agosto 25, 2010

¿Qué hacemos con Pemex?

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

La ultraderecha estadounidense me pone los pelos de punta. Sus emisarios rechazan tajantemente cualquier ayuda oficial a las corporaciones en dificultades. Ya el rescate al sector financiero del Hijo de Bush les parecía una forma de socialismo. Y, ahora, ni qué decir de los apoyos que Obama ha brindado a Detroit. Pero ¿qué esperaban, que cerrara sus puertas General Motors y que cientos de miles de trabajadores se quedaran en las calle? Pues sí, eso mismo. Si una empresa no genera ganancias no merece existir. Punto. Y el peso del Estado en la vida pública debe estar reducido al mínimo. El hecho de que las instituciones financieras y las armadoras de coches vayan a devolver cada centavo que el Gobierno les prestó —y, encima, con intereses— no les hace cambiar de opinión ni mirar con mejores ojos la intervención de las autoridades. Los dogmas no se discuten.

Aquí tampoco cuestionamos siquiera la posibilidad de que la inversión privada participe abiertamente en Pemex. El petróleo es de todos los mexicanos. Punto. Y, nuevamente, el hecho de que Petrobras se haya asociado con capitalistas de diversas proveniencias y de que este maridaje haya provocado un espectacular crecimiento económico en Brasil no nos impresiona ni nos convence. La “soberanía nacional” no se negocia.

Por cierto, Pemex acaba de dar a conocer sus colosales pérdidas económicas. Es más, va a comenzar a importar… petróleo crudo. Ahora bien, por lo menos la corporación paraestatal le sirve a papá Gobierno para redondear sus finanzas. Algo es algo. O, más bien, es mucho: nuestra Administración nunca ha aprendido a recaudar impuestos…

Ahora entiendo.

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