agosto 29, 2010

Libertad y seguridad

Juan E. Pardinas
Reforma

Cuba y Corea del Norte son dos de los países con menores índices de criminalidad en el planeta. Sin embargo, sus estrategias para disuadir delincuentes implican la cancelación de las libertades de sus habitantes. Con una autoridad que todo lo observa y todo lo escucha, no hay secuestros ni extorsiones, pero tampoco hay derecho a la intimidad, al libre tránsito o a la comunicación de ideas. Un régimen democrático debe garantizar la seguridad de las personas sin sacrificar sus libertades, pero una autoridad débil sólo es capaz de garantizar la anarquía.

Esta semana el presidente Calderón anunció una iniciativa para cancelar ciertas libertades financieras de los mexicanos. Si el Congreso avala la reforma, tú ya no podrás hacer compras en efectivo por más de 100 mil pesos, pero el Chapo Guzmán tampoco. Estarías impedido de comprar una mansión y pagar con dos maletas de dinero, pero la Barbie tendría más complicaciones para adquirir sus casas de seguridad. Con esta medida tú tienes menos libertades, pero el Estado mexicano tiene más herramientas para vencer al crimen organizado.

Toda declaración de guerra requiere un esfuerzo de imaginación. El líder político que decide iniciar una ofensiva de fuego y sangre debe tener en su mente un escenario de la victoria. Felipe Calderón ha sufrido mucho para comunicar ese porvenir que vislumbre el fin de nuestro horror cotidiano. El propósito de esta lucha debe ser el fortalecimiento de un Estado que proteja nuestra seguridad y nuestras libertades elementales.

La fortaleza del Estado no se agota en una policía bien entrenada o en un Ejército armado hasta los dientes. Los miles de muertos durante este sexenio nos confirman que la fuerza pública no es suficiente para debilitar a las organizaciones criminales. El gobierno necesita de nuevas herramientas de inteligencia para frenar esta barbarie. El problema es que algunos de estos mecanismos obligan a los ciudadanos a ceder una parcela de sus libertades.

El Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (Renaut) era una base de datos que hubiera ayudado a combatir la extorsión y el secuestro. Sin embargo, el escepticismo de muchos ciudadanos y la mezquindad de las empresas de telefonía celular sabotearon el espíritu de la iniciativa. Millones de personas y miles de criminales no estuvieron dispuestos a ceder su derecho al anonimato telefónico, a cambio de tener un registro nacional de celulares. Preservamos este nicho de nuestra privacidad, pero dejamos intacto el negocio de los mercaderes del miedo.

Hace dos sexenios, el gobierno de Ernesto Zedillo intentó hacer un Registro Nacional de Vehículos. La iniciativa fracasó porque la empresa encargada de ejecutar el trámite contrató como líder del proyecto al torturador argentino Ricardo Cavallo. Una década después, México aún no tiene una base de datos completa sobre los vehículos que circulan por el territorio nacional. Este registro y el uso de sistemas de GPS podrían golpear el negocio de compra y venta de vehículos robados. Al proteger el anonimato de nuestros automóviles, también salvaguardamos la identidad del convoy de camionetas donde viajan los asesinos del edil Edelmiro Cavazos.

Hay libertades que se pueden ceder a cambio de vivir en un país seguro. Sin embargo, hay garantías individuales que son inherentes e irrenunciables a nuestra condición de personas. El presidente Calderón desdeñó todas las críticas contra el Ejército, como una simple "cantaleta". Habrá denuncias infundadas y otras que ameritan una investigación judicial. El Ejército y la Marina tienen más de 250 mil efectivos. Entre sus filas hay una enorme mayoría de mexicanos honestos que aman a su país y respetan la ley, pero no sería imposible que entre ellos exista un grupo pequeño de malos elementos. A esta minoría corrupta, Felipe Calderón ya le dio luz verde para cometer toda clase de abusos. Tus denuncias serán una cantaleta. Estas improvisaciones verbales del Presidente nos hacen vivir en un país menos libre y más inseguro.

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