una moral más liberal y él en lo personal cuenta con un respaldo político significativo. La demanda contra el arzobispo de Guadalajara tiene repercusiones nacionales y un significado político que se proyecta al 2012, cuando Ebrard quiere ser uno de los candidatos que contiendan por la Presidencia de la República.

Independientemente del resultado que obtenga en su demanda por daño moral, no hay duda de que tanto Ebrard como el cardenal están usando este proceso como parte de un juego político. Ebrard busca una proyección nacional que le permita llegar a la Presidencia, mientras que el cardenal y la Iglesia quieren destruir a un posible candidato que en la Ciudad de México ha impulsado leyes para legalizar el aborto, el matrimonio entre parejas del mismo sexo y la adopción de niños por homosexuales.

Ninguno puede olvidar que el juego se realiza frente a la opinión pública. El cardenal, a mi juicio, cometió un error mayúsculo cuando pasó de defender las posiciones en las que cree a calumniar tanto al jefe de Gobierno como a los ministros de la Suprema Corte de Justicia.

Pero Ebrard es ahora quien ha cometido el error. Una cosa es ser la víctima de una calumnia y otra muy distinta el pendenciero de escuela que busca demostrarle a un rival que es más machito que él. El jefe de Gobierno ha dejado voluntariamente la posición de víctima y ha asumido la de bravucón. Además lo ha hecho de manera gratuita. Ninguna ventaja podía haber obtenido de su fanfarroneo de que mostraba los huevos "para que los vea Sandoval".

Ley mordaza

Nuestra ley electoral ha demostrado ser abiertamente violatoria de la libertad de expresión. No sólo prohíbe a los ciudadanos contratar tiempos de radio y televisión para expresar sus ideas políticas, o a los políticos hacer críticas a sus rivales en campaña, sino que ahora también impide al Presidente dirigirse a la nación para tratar temas de interés nacional como el de la inseguridad. El presidente Calderón, que si no impulsó la legislación del 2007 la aceptó como parte de un acuerdo político para aumentar impuestos, hoy ha sido quemado por el monstruo que ayudó a crear.

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