agosto 25, 2010

Marihuana

Rubén Aguilar
Consultor y profesor de la Universidad Iberoamericana
raguilar@eleconomista.com.mx
El Economista

Hace ya 20 años Milton Friedman planteó desde la racionalidad de la economía que la prohibición de las drogas distorsionaba el mercado.

De todas las drogas que se consumen en el mundo, 70% es marihuana. La historia de la medicina no registra un caso de alguien que haya muerto por el consumo de esta droga blanda que, por otro lado, según muchos estudios, no genera adicción física.

En Estados Unidos, antes de la década de los años 30 era legal y se cultivaba en amplias extensiones para abastecer a la industria farmacéutica, que la utilizaba como componente de buena parte de sus medicamentos.

La prohibición inicia en la mitad de los años 30 como producto, eso registra la historia, de los intereses de la industria del alcohol recién legalizada, que no quería ser competida por la marihuana que funcionaba como un sustituto del alcohol.

Y de la industria del papel que veían en la producción del papel de cáñamo, la marihuana, un fuerte competidor. Al inicio de los años 30 este papel, aunque un poco más caro, mostraba ventajas: ser más resistente, no necesitar de químicos contaminantes y, sobre todo, no destruir los bosques.

Hoy la marihuana médica está legalizada en 14 estados de la Unión Americana: Alaska, California, Colorado, Hawaii, Maine, Michigan Montana, Nevada, Nueva Jersey, Nuevo México, Oregón, Rhode Island, Vermont y Washington.

Hay ya -pues- productores y vendedores legales. Sólo en California hay 3,500 productores registrados y miles de expendios. En Los Ángeles más de 1,000. El próximo mes de noviembre en este mismo estado se vota si se legaliza la marihuana en forma total.

Las encuestas dicen que será aprobada por más de 60 por ciento. El negocio anual de la marihuana en California es de 28,000 millones de dólares y al legalizarse el estado obtendría, vía impuestos, 2,000 millones de dólares anuales.

Hace ya 20 años el premio Nobel de Economía, Milton Friedman, planteó, desde la racionalidad económica, que la prohibición de las drogas distorsionaba el mercado y sólo favorecía a los narcotraficantes, y por eso su venta y consumo deberían legalizarse.

Ante el evidente fracaso de la política prohibicionista (ver la reciente Declaración de Viena) la sociedad mundial debe caminar hacia la legalización de la producción, distribución y consumo de las drogas. Se debe iniciar con la marihuana que es la de máximo consumo y la que menos problemas de salud causa.

Si realmente se quiere golpear al crimen organizado no habría, pues, más que legalizar la venta y consumo de la marihuana a nivel mundial que representa 70% del total de las ventas de las drogas en el mundo.

En ese mismo porcentaje se harían transparentes los ingresos del narcotráfico y se reglamentaría la producción y distribución; a seguir, las transacciones financieras y los gobiernos obtendrían cuantiosos impuestos, pero sobre todo se reduciría de manera radical la violencia.

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