agosto 27, 2010

México: año 2024

Ana María Salazar
amsalazar@post.harvard.edu
Twitter: @amsalazar
Analista política
El Universal

Qué fácil fue culpar a Felipe Calderón de ser el Presidente que precipitó aquellos eventos que serían la antesala de la llamada “década trágica” de México que, según los historiadores, inició en el 2010, terminando 10 años después, en el 2020.

En esa última década, no sólo se vivió una situación de estado de sitio en, por lo menos, 50% del territorio nacional, pero para la mayoría de los mexicanos se volvió imposible transitar por la mayoría de las carreteras del país —básicamente imposibilitando el movimiento de mercancía y bienes.

Pero lo que más se va a recordar de esta “década trágica” es la violencia que sufrió la población durante esta época. Ante la capacidad bélica de los grupos de crimen organizado y grupos armados (paramilitares y guerrilleros), aumentó dramáticamente la confrontación violenta contra parte del gobierno, los migrantes del sur y la sociedad. El resultado fue que la población civil fue la carne de cañón de esta guerra, ya que en la última década hubo a diario explosiones de carros bomba, lanzamiento de granadas, ataque de comandos armados en lugares públicos como cines, restaurantes y centros comerciales. Ni hablar de un incremento en el 100% en secuestros y extorsiones. Y como era de esperarse, también la violencia gubernamental y violaciones de derechos humanos en contra de la población incrementó dramáticamente.

México era un país en guerra, a pesar de que el gobierno y ciertos estratos sociales no quisieron reconocer por muchos años esta realidad. Esta violencia sistemática en contra de la población resultó en que más de una cuarta parte de los mexicanos buscaron refugio en otros países. Y aunque muchos argumentarían que la diáspora de mexicanos inició mucho antes del 2010 por las necesidades económicas, a partir de ese 2010, la salida de mexicanos del país se debió netamente a la violencia.

Pero a diferencia de las últimas décadas del siglo pasado y de la primera década del siglo XXI, estos mexicanos no pudieron buscar refugio en EU, ya que el país literalmente cerró la frontera. No sólo construyó una barda que abarcaba los 3000 kilómetros fronterizos, sino que literalmente blindó la frontera con soldados y tecnología de punta. En el 2013, todo vehículo que buscaba entrar a EU tenía que ser sometido a una revisión. El impacto en el comercio exterior fue contundente, pero la realidad era que debido a la violencia, la producción del país ya había caído dramáticamente. México dejó de exportar.

¿Cómo pudo suceder que un país como México, con tantas ventajas geográficas y una de las economías más importantes del mundo a principios de este siglo se convirtiera en un Estado fallido y uno de los países más violentos del mundo?

Y aunque fueron muchos los que buscaron culpar al presidente Felipe Calderón por embarcarse en una “guerra” en contra del crimen organizado al inicio de su mandato en el 2006, la verdad es que, por lo menos una década antes, las organizaciones criminales ya habían incrementado y asentado su presencia y violencia en diferentes regiones de México.

Ante la capacidad bélica de estas organizaciones, Calderón tenía pocas opciones porque ya no se podía ignorar el impacto en la seguridad nacional y en los ámbitos político y económico. Fue fácil criticar el sexenio calderonista por la ineptitud, mezquindad y, en algunos casos, de la corrupción de sus funcionarios y policías; la incapacidad de implementar un estrategia coordinada y la inoperancia política de la Presidencia ante la crisis.

Pero la responsabilidad de la “década trágica” no es sólo de los gobernantes. Todavía los historiadores y sociólogos no han podido explicar la “ceguera e irresponsabilidad sistemática” de casi la mayoría de los actores políticos y sociales durante esta década. Algunos describen este fenómeno como un intento de suicidio colectivo. La rama legislativa y judicial, junto con los partidos, fueron culpables de que no se implementaran reformas urgentes para enfrentar a los violentos. Otros actores, como la clase empresarial, la Iglesia, sindicatos y la sociedad civil organizada, simple y llanamente se rehusaron a jugar un papel para encontrar soluciones.

Y hoy, el 16 de septiembre del 2024, al celebrar los 214 años del inicio de la guerra de Independencia, la presidenta de México declaró la culminación de esta “década trágica”, retomando la famosa tradición del grito en el Zócalo capitalino —tradición que tuvo que ser cancelada hace ocho años debido a las amenazas y atentados que se llevaron a cabo en contra de las familias que buscaban celebrar las fiestas patrias.

Esperemos que la presidenta no se haya equivocado en anticipar el inicio de una nueva era en México y que no regresemos al México que se vivió en esta última década del 2010 al 2020.

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