agosto 29, 2010

Los Zetas, imagen de México

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

Gloria Guevara Manzo.- ¿Qué pasará por la mente de la secretaria de Turismo? Lo pregunto porque mientras ella y su equipo se esmeran por relanzar la imagen del país, deteriorada por los graves problemas del 2009, la influenza H1N1 entre ellos, poniendo en marcha nuevas campañas de promoción y acumulando millas en viajes para reunirse con tour operadores de países vecinos y distantes, para tratar de convencerlos de que traigan turistas a México, mientras ella hace eso, una de las aerolíneas troncales del país decide, por problemas financieros que no ha podido remontar, cancelar todos sus viajes. La decisión afecta muchas áreas de la economía, comenzando por el turismo. Quienes pensaban viajar al país usando esa aerolínea, ahora lo pensarán dos veces. Muchos optarán por otro destino.

Pero no sólo es el problema de Mexicana de Aviación, también está el de la violencia que no cede, como el caso de la masacre de indocumentados en Tamaulipas. La cobertura que los medios de comunicación internacionales están dando al tema, coloca a México como uno de los lugares más peligrosos del planeta. La foto de la fila de cadáveres de los indocumentados fusilados ha tenido un efecto devastador para la imagen del país, prácticamente imposible de revertir.

Podemos decir, en promocionales de impecable factura, que México tiene bellas sorpresas para deleite de los visitantes, pero nadie lo va a creer si junto a ese anuncio aparece la sombra ominosa del grupo criminal conocido como Los Zetas, que a base de acumular brutalidades se erige como la nueva imagen de México en el mundo. Por eso me pregunto qué pasará por la mente de la secretaria de Turismo. Acaso comience a extrañar su lujosa oficina de Sabre Travel, donde tenía que resolver muchos problemas, pero nada comparado con su actual responsabilidad: convencer a la gente de que pase sus vacaciones en uno de los lugares más peligrosos del continente.

La Bestia.- El gobierno federal se ha quedado corto en su afán de tratar de explicar lo sucedido en el rancho de San Fernando, en Tamaulipas. Decir que se trató de una prueba del éxito de la lucha contra el tráfico de drogas y que los cárteles están desesperados, fue una pifia monumental. El problema, claro, es mucho más profundo. Las insuficiencias de nuestra política de migración quedaron al descubierto. Política que por cierto comandaba hasta hace poco el señor Alejandro Poiré, actual relator de la lucha contra el crimen organizado. ¿Qué demonios pasa en nuestra frontera sur? ¿Quién la vigila? ¿Alguien tiene el control? Una amplia variedad de mercancías ilegales, entre ellas armas y drogas, pero también cientos, miles de migrantes indocumentados de países de Centro y Sudamérica pasan tranquilamente, como si la línea fronteriza no existiera. Es tierra de nadie.

Después, armas, drogas y migrantes emprenden la ruta de la corrupción rumbo a la frontera norte. Agentes de migración, policías de diferentes corporaciones y bandas criminales están al frente del negocio de exprimir a los indocumentados. Ante la vista de todos, sin esconderse, a bordo de un tren al que le dicen la Bestia los migrantes se acercan a Texas. En la línea divisoria se ponen en manos de coyotes o polleros que los extorsionan, o delincuentes que los secuestran y en ocasiones los asesinan. El Estado mexicano es omiso y en muchos casos cómplice. ¿Por qué no se vigila la frontera sur? ¿por qué se deja libre el paso de la Bestia? La respuesta es, aunque duela, que agentes del Estado son parte fundamental de la ruta de la corrupción.

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