agosto 30, 2010

Migrantes: la cadena de culpabilidad

Cecilia Soto (@ceciliasotog)
ceciliasotog@gmail.com
Analista política
Excélsior

Los Zetas se encargan de amedrentar y torturarlos hasta que terminan por dar los teléfonos de sus familiares.

Los testimonios de migrantes que secuestrados por el crimen organizado salvaron la vida gracias al pago de recate son unánimes: agentes de Migración y de la Policía Federal se coordinan con Los Zetas, informan de la presencia de un convoy de transmigrantes a los criminales y se ponen de acuerdo para entregarlos en puntos cercanos a la frontera. Por su parte, Los Zetas se encargan de amedrentar y torturar a los migrantes hasta que éstos terminan por dar los teléfonos de sus familiares. Quienes logran conseguir el dinero son identificados y separados del grupo, para ser pasados por la frontera. El control es riguroso de tal manera que, si los coyotes o algunos migrantes quieren hacerse pasar por personas que pagaron el rescate, son identificados y brutalmente torturados. Un testimonio escuchado por investigadores sociales en Sásabe, Sonora, habla de migrantes que mintieron al decir que habían pagado el rescate, a quienes se golpeó con tablas y con bats de beisbol hasta quebrarles las piernas.

El crimen organizado encuentra en estos grupos oportunidades diversificadas de negocios: dinero de los familiares que logran pagar el rescate, mujeres que pueden ser esclavas sexuales o esclavas que cocinan y limpian en las casas de seguridad, migrantes que se ven obligados a ser burros de pequeñas cantidades de drogas, modalidad que parece un tanto riesgosa dado los percances a que están expuestos al cruzar la frontera. El testimonio del ciudadano ecuatoriano que con valentía denunció la tragedia difícilmente puede ser la explicación completa del salvaje asesinato de 72 personas. El testimonio dice que los mataron por negarse unirse a Los Zetas. Pero personas que no conocen el territorio, hablan con un acento extranjero, no conocen manejo de armas, no saben los nombres de las ciudades y pueblos, desconocen las rutas, etcétera, no podrían ser útiles como sicarios.

Difícilmente podrían resistirse a aceptar cooperar con Los Zetas personas que han visto caer asesinados en su presencia a otros migrantes. Por ello, creo que la masacre de San Fernando se trata de una modalidad de "crimen dentro del crimen". No es sólo un castigo al grupo en el que algunos de sus integrantes pudieron haberse negado a cooperar o cuyos familiares carecieron de recursos para pagar el rescate. La masacre probablemente sea un mensaje a socios coyotes que no pagaron cierta cuota de extorsión y un mensaje también a los familiares de próximos migrantes. Una masacre como "efecto demostración" para futuras víctimas.

La masacre exhibe tristemente al gobierno mexicano, que no podía desconocer los informes presentados, por ONG y por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, sobre esta modalidad de secuestro de migrantes, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Los resultados prueban que se toleró la corrupción del personal de Migración y de la Policía en su jugosa alianza con Los Zetas en el tráfico de personas. En los corredores de los aeropuertos internacionales en México, los agentes de Migración hacen el mismo "perfilamiento racial" que denunciamos en la ley S B1070 de Arizona, mientras que en las carreteras y en las vías de ferrocarril entregan a las víctimas a sus victimarios.

La masacre también exhibe una profunda división en la Iglesia católica: sacerdotes profundamente comprometidos con la suerte de los más vulnerables, como aquellos que mantienen la red de casas de migrantes que operan en la frontera norte, cuyo representante más conocido es el obispo Raúl Vera, de Saltillo, y el exhibicionismo mediático trivial y absurdo del cardenal Sandoval.

El gobierno ha fallado y su falla es más grave porque había sido sistemáticamente advertido sobre este modus operandi del crimen organizado. Es indispensable una reorganización y un fortalecimiento del sistema migratorio, que mande un mensaje al mundo, de que esta masacre no quedará impune. Nos vemos en Twitter @ceciliasotog.

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