agosto 09, 2010

La legalización de las drogas y las libertades

Mario Luis Fuentes
Director del CEIDAS
Excélsior

El consumo de cocaína es el de más rápido crecimiento en nuestro país.

El reciente debate aceptado públicamente por el Presidente de la República en torno a la legalización o no de la mariguana, y quizá de otras drogas, tiene aristas que, desde mi punto de vista, no han sido suficientemente abordadas y deberían considerarse a fin de evitar tomar decisiones que pueden traer consecuencias que pudieran agravar el clima de violencia que pretenden resolver.

Quienes proponen la legalización de la mariguana centran su argumento en una estricta lógica de mercado: se asume que la producción y distribución de las drogas es un gran negocio debido a su prohibición, por lo que al legalizarlas el negocio se vendría abajo y, con ello, la disputa por los territorios.

Tal argumento parece razonable: si se reducen los costos de producción y distribución, entonces la lógica de la violencia para los cárteles se reduciría considerablemente en tanto que quienes deseen consumir mariguana podrían producirla en casa o adquirirla a un costo tan bajo que el mantenimiento de las poderosas redes de corrupción y control violento de autoridades, medios de comunicación y sociedad en general se volvería incosteable.

Este argumento, sin embargo, no considera, sólo por mencionar un ejemplo, que el consumo de cocaína es el de más rápido crecimiento en nuestro país, por lo que la demanda de esta droga muy probablemente alcanzaría, de seguir su prohibición, para mantener la viabilidad del negocio ilegal de su producción, distribución y venta.

A lo anterior debe agregarse que el mercado de Estados Unidos es infinitamente grande y que allá el debate sobre la legalización difícilmente avanzará, por lo que la persistencia de ese mercado seguiría alentando la disputa por el control de la producción y distribución de todo el catálogo de drogas ilícitas que existen.

Ahora bien, tampoco se han considerado suficientemente los efectos sociales del consumo. Debido al deficiente sistema de estadística social que tenemos, no sabemos bien a bien cuántos suicidios, accidentes, homicidios y otras acciones violentas tienen como origen el consumo de drogas, y en este campo deben incluirse las que son lícitas, como el alcohol.

Una cuestión adicional sobre la que valdría la pena reflexionar seriamente es si los niveles de violencia que se han generado por los grupos delincuenciales no están relacionados también con el control que han asumido en ámbitos como la piratería, el tráfico de indocumentados y la trata de personas.

Un elemento más que debería ponerse sobre la mesa de discusión es si puede darse el paso hacia la legalización de las drogas en una sociedad en la que en el fondo el más profundo problema es el del incumplimiento de los derechos humanos y sociales, particularmente de la población joven.

Me pregunto si en México habría tales niveles de violencia y consumo de sustancias adictivas, si tuviésemos un modelo de desarrollo incluyente, con un sistema de cobertura universal en salud y educación, con empleos dignos para todos, y en el que pudiera realmente pensarse que el consumo o no de drogas es siempre producto del ejercicio de la libertad y no como una salida ante la frustración y la desesperanza social. Creo que, en este contexto, legalizar la producción, distribución y venta de drogas, puede resultar en un salto al vacío de peligrosas consecuencias.

No hay comentarios.: