agosto 29, 2010

Nuestra madre Eva vivió hace 200 mil años

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Quienes nos hemos formado sumergidos en la tradición judeo-cristiana, no podemos evitar el ver similitudes entre descubrimientos científicos y relatos bíblicos, como el Génesis. Es obra de nuestro cerebro que ve formas en las nubes y encuentra vírgenes aparecidas en agua chorreada de un tinaco o humedad del subsuelo. Estamos ahora ante uno de esos casos: todos los seres humanos hoy vivos, desde los aborígenes de Australia hasta los esquimales y el rey Juan Carlos, tenemos una recontra-tátara-abuela común: una “Eva” que vivió hace 200 mil años en el este de África. Lo sabemos porque compartimos sus mitocondria.

El este de África, hace 80 mil años, cálido y de vegetación lujuriante coincide también con nuestra imagen del Paraíso. Los grupos humanos que empezaron a migrar lo hicieron, algunos, cruzando el mar Rojo, de agua escasa porque buena parte estaba retenida en los hielos de la era glaciar. Estos salieron rumbo al este: “Al este del Paraíso” suena muy bien. Claro, otros subieron por el norte, siguiendo el Nilo, otros bajaron al sur o doblaron al oeste o sencillamente no salieron del Paraíso y allí siguen. Esos detalles los echamos en saco roto: no nos gustan mucho.

El mitocondrium (plural mitocondria) o, castellanizando, las mitocondrias, son organelos de las células, con su propio genoma y con rastros de haber sido células independientes alguna vez devoradas por células primigenias. La cena resultó exitosa porque célula y mitocondrio colaboraron en la sobrevivencia de ambos.

¿Encontramos a una primera mujer, como en el relato bíblico? No. Ese grupo humano lo formaban varias decenas de miles. Pero vemos un ejemplo claro si imaginamos un árbol: una sola rama alta está llena de hojas verdes y hacia abajo múltiples subdivisiones de ramas terminan en puntas secas. Las hojas somos la humanidad y bajando de una subdivisión en otra nos topamos con un origen común: una mujer. ¿Y las otras, sus coetáneas? También dejaron descendencia… que fue desapareciendo con los milenios. Quizá los últimos humanos originados de otra mujer murieron hace poco.

Un equipo de la Universidad Rice siguió el proceso de crecimiento y extinción de grupos humanos analizando mutaciones al azar del ADN mitocondrial, mtADN. Comparar el ADN humano de la población mundial, con sus más de 20 mil genes, en busca de mutaciones, es tarea que ni las supercomputadoras de hoy día pueden realizar. Pero las mitocondrias, organelos que producen energía dentro de la célula y poseen un ADN mucho más sencillo, de sólo 37 genes, tienen esa ventaja y otra aún más importante: que no ocurre mezcla de genes paternos. El mtADN lo heredamos exclusivamente de nuestra madre, abuela… etc. Línea materna pura. Con todo, posee una región hipervariable, que cambia lo bastante rápido para proveer un reloj molecular calibrado con la edad de la humanidad.

“Tienes que traducir las diferencias entre secuencias de genes a tiempos en los que pudieron evolucionar”, dice uno de los autores, Krzysztof Cyran. Así obtienen los científicos una tasa de mutación genética, luego deben determinar si esa tasa es uniforme en el tiempo.

La investigación se publicó en el último Journal Theoretical Population Biology. Contacto: Jade Boyd, jadeboyd@rice.edu. Rice University.

Con respecto a “Adán” tenemos algo similar: los hombres heredamos de nuestro padre (y él del suyo… etcétera) el cromosoma Y, que define el sexo. No habiendo su equivalente en la madre, no ocurre la recombinación genética que se da en el resto de nuestro genoma, y heredamos el Y sin modificación, salvo las mutaciones ocurridas al azar del copiado, cambios por errores y no por mezcla de nuevos genes.

Bien, pues el padre de todos los hombres no africanos subsaharianos hoy vivos sobre este planeta, llamado “Adán euroasiático” vivió hace unos 79 mil años o quizá menos, unos 31 mil años. De cualquier forma, la discrepancia con su “Eva” es enorme y supera los 120 mil años en el mejor de los casos.

De nuevo: no se trata del primer hombre, sino del ancestro de todos los hombres hoy vivos, pero no de todos los que han vivido. ¿Y los demás hombres no tuvieron hijos? Tuvieron descendencia que, como en el ejemplo del árbol con ramas secas, se fue paulatinamente secando y no llegaron a nosotros sino los hijos del que presentó la mutación 168 y venía en alguno de los primeros grupos que iniciaron la migración humana por el planeta.

Proteína que destruye el VIH

Investigadores de la Universidad Loyola han identificado los componentes clave de la proteína llamada TRIM5a que destruye el virus del sida, al menos en monos rhesus. Ese hallazgo puede conducir a diseñar nuevos tratamientos en humanos infectados con VIH. Comenta Edward Campbell, a cargo del estudio: “Los científicos tenemos sólo unos 75 años tratando de desarrollar terapias antivirales, la evolución ha estado jugando el mismo juego por millones de años…”

Mi novela con la atracción entre un preso político (yo) y un preso común: Otros días, otros años (Planeta, 2008).

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