agosto 02, 2010

Periodistas

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
Reforma

"Me hice periodista para llegar lo más cerca posible al corazón del mundo". Henry R. Luce

El secuestro de cuatro reporteros y camarógrafos en Gómez Palacio, Durango el lunes 26 de julio reiteró una vez más la fragilidad de los periodistas en la guerra contra el narcotráfico.

Héctor Gordoa de Televisa México, Alejandro Hernández Pacheco de Televisa Torreón, Javier Canales Hernández de Multimedios Laguna y Óscar Solís del periódico El Vespertino fueron privados de su libertad tras cubrir las protestas de un grupo de reos y sus familiares que pedían la restitución de Margarita Rojas como directora del penal de Gómez Palacio por permitir la salida de reos para llevar a cabo matanzas. Los criminales exigían que Televisa y Multimedios emitieran unos videos favorables a su causa a cambio de la vida de los secuestrados. Al final dos de ellos fueron puestos en libertad por sus captores y dos más fueron liberados por un operativo policial en el que no fue detenido ningún secuestrador.

La liberación no pone fin, sin embargo, a las amenazas y los temores de los periodistas. En los últimos meses hemos visto una creciente oleada de ataques en contra de periodistas y de medios de comunicación. Muchos medios han optado ya por no hacer trabajos de investigación sobre el crimen organizado. Otros no reportan nada que tenga que ver con el tema. Algunos mantienen la cobertura, pero firmada por el medio y no por algún reportero en particular. En algunos lugares ciertos criminales le dictan a los medios la cobertura que tienen que hacer.

A esta situación se añade la presión del otro lado. Distintos funcionarios están convencidos de que los medios han sido irresponsables en la cobertura del crimen organizado y piensan que éstos deben convertirse en aliados del gobierno. Los medios, según ellos, deben ofrecer una cobertura acrítica o incluso entusiasta de los esfuerzos de la policía y el Ejército. Deben abstenerse de resaltar a las víctimas civiles, de mostrar imágenes de muertos o de reproducir los contenidos de las narcomantas u otras expresiones del crimen organizado.

Es notable que en estas adversas circunstancias el periodismo mexicano haya logrado mantener su trabajo en niveles razonables de profesionalismo. Un número suficiente de medios nacionales y locales ha tenido el valor de enfrentar las amenazas y las presiones para seguir ofreciendo una visión de la crisis de seguridad. Han reportado así de manera razonable y oportuna las ejecuciones, las capturas y muertes de narcotraficantes, los decomisos de drogas y los secuestros.

Quizá una de las razones principales de la resistencia de los medios a las presiones es su diversidad y competencia. Cuando alguno desfallece por presión o complicidad, otros salen adelante. Al final la mayor parte de la información pertinente sale a flote y la población puede tener una visión razonablemente realista de lo que ocurre.

El secuestro de los cuatro periodistas en Gómez Palacio, sin embargo, pudo haber tenido un efecto devastador sobre el trabajo informativo. Me imagino que si alguno o varios hubiesen sido asesinados en este chantaje habría sido inevitable que se cerraran muchas fuentes informativas. Después de todo, los escasos sueldos que se pagan en el medio no son suficientes para que alguien quiera seguir arriesgando la vida. Pero si los criminales o los funcionarios logran su propósito y acallan a los medios, o logran que éstos sirvan a sus objetivos en lugar de informar, los ciudadanos quedarán ciegos en esta guerra en la que se juega el futuro de la nación.

Modelo sin mercado

"No se puede hablar de reformas", dice el ministro de Economía de Cuba, Mariano Murillo, sino de "una actualización del modelo económico cubano... donde van a primar categorías económicas del socialismo y no el mercado". El problema es que el colapso de la economía cubana, a pesar de los subsidios de Venezuela, es producto de un modelo económico que ha querido eliminar al mercado.

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