agosto 09, 2010

Legalizar...

José Antonio Álvarez Lima
alvalima@yahoo.com
Heterodoxia
Milenio

Después de machacar cuatro años con una ajena e incomprensible guerra contra el narco, el gobierno transformó el concepto en: lucha por la seguridad pública, para tratar de conseguirle apoyo popular.

¿Cuántos años se perderán para que el controvertido y escandaloso propósito de legalizar las drogas, al que se ha invitado a discutir, se transforme en algo menos tremendista y más preciso, como el de lograr un mercado controlado de sustancias insalubres.

Porque nadie, en su sano juicio, ha propuesto que la cocaína, la heroína o las metanfetaminas se expendan en los supermercados, o que la tele transmita una nueva telenovela titulada: La ejemplar familia Pacheca. No, lo que algunos premios Nobel, intelectuales y líderes políticos han manifestado es:

1. La simple prohibición y persecución de traficantes y adictos que se viene practicando no ha dado resultado. Cada vez hay más tráfico y más consumo.

2. El enorme negocio del narcotráfico está sustentado en esa prohibición ineficiente que crea un gigantesco mercado negro.

3. Es lógico que se busquen, con responsabilidad e inteligencia, nuevos enfoques para resolver una tragedia que causa miles de muertos, propicia el crecimiento de mafias poderosísimas, contamina la vida política y económica de la sociedad y disminuye dramáticamente la calidad de vida de millones de personas.

4. Una solución parcial que debe discutirse en foros científicos, académicos, religiosos, intelectuales, periodísticos y comunitarios es la de buscar una nueva reglamentación de la producción y venta de la mariguana, por ser la sustancia más consumida y traficada, así como la menos dañina y de más fácil producción.

5. Todo este esfuerzo es con el propósito, aún por comprobar, de reducir el poder financiero y operativo del narcotráfico, y deberá estar acompañado de acciones para prevenir y rehabilitar las
adicciones.

Estas propuestas, bien meditadas, han sido combatidas con descalificaciones que apelan al miedo, la histeria y la frivolidad por burócratas y políticos inmovilistas sin autoridad, ni moral ni científica, que sólo buscan el aplauso fácil de las galerías prejuiciosas.

Parece claro entonces que en México la reflexión sobre el narcotráfico, y un eventual mercado controlado de sustancias insalubres, sólo tiene futuro fuera de los ámbitos político-electorales. Ubicándola en los recintos científicos, intelectuales y analíticos serios, a partir de lo que ya se ha discutido en los foros multilaterales desde hace años.

Ya se sabe que el uso ocasional o adictivo de sustancias peligrosas es un asunto de salud, educación pública y derechos humanos. Que ha sido abordado, sin conclusión todavía, por filósofos, líderes espirituales, terapeutas y médicos.

Se conoce también que el fenómeno del tráfico de narcóticos es un asunto propio de estrategas de seguridad, justicia, finanzas y política.

Es obvio también que el tema de la delincuencia organizada cae en el espacio natural de los expertos en inteligencia policiaca y en seguridad pública.

¿Llegará nuestra inteligencia nacional y nuestra clase política a desagregar el problema tal como se ha logrado en otros sitios y dar la talla para abordar estos temas con tiempo, seriedad y profundidad?

¿O, como en otros casos, manosearán estos delicados asuntos con prisa y sin rigor, sólo para crear más confusión y frustración?

Pronto lo sabremos…

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