agosto 31, 2010

¡Todavía faltan dos años!

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

El staff presidencial trabaja horas extras, a tambor batiente. Desde hace días la gente en Los Pinos pide pizzas para comer en la oficina. No hay de otra, es la semana del IV Informe de Gobierno. La tarea es sacarle todo el provecho político posible a la intensa exposición del mandatario en los medios de comunicación. En efecto, nos bombardean con promocionales de radio y televisión. Calderón por aquí, por allá, por todos lados, describiendo en sus espots un país que muchos no reconocen. Un sitio del que se oye hablar que se parece muy poco al lugar en el que nos tocó vivir.

Desaliento.- Será difícil que el Presidente termine la semana con banderas desplegadas. El país llega al IV Informe con el ánimo por los suelos. El desaliento impera. La somera revisión de los diarios de la última semana documenta el pesimismo. La quiebra de Mexicana de Aviación, repleta de ángulos oscuros; el conflicto de la jerarquía contra el GDF, por la cuestión gay; las eternas inundaciones de Tabasco, que se suceden un año sí el otro también; la determinación del TEPJF de que el Presidente violó la ley, pero no se le castigará; el asesinato de alcaldes de municipios con presencia del crimen organizado; los anticlimáticos Diálogos por la Seguridad, la reiteración de los coches-bomba y el incalificable episodio en el rancho San Fernando, en Tamaulipas, que fue la puntilla para la imagen internacional de México.

Atravesamos la coyuntura más adversa en mucho tiempo. Calderón no es responsable directo de esta colección de horrores, desde luego que no, y en muchos casos se ha esmerado por remontar los problemas, eso no se regatea, pero la sensación general es que estamos peor que hace un año, que en lugar de avanzar, retrocedemos. Hacen falta dosis altas de optimismo, pero ¿dónde tomarlas?

Hace un año, Calderón tuvo el tino de reorganizar la narrativa de su mandato, de dar coherencia y marcar el rumo con la presentación de diez compromisos para transformar a México. El ejercicio fue bien recibido. Siempre tranquiliza ver un cuarto ordenado, con las cosas en su lugar, aunque sea por unas horas. Se hizo un diagnóstico y se marcó un rumbo, por el que desgraciadamente no avanzamos. De manera que aquellos compromisos están desde hace meses en el archivo muerto. Nadie se tomó la molestia de darles seguimientos. Lo urgente, como siempre, dejó de lado lo importante. Al gobierno, por ejemplo, le urgían algunos triunfos electorales, por lo que resolvió emprender la aventura de las coaliciones con la izquierda para llevar al triunfo a priistas resentidos. El ambiente político se ensució, los ánimos se crisparon. Una de las consecuencias es que la discusión del paquete económico para el 2011 se dará en el pantano.

El periodo 2006-2010 ha sido muy difícil, poco propicio para el lucimiento, con un puñado de notas buenas y una montaña de noticias espeluznantes. El sexenio transcurre sin motivos para la algarabía popular. De hecho, el mes de septiembre que nos traerá la fiesta del Bicentenario, que muchos imaginaron fastuosa y que terminará siendo discreta, nada más para salir del compromiso, arranca con los cielos, como los ánimos, nublados. Explosiones de autos-bomba en lugar de fuegos artificiales. ¡Y todavía faltan dos años!

Cabos sueltos

Una fuente del más alto nivel reveló que para no mandar células cancerígenas al tejido sano, la PGR prefería tener cerca a los agentes que reprobaban los controles de confianza. No los despiden, prefieren ponerlos a realizar tareas burocráticas, sin manejo de información relevante, para que no se integren de tiempo completo a las bandas del crimen organizado, sobre todo ahora que muchos cárteles andan urgidos de refuerzos y están reclutando pistoleros, aunque no tengan cartas de recomendación. ¿Qué pasará a los miles de agentes que la Secretaría de Seguridad Pública decidió dar de baja? ¿Alguien les seguirá pista? ¿Cuánto tiempo pasará para que esos sujetos manden su currículum vitae al Cártel del Golfo o se unan a Los Zetas? Está bien sanear las instituciones, pero las instituciones no pueden operar como outsourcing de los cárteles. No se pueden dejar cabos sueltos, mucho menos más de tres mil doscientos cabos sueltos.

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