agosto 06, 2010

Legalización a debate

José Antonio Crespo
Horizonte político
Excélsior

Calderón reconoció la conveniencia de que el tema se discuta abiertamente, si bien dejando en claro que él en lo particular no está de acuerdo.

A falta de reunión con los políticos, Felipe Calderón convocó a especialistas y otros actores sociales a dialogar sobre cómo enfrentar al crimen organizado. Eso no garantiza que haya un viraje importante en su estrategia, pero quizá podrían incorporarse nuevos elementos. La tendencia actual no es para entusiasmar a nadie. Si es correcta la cifra manejada por el Cisen, 28 mil muertes derivadas de la narcoviolencia en lo que va del sexenio (contra 25 mil que dijo la PGR hace unas semanas), ello implica que en 2010 los fallecidos por el narco serían ocho mil 700, casi la misma cantidad que se acumuló en el gobierno de Fox (nueve mil). De no variar esta tendencia, llegaremos a cerca de 20 mil muertes solamente en 2012 (y 65 mil en todo el sexenio).

En el diálogo sobre seguridad surgió el tema de la despenalización de las drogas. Calderón reconoció la conveniencia de que el tema se discuta abiertamente, si bien dejando en claro que él en lo particular no está de acuerdo con esa opción. En cambio, varios ex presidentes lo recomiendan abiertamente, como Ernesto Zedillo, César Gaviria e incluso Vicente Fox. Todos dieron esa batalla y, al evaluar los resultados, llegaron a la conclusión de que el esquema de la prohibición y la represión resulta irracional, pues, lejos de reducir la producción, el comercio y el consumo de las drogas, se incrementaron. Y, sobre todo, dio lugar a un rentable mercado negro que creó a las poderosas organizaciones criminales capaces de poner en jaque al Estado (pues aunque no lo derroquen, sí lo rebasan, lo inutilizan, lo corrompen y lo desvirtúan). ¿Dónde estuvo la ganancia en cuatro décadas de este modelo?

Alertó Calderón sobre el riesgo de que se expanda el consumo en las próximas generaciones, al reducirse el precio de los narcóticos y dado que la legalización puede tomarse como un aval del Estado. Sería bueno que nos comparta las fuentes de donde surgen tales afirmaciones o si se trata de una mera especulación. No es el alto precio ni la prohibición los que explican que la mayoría de los ciudadanos no consuma, por ejemplo, mariguana. Quien en México quiera consumirla, puede conseguirla sin demasiada dificultad, y no a precios exorbitantes. Quienes han decidido no ingerir esa droga por razones de salud, probablemente sigan en la misma línea, aun si se legalizara. Muertos por mariguana habría muy pocos, si acaso alguno (contrariamente a los muchos decesos que provocan el tabaco y el alcohol).

La Iglesia en general, como no cabía esperar otra cosa, se pronunció contra la despenalización (pese a que incluye en sus rituales una droga llamada vino, cuyo abuso puede ser letal, aunque con moderación no hace mayor daño, como no lo hace tampoco la mariguana). El arzobispo de Yucatán dice que "donde se ha legalizado (la droga) no se ha resuelto nada, sino al contrario". En cambio -agregamos nosotros- la prohibición nos ha prodigado bendiciones sin cuento, como lo podemos constatar ahora. El cardenal Norberto Rivera sugiere que se explore si la despenalización "realmente va a beneficiar la salud de los mexicanos". Pero ese no es su propósito, sino afectar el poder económico de los capos -con todo lo que eso implica- y reducir la violencia consecuente. Incluso si se incrementara en cierta medida el número de consumidores, pero se redujera significativamente la masacre actual, la medida habría sido racional.

Por su parte, Estados Unidos se mostró preocupado por la eventual despenalización en México. La Oficina Nacional de Política para el Control de Droga de ese país expresó que, "dado que nosotros no pensamos que la legalización terminaría con los cárteles de la droga, estaríamos muy preocupados sobre el impacto de la legalización en México en el negocio del cruce fronterizo de drogas y en la demanda de drogas en EU". Qué curioso. Washington no parece enterado de que en varias de sus entidades ya está vigente dicha legalización para usos terapéuticos (inapetencia, insomnio o dolor de cabeza, entre otros) y California probablemente lo hará también para fines recreativos. ¿En qué planeta vive el gobierno estadunidense? Claro, una cosa es que no pueda imponer la prohibición radical en sus entidades federativas, pero desde luego puede hacerlo en su patio trasero, donde sí ejerce pleno mando. Quieren allá que aquí sigamos destruyendo los cultivos y encarcelando a los campesinos, mientras allá cobran impuestos del producto, sin violencia de por medio. Ah qué simpáticos nuestros vecinos del norte. y qué tontos los mexicanos, si continuamos siguiendo sus órdenes (porque eso son), mientras ellos hacen lo contrario.

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