agosto 03, 2010

¿Qué más esperamos?

Federico Reyes Heroles
Reforma

La pantalla enmudeció. Denise Maerker, una de las periodistas más incisivas y profesionales del país, fue muy clara. No podemos fingir que no pasa nada cuando sí pasa. Durante larguísimos 60 minutos el nombre del programa, Punto de Partida, permaneció como un terrible recordatorio de la situación por la que atravesaba un colega, un equipo de trabajo, una empresa, una ciudad, una región, un país. Por su lado, Ciro Gómez Leyva, otro profesional muy destacado, cedió el micrófono ante la imposibilidad real de atender simultáneamente dos pistas subjetivas y objetivas. La empresa de mayor penetración televisiva, Televisa, Multimedios (Milenio Televisión) y El Vespertino de Gómez Palacio sufrían en carne propia el horror del secuestro, del chantaje informativo, de la exigencia de utilizar los medios para servir a la delincuencia.

El desenlace, a diferencia de lo ocurrido a otros medios informativos, fue afortunado. Los reporteros y el camarógrafo fueron liberados por los propios captores o por la autoridad federal. Sin embargo, antes hubo otro bombazo en instalaciones de Televisa. La escalada es clara y ya alcanzó a los medios nacionales. Si bien este capítulo se cerró, la historia por desgracia habrá de continuar. ¿Qué hacer? Desde lejos hay quien afirma que la reacción de las empresas fue una cesión de espacios. Sin embargo hay otra lectura: los medios simplemente no pueden solos con una situación de esta índole. Queda claro que el objetivo es seguir informando a la sociedad pero, ¿cuál es la mejor estrategia? Recupero lo dicho aquí el martes 20 de julio ("Pacto contra el terror").

Enfrentamos una situación inédita en México pero no en otros países: terrorismo, en nuestro caso narcoterrorismo. Dejamos atrás la etapa en que la lucha tenía sólo dos actores: la autoridad y las bandas de narcos. El asunto hoy incluye a cuatro actores: las autoridades, las bandas, la sociedad y los medios. El narcoterror necesita de los medios para cumplir su objetivo último: debilitar al Estado a través de un miedo generalizado. IPSOS ha documentado el hecho, en ciudades como Monterrey el 84% de los habitantes declara tener algo o mucho miedo. A la estrategia comunicativa de los terroristas corresponde una contraestrategia de las autoridades y de los medios. Las autoridades han fallado en esa misión, las deficiencias son muy evidentes. El gran referente es el número de muertos, poco se dice de la recuperación de áreas o ciudades, las historias de éxito no existen.

Por su lado los medios están atrapados en una dinámica de trabajo convencional: la primacía de la nota, la vanidad de la firma individual, el celo de ir solos, de la exclusiva, la competencia por los lectores y el rating que cruza por el inevitable morbo. Pero el resultado final es un claro debilitamiento de la capacidad de informar. De ahí la necesidad de un pacto explícito entre los medios para la aplicación de protocolos informativos. No se trata de inventar el agua tibia. A los interesados en el tema les sugiero un material propio, "Por un pacto ético contra el Terrorismo", Este País, agosto 2010. En otros países con experiencia en terrorismo como España, Estados Unidos y Colombia, existen estos protocolos establecidos por cada medio que permiten proteger a los informadores, personas y empresas, y continuar con la labor informativa.

"Preferimos perder una noticia a perder una vida" se lee en el documento colombiano denominado Acuerdo por la Discreción, como nos lo recuerda Carlos Puig. Los propósitos de ese ejercicio fueron varios. Primero, rescatar la responsabilidad de las consecuencias de la nota. Segundo, que la inmediatez no provocara miopía. Tercero, que el ego personal y empresarial no pusieran en riesgo a la capacidad informativa. Cuarto, no servir de caja de resonancia a los actos terroristas. El simple anuncio de una estrategia común gana espacio frente al terror. Se asume una conciencia del potencial uso en que involuntariamente pueden caer los medios al informar sobre los actos. Esa simple declaración es ya parte de la estrategia. Sé de la urticaria que una propuesta así puede provocar frente al celo profesional típico del trabajo informativo. Pero no vivimos tiempos normales, estamos en una situación de emergencia nacional.

Televisa y TV Azteca y muchos medios más se han unido en Iniciativa México. Ese contexto podría servir para dar vida a un pacto de ética. ¿Qué más esperamos que ocurra para hacer lo que sí se puede hacer? Cada medio, cada casa establecería sus propias reglas y protocolos. Pero la unidad de los medios frente al terrorismo sería explícita. Hoy en México se atenta en contra del Estado. En un Estado debilitado no florece ni la democracia ni la libertad de informar. El Estado está por encima de los intereses individuales, personales o corporativos. Quien debilita al Estado nos debilita, todos somos parte del Estado. Llegó el momento de actuar en consecuencia.

1 comentario:

Iniciativa México dijo...

No olvidemos que somos mexicanos y que por más difícil que sea lograr que se hagan las cosas debemos cooperar y apoyarnos. IMX no es de una sola persona. Iniciativa México es un proyecto de todos http://youtu.be/nmQzqjfbwNc

Pronto conocermos a las Iniciativas finalistas. www.iniciativamexico.org