agosto 24, 2010

Nuestros tiempos

Federico Reyes Heroles
Reforma

El tiempo ha sido una de las grandes obsesiones del ser humano. Desentrañar sus misterios pareciera una labor inacabable. No es cosa y sin embargo existe, no lo poseemos pero está en nuestras vidas, puede ser un alivio o un tormento. Somos en el tiempo y en él nos transformamos, somos por el tiempo y por él morimos. Thomas Mann no pudo escapar al intrigante tema. Al cumplir 65 años escribió su interpretación del tema: Mi tiempo. Su tesis es clara, Rob Riemen (Nobleza de Espíritu, Pértiga) lo resumió así: "El tiempo es el espacio en el que uno aspira sin tregua a perfeccionarse con el objeto de convertirse en la persona que debería ser". La versión no niega su carácter germano. El tiempo está allí para ser usado. Me pregunto si las naciones tienen una concepción del tiempo.

Dos décadas son un plazo muy razonable para cambiar muchas cosas. El mundo demuestra que su reloj se ha acelerado. En marzo de 1989 el Exxon Valdez produjo en Alaska el que fue, en ese momento, el peor derrame de crudo registrado por la humanidad. Hoy resulta un juego de niños comparado con la tragedia de BP en el Golfo de México, pero en su momento el accidente del tanquero provocó una seria reflexión sobre la capacidad destructiva del ser humano. El accidente se convirtió en piedra de toque de la conciencia global. Muchos de los movimientos ambientalistas de hoy tuvieron como detonante esa tragedia. El discurso ambientalista nunca volverá a ser lo mismo. La verdad incómoda de Al Gore es impensable sin esta tragedia. Se ha usado el tiempo.

En junio de 1989 miles de estudiantes chinos que marchaban exigiendo libertades y democracia fueron reprimidos en la Plaza de Tiananmen en Beijing. La masacre fue el inicio de una serie de presiones internacionales sobre ese país. Los ojos del mundo cayeron sobre el imperio comunista y si bien China no se ha democratizado y los derechos humanos dejan mucho que desear, hay un antes y un después de Tiananmen. China es hoy la segunda economía del mundo, posición que jamás hubiera imaginado. Las clases de ingresos medios, inexistentes hace dos décadas, conforman hoy uno de los mercados más atractivos del orbe. Haber sido sede de los Juegos Olímpicos llevó una carga simbólica frente al recuerdo de la gran plaza llena de sangre. China ya es el principal consumidor de hidrocarburos. En 20 años China transformó su realidad y su rostro que hoy es de esperanza y también de amenaza. Usaron muy bien su tiempo.

En noviembre 10 de ese mismo año, el inolvidable 1989, en un movimiento sorpresivo, el régimen de Alemania del Este abre en Berlín las fronteras entre los dos países en lo que será el inicio de la simbólica caída del Muro. Decenas de miles de personas se reúnen frente a la Puerta de Brandemburgo. Las libertades reprimidas durante medio siglo aparecen en el horizonte. Las dos Alemanias comenzarían el proceso de unificación con todos los problemas inherentes, económicos, normativos, productivos, de comunicaciones, de medio ambiente, etcétera, para volver ha reconstruir la gran nación alemana. Siguiendo la consigna de Thomas Mann, han utilizado intensamente su tiempo que se plasma en la reconstrucción física de ciudades enteras como el propio Berlín o Dresden que había sido arrasada en la guerra. En poco más de dos décadas los alemanes han financiado con cifras exorbitantes la habilitación económica del desastre heredado de la Alemania del Este. Han trabajado día con día, mes con mes, año tras año, hasta consolidarse como el motor de la Europa Unida. Dos décadas intensas que hoy arrojan los resultados en productividad, en bienestar, en pujanza. Muy buen uso de su tiempo.

El 11 de febrero de 1990 Nelson Mandela, líder del Congreso Nacional Africano, caminaba hacia la libertad después de haber permanecido preso durante 27 años. Fue el inicio simbólico de la transformación profunda de ese país. Mandela y su contraparte Frederik de Klerk, tuvieron el gran mérito histórico de controlar las pasiones de los grupos radicales para poder dar paso a un nuevo pacto de unidad nacional que enterró el Apartheid. Mandela llegó a la Presidencia y desde ahí con gran habilidad y sensibilidad trazó el rumbo para un país que hoy, a pesar de sus múltiples problemas, se muestra al mundo con la frente en alto. ¡Cómo han utilizado su tiempo! Lo mismo podríamos decir de otros países con historias de éxito como la hoy opacada España o Portugal o casos menos conocidos como Botswana o Costa Rica. Todos ellos son ejemplo de lo mucho que se puede hacer en poco más de dos décadas cuando se aprecia el tiempo.

El 1o. de septiembre de 1988 el legislador Muñoz Ledo dio el paso definitivo en la destrucción del ritual presidencialista del Informe Presidencial. Desde entonces cada año somos testigos de desfiguros de distintas magnitudes. En 22 años los legisladores mexicanos han sido incapaces de formular un nuevo protocolo, tan sólo eso. Ésos son nuestros tiempos, ésa es nuestra tragedia: el desprecio de la vida misma.

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