agosto 25, 2010

Los mezquinos y el Bicentenario

Armando Román Zozaya
armando.roman@anahuac.mx
Analista
Excélsior

El titular de la SEP dijo que vamos a "festejar nuestra existencia, nuestro ser y nuestra cultura".

Hace unos días, el secretario de Educación, Alonso Lujambio, dijo que son mezquinos quienes, con relación al Bicentenario, aseguran que "no hay nada que festejar". Agregó que vamos a "festejar nuestra existencia, nuestro ser y nuestra cultura". Asimismo, enfatizó que, si no celebramos, las nuevas generaciones nos lo reclamarán.

Me parece que quienes dicen que no hay nada por celebrar se equivocan: celebraremos el comienzo de nuestra vida independiente, nuestra libertad del país que nos colonizó por siglos, el nacimiento de México como Estado-nación. La cuestión no es, entonces, qué celebramos. Pero también el señor Lujambio está en el error: no es mezquino cuestionar las celebraciones del Bicentenario; es perfectamente legítimo y hasta necesario.

Y es que una cosa es celebrar "nuestra existencia, nuestro ser y nuestra cultura" y otra muy diferente preguntarnos para qué nos ha servido todo eso: ¿qué hemos hecho de la libertad, de la independencia y, por supuesto, de México? En este terreno, claro que se vale mostrar inconformidad ante una agenda de celebraciones que mira al otro lado con relación a los millones de pobres que hay, los miles de niños de muy pocos recursos que fallecen cada año por enfermedades que no deberían matar a nadie, las madres y los padres de dichos niños, las personas secuestradas, mutiladas y/o asesinadas, los individuos que han resultado muertos en enfrentamientos entre las autoridades y las mafias, los más de 100 mil niños que son robados en el país anualmente y un largo, dolorosamente largo, etcétera.

No, no es mezquino quien señala lo anterior y, con eso en la mano, cuestiona a un país que se apresta a celebrar su Bicentenario. Sí es mezquino minimizar lo indicado, argumentar que México es un gran país cuando aquí ocurre lo que ocurre, gritar "como México no hay dos" o "Viva México, cabrones", porque eso aprendimos del PRI y el PAN lo repite. Eso es ser mezquino porque evidencia una total incapacidad de quienes ello sostienen para mirar más allá de sus narices, para ponerse en los zapatos del prójimo, para mostrar empatía con quienes México les ha quedado mal, muy mal.

Es igualmente mezquino justificar las celebraciones del Bicentenario argumentando que, si no celebramos, las nuevas generaciones nos lo reclamarán. Y es que esa justificación exhibe que, quien la usa, no se ha dado cuenta de lo que es importante para un país y su gente: sí es relevante celebrar nuestra existencia, pero, más lo es que nuestros niños se eduquen bien, no padezcan hambre, no pasen frío, no sean abusados sexualmente, no se les explote laboralmente, etcétera. De hecho, así como vamos, las nuevas generaciones no nos reclamarán que no celebramos el Bicentenario, de acuerdo, pero sí nos echarán en cara que no hayamos sabido prepararlas para el futuro que les esperaba, por habernos dedicado a destruir, tanto física como socialmente, el país que sería de ellos.

No cuestionemos, entonces, qué celebramos; preguntémonos qué hemos hecho con lo que ganamos en 1810. Igualmente, celebremos lo que haya que celebrar, sí, pero nunca nos olvidemos, ni por un segundo, de todos nuestros pendientes y trabajemos, todos, para resolverlos: sólo así seremos, de verdad, un gran país. A ver, pues, mexicanos, para cuándo.

No hay comentarios.: