agosto 10, 2010

Les da terror llamarle terrorismo

Carlos Loret de Mola
Historias de un reportero
El Universal

La noche del 15 de septiembre de 2008, Leonel Godoy tenía la réplica de la Campana de la Independencia instalada en el Palacio de Gobierno de Michoacán. Por eso, cuando escuchó una explosión, no se asustó: la orden del día tenía programados fuegos artificiales. Tampoco le causaron alerta los alaridos de un grupo de gente en la Plaza Melchor Ocampo, porque son ruidos que suelen acompañar estos festejos.

Minutos después, supo que las detonaciones eran de granadas lanzadas por un cártel, y los gritos eran de terror ante los ocho ciudadanos —civiles, inocentes, no vinculados con el combate a los criminales— que cayeron ahí muertos, y los más de 80 que se vieron ensangrentados.

Ocho horas más tarde, Godoy no tuvo duda: en entrevista, calificó de acto terrorista lo sucedido. Se inauguró así, oficialmente, la era del narcoterrorismo en México, y desde entonces, el gobierno federal ha peleado por expulsar de sus discursos este calificativo aun a costa de minimizar los hechos violentos.

En esa línea de no llamar a las cosas por su nombre se inscribe que ningún funcionario federal haya aceptado que el uso de coches bomba —la nueva arma de los narcotraficantes empleada en Chihuahua hace tres semanas, y en Tamaulipas hace cinco días— sea terrorismo y se hayan enfrascado en respuestas que, entre condenas, evaden el término aun cuando, particularmente el de Ciudad Juárez, fue con la saña habitual en Irak: simularon un enfrentamiento para atraer soldados, policías, paramédicos y periodistas, y una vez todos ahí, explotaron a control remoto el vehículo, matando a cuando menos tres que nada tenían que ver en la guerra contra el narco.

El Código Penal Federal de nuestro país, dedica su Título Primero a los Delitos Contra la Seguridad de la Nación; su Capítulo VI es Terrorismo, y el artículo 139 no deja espacio a titubeos: “al que utilizando sustancias tóxicas, armas químicas, biológicas o similares, material radioactivo o instrumentos que emitan radiaciones, explosivos o armas de fuego, o por incendio, inundación o por cualquier otro medio violento, realice actos en contra de las personas, las cosas o servicios públicos, que produzcan alarma, temor o terror en la población o en un grupo o sector de ella, para atentar contra la seguridad nacional o presionar a la autoridad para que tome una determinación”.

Francisco Blake, secretario de Gobernación, por ejemplo, a pregunta expresa de si es narcoterrorismo, no responde, pero sostiene que “hay métodos que se están utilizando por criminales que no tienen escrúpulos, que pretenden intimidar, que, por supuesto, pretenden aterrorizar a la gente, que pretenden generarle miedo, que pretenden inhibirnos”. Ah, pero no le llaman terrorismo... les ha de causar terror que incida en las elecciones.

SACIAMORBOS. Si cúpulas están peleadas, si “figuras” se descalifican mutuamente, si directivos se guardan rencor, nada como escuchar la voz de la redacción.

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