septiembre 12, 2010

¡Basta de historias!

Andrés Oppenheimer
El Informe Oppenheimer
Reforma

El Bicentenario de la Independencia de varios países latinoamericanos ha desatado una oleada de necrofilia: varias naciones están literalmente desenterrando los restos de sus próceres de la Independencia en medio de una creciente obsesión con el pasado.

¿Se trata de una manera saludable de promover el orgullo y la unidad nacional? ¿O esta obsesión con la historia -que se manifiesta en todos los órdenes, desde los últimos best-sellers hasta los debates en los programas periodísticos de televisión- es algo que esta distrayendo a los países de la urgente tarea de concentrarse en el futuro, para hacerse más competitivos y reducir la pobreza?

En las últimas semanas, varios jefes de Estado han presidido solemnes ceremonias de exhumación de los restos de los héroes de la Independencia de sus países.

En Venezuela, el Presidente Hugo Chávez paralizo el país para desenterrar los restos del libertador Simon Bolívar en una ceremonia televisada a nivel nacional, tras la cual anuncio que había encontrado dentro del ataúd una bota y "la perfecta dentadura" del prócer de la Independencia.

La broma que circuló en círculos opositores venezolanos tras la transmisión de la exhumación de los restos de Bolívar era que "Chávez no le mostró a Venezuela los restos de Bolívar, sino que le mostró a Bolívar los restos de Venezuela".

Chávez ordenó la exhumación para investigar las causas de la muerte de Bolívar, que según él se habría producido "en circunstancias misteriosas" y podría haber sido un asesinato perpetrado por "la oligarquía". Bolívar murió el 17 de diciembre de 1830 en la ciudad colombiana de Santa Marta, y prácticamente todos los historiadores coinciden en que murió de tuberculosis.

Tras la exhumación de los restos de Bolívar, el Gobierno venezolano anuncio el 29 de agosto que -como parte de la misma investigación- se desenterrarían los restos de dos hermanas de Bolívar. El vicepresidente Elías Jaua dijo que los médicos forenses extraerían un diente de cada una de las hermanas para examinar su ADN y asegurarse que todos los restos de la familia Bolívar eran auténticos.

Chávez le habla al país a diario ante una enorme imagen de Bolívar, utiliza escritos de Bolívar -por lo general sacados de contexto- para justificar su autoritarismo, ha pedido que se reemplacen los juguetes de Supermán y Batman por otros con la imagen de Bolívar, y hasta le ha cambiado el nombre al país por el de "República Bolivariana de Venezuela".

Sin embargo, Chávez está lejos de ser el único que está desenterrando muertos.

· En México, el Presidente Felipe Calderón encabezó recientemente un desfile militar en la Avenida de la Reforma de Ciudad de México para trasladar las urnas de Miguel Hidalgo, José María Morelos y otros 10 héroes de la Independencia desde las tumbas en la que habían descansado desde 1925 hasta un laboratorio científico en el Museo Nacional de Historia.

Un grupo de científicos examinará los restos de los próceres y se asegurará de que estén bien preservados, antes de trasladarlos al Palacio Nacional, "para que los mexicanos, todos, les brindemos homenaje en este año de la patria", dijo Calderón.

· En América Central, varios Presidentes se están disputando los restos del héroe de la Independencia regional Francisco Morazán, que descansan en El Salvador. El año pasado, el ex Presidente hondureño Manuel Zelaya le pidió a su contraparte salvadoreño que entregara los restos a Honduras, para ser sepultados en la capital hondureña de Tegucigalpa.

El Salvador rechazó la idea con indignación, mientras crecían las especulaciones de que también Costa Rica pediría los restos de Morazán. El problema es que el general Morazán nació en Honduras, fue ejecutado en Costa Rica y, según su última voluntad, fue sepultado en El Salvador, explicaron los historiadores.

Según la prensa salvadoreña, los Gobiernos de los tres países centroamericanos consideraron seriamente la posibilidad de prestarse mutuamente los restos de Morazán por periodos de varios meses. La propuesta -que algunos calificaron de turismo funerario- suscitó intensas objeciones de intelectuales salvadoreños.

· En Ecuador, el Presidente Rafael Correa ya había empleado buena parte de su tiempo al comienzo de su presidencia en una campaña nacional para trasladar los restos del héroe de la Independencia Eloy Alfaro desde Guayaquil a un nuevo mausoleo que el Presidente mandó construir en la ciudad de Montecristi. Pero los descendientes de Alfaro objetaron el traslado, generando un debate nacional sobre dónde deberían descansar los restos del prócer. Finalmente, se llegó a una decisión salomónica: parte de las cenizas de Alfaro permanecerían en Guayaquil, y la otra parte en Montecristi. "Esto acabará con los enfrentamientos", anuncio triunfalmente Correa.

· En Argentina, el ex Presidente Néstor Kirchner había ordenado previamente el traslado de los restos del ex Mandatario Juan Domingo Perón, quien murió en 1974, a un nuevo mausoleo situado a 45 kilómetros de Buenos Aires. El ataúd con los restos de Perón fue llevado a su nueva morada en una caravana oficial, pero el traslado se convirtió en un pandemonio cuando varias facciones peronistas se enfrentaron a golpes.

Muchos historiadores argumentan, con razón, que los países latinoamericanos necesitan consolidar su carácter nacional, y que celebrar su historia es una buena forma de hacerlo. Pero quizás muchos Presidentes latinoamericanos están exagerado la nota, porque también es cierto que los escritos de los próceres del siglo 19 no siempre pueden ser usados textualmente como programas de gobierno en el siglo 21.

Estamos viviendo en un mundo diferente. Bolívar murió en 1830. Eso fue 40 años antes de la invención del teléfono, y 150 años antes de la aparición de internet.

Sin olvidar -ni dejar de celebrar- sus grandes hombres, los países latinoamericanos deberían mirar más lo que están haciendo China, India, y otras potencias emergentes que están totalmente concentradas en el futuro.

En vez de invertir tanto tiempo debatiendo sobre dónde deberían descansar sus próceres, los Presidentes latinoamericanos deberían dedicar más tiempo a debatir por qué los jóvenes de sus países están entre los últimos puestos en los exámenes anuales internacionales PISA de matemáticas, ciencias y lenguaje, o por qué no hay ninguna universidad latinoamericana entre las 100 mejores universidades del mundo del ranking del Suplemento de Educación Superior del Times de Londres, o por qué apenas 2 por ciento de toda la inversión mundial en investigación y desarrollo va a Latinoamérica, o por qué, según cifras de las Naciones Unidas, una pequeña nación asiática como Corea del Sur registra 80 mil patentes anualmente en el resto del mundo, mientras que todos los países latinoamericanos juntos registran menos de mil 200.

Es hora de que Latinoamérica mire un poco menos hacia atrás, y un poco más hacia adelante. Y de que sus Presidentes se dediquen un poco menos a contar historias, y un poco más a mejorar la calidad de la educación, la ciencia y la tecnología.

El texto es un extracto del nuevo libro de Andrés Oppenheimer: "¡Basta de Historias! La Obsesión Latinoamericana con el Pasado y las Doce Claves del Futuro", que comienza a circular en México el 14 de septiembre.

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