agosto 17, 2010

Las víctimas de Fidel

Ricardo Pascoe Pierce
Especialista en análisis político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

Sus declaraciones obviamente desprecian al PRI y lo catalogan como un partido juguete del imperio.

Los últimos dichos de Fidel Castro causaron cierto, aunque titubeante, revoloteo. La duda estriba en si hay que tomarlo en serio. Partiendo de una respuesta afirmativa, quisiera adelantar algunas reflexiones acerca de las víctimas del más reciente escrito y de las palabras de Castro.

En México, las víctimas serían varias, aparentemente. La primera es el PRI, pues es el partido que se la ha jugado con la revolución cubana y, hasta la fecha, todas sus declaraciones han refrendado su admiración y fidelidad al proyecto castrista, mismo que no adoptaron para México. Las declaraciones de Fidel obviamente desprecian al PRI y lo catalogan como un partido juguete del Imperio. Es decir, es una ruptura política de Cuba con el partido que le dio factibilidad de ese proyecto caribeño durante décadas. Una descalificación humillante para el PRI. La segunda es una obviedad que Castro ofende al presidente Calderón a propósito y busca construir un escenario de confrontación entre México y Cuba. Suma en la columna de "títeres del Imperio" al PAN junto con el PRI, como lo sugiere López Obrador. Los considera desechos históricos que serán demolidos al desaparecer el Imperio. La tercera víctima es la dirección nacional del PRD y Marcelo Ebrard, quienes se oponen a la presunción amloísta de existir solamente para sus principios éticos, pues saben que está para impulsarse al poder político personal. Ante la supuesta autoridad moral de López Obrador, el resto de los perredistas quedan cuestionados y, peor, anulados, según la versión fidelista de la realidad nacional. La cuarta víctima es Carlos Slim, quien sale a relucir en un extraño contexto, pues resulta ser cortejado por AMLO y el propio Fidel, a pesar de que lo niegue con vehemencia. El hecho de negar el soborno despierta la duda.

En Cuba también pretende Fidel que haya víctimas. Con este "incidente internacional" en torno a México, Castro busca acallar posturas internas que insisten y promueven un cambio político y económico. Son posturas que existen dentro del gobierno, de las fuerzas armadas y del Partido Comunista Cubano (PCC). Siempre ha utilizado los conflictos internacionales como un instrumento para clausurar el debate y la discusión internas cuando no le parecía favorable a sus posiciones. Contradice a su hermano Raúl, quien se muestra postrado e impotente frente a las posiciones delirantes de su hermano mayor. Por ejemplo, Fidel dice advertir al mundo del riesgo de una conflagración atómica, cuando él estaba dispuesto a propiciar la misma conflagración en 1961. Ahora, está en juego la posibilidad de una reforma política y económica profunda en la isla, y Fidel la quiere frenar. Así, inventa una crisis internacional (en este caso con México, como lo hizo en 2001) para obligar a gobierno, partido y fuerzas armadas a cerrar filas, clausurar todo debate en torno a reformas posibles hoy o en el futuro y buscar anular las fuerzas transformadoras internas. Quiere dejar en claro que la liberación de los presos de conciencia no debilita la "decisión" de la revolución por mantenerse y avanzar en la senda trazada por él: control estatal sobre todos los aspectos de la vida en la isla.

La última víctima es justamente el objeto de sus alabanzas: Andrés Manuel López Obrador, quien agradeció "tímida y humildemente" ese reconocimiento de una figura de la talla, dice AMLO, de Winston Churchill. En realidad, a Fidel no le interesa López Obrador. Le interesa usarlo para lograr sus propósitos internos en Cuba. Fidel comenta asuntos internacionales, pero pensando en lo interno. Piensa en Cuba y en cómo lograr que nada cambie en la utopía desolada y disfuncional que ha creado. El apoyo de Fidel es una espada de doble filo: un respaldo que pudiera alejar aún más a AMLO de su ansiada Presidencia.

Entre el Imperio de Fidel y los potentados de López Obrador existe una similitud: buscan definir el objeto de odio idóneo para el sostenimiento de su causa, promoviendo el miedo como resorte de la sicología de masas, para atraer multitudes.

El mecanismo es exitoso, hasta que el miedo se acaba.

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