agosto 30, 2010

Reducir la violencia

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

La violencia crece sin que el narcotráfico descienda. Crece también la brutalidad de la violencia. Hace dos semanas, en Reynosa, un desesperado empresario nos decía: “Con cada hecho violento pensamos que la cosa tocó fondo. Al día siguiente, hay uno peor”.

Esto empieza a suceder en la República. La violencia da saltos cualitativos, y la vesania y el encanallamiento de los hechos violentos parecen no tener límite, alcanzan cada vez un nuevo fondo.

La masacre de 72 migrantes en Tamaulipas es un nuevo más allá de la violencia, un más allá que linda con el Mal.

A estas alturas, la prioridad del país en materia de seguridad pública debiera ser no combatir el narcotráfico, sino reducir la violencia, regresarla de los linderos que empieza a tener.

La pregunta es si esto es posible o si debemos resignarnos a que la violencia, y la violencia sin límites, sea parte inevitable del ciclo de combate al narcotráfico.

Hay prácticas del combate al narcotráfico que multiplican la violencia. Por ejemplo, los tiroteos en medio de las ciudades entre bandas del narco y la fuerza pública.

Esta práctica es el origen, por ejemplo, de la muerte de los estudiantes del Tec de Monterrey, cuya responsabilidad ha asumido por fin el Ejército. Dos niños heridos dejó el viernes un tiroteo entre narcos y marinos frente a escuelas de Ciudad Madero, Tamaulipas.

La decisión de agarrar a tiros a los narcos donde los encuentren, así sea en medio de la gente, produce una violencia que puede y debe evitarse. Basta con no dispararles ni perseguirlos en medio de la población civil.

Eduardo Guerrero prepara para Nexos una reflexión sobre cómo reducir la violencia en la persecución del crimen organizado.

En su ensayo del mes anterior en la misma revista (“Los hoyos negros de la estrategia contra el narco”), identificó y cuantificó acciones contra el narco que generan violencia y acciones que la disminuyen. (nexos. com.mx/?P=leerarticulo &Article=248547).

1. La captura o la muerte de un capo importante provoca una ola de violencia subsecuente, por ver quién ocupa su lugar.

2. En cambio, la captura o muerte de un jefe de sicarios o una banda de sicarios disminuye la violencia.

3. La captura o decomiso de grandes cargamentos de droga genera violencia posterior por las represalia asociadas a la pérdida, atribuida casi siempre, con razón, a pitazos de bandas contrarias.

4. La captura de armas o dinero, en cambio, disminuye la violencia.

Saque cada quien sus conclusiones.

No hay comentarios.: