septiembre 20, 2010

Debate sobre la Independencia

Ricardo Pascoe Pierce
Especialista en análisis político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

Nuestra invasión silenciosa a EU habla de la potencial complementariedad entre ambas naciones.

A diferencia de lo que dicen algunos historiadores, sí se debaten los significados de la Independencia. Se dice que se perdió una gran oportunidad para reevaluarlos. Más bien, sería justo decir que esa evaluación ya salió del ámbito "intelectual" o "académico". Ya no es privativo de los adiestrados en la historia, sino del pueblo, que hace su evaluación de lo que pudiera significar esa mágica palabra. Al mostrar el lado débil y humano de los héroes patrios, en telenovelas, películas y libros, se puede atacar la mistificación que de ellos fomentó el priismo durante décadas en el sistema educativo, pero no atiende la verdadera necesidad de vincular lo hecho ayer con lo que se tiene que atender hoy.

Es imposible desvincular la idea de independencia del acontecer contemporáneo. De hecho, sólo se puede entender en el contexto de lo que vive hoy la gente. Para millones de familias mexicanas con parientes en Estados Unidos y que dependen de las remesas, es comprensible pensar que la Independencia de México no quiere decir que debamos desligarnos de ese país. Todo lo contrario: nuestra invasión silenciosa a EU habla de la potencial complementariedad entre ambas naciones. También, para empleados y trabajadores cuya actividad económica depende casi 90% de nuestras exportaciones al norte, la idea de independencia no cobra sentido si se habla de alejarnos del modelo exportador tan importante para ellos.

La reactivación de la economía aquí depende, en gran medida, de la cercanía e interdependencia en la relación comercial y financiera con allende la frontera norte. Así que hablar de independencia tiene, o debiera tener, un significado distinto hoy al de hace 200 años. Y esa realidad no puede soslayarse.

La tentación de hablar de una "nueva" independencia, ahora del vecino norteño, resulta ociosa.

Más bien, el debate debe centrarse en el tipo de relación que queremos con el mundo entero, empezando por EU.

Más que el mundo académico, lo que hoy aporta al debate es la realidad. Con la advertencia de que no es lo mismo hablar de independencia que de soberanía, que pueden rozarse en el tiempo, pero se aplican a niveles de pensamiento distintos. Una guerra independentista puede, o no, fincarse en la soberanía, por la toma de decisiones.

La independencia siempre refiere a circunstancias y hechos muy concretos; la soberanía, a una concepción política acerca de la determinación de factores que confluyen para la definición de políticas públicas.

Es un hecho que la realidad nos ha impuesto, como nación, nuevas formas de interdependencia. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) configuró una relación completamente nueva y distinta de México con América Latina, Europa, Asia y Norteamérica. Por más que se firmen tratados con otras naciones, el que cuenta es el TLCAN. Así, hablar de independencia es hablar de interdependencia con la aspiración a ser lo más "autónomo" posible en ese proceso.

El debate sobre la independencia, hace 200 años, se fincaba en romper una relación de dominación económica, política, social y cultural. La intención era acumular riqueza aquí y que no se fugara. Hoy la acumulación se realiza aquí, allá y en sitios aún más lejanos. Y no hay que valorar si eso es bueno o malo, mejor o peor. Sólo, así es. Ahora bien, las decisiones empiezan cuando queremos incidir en el carácter, la calidad y la cantidad de relación que el país quiere mantener con el resto del mundo, sobre todo con los socios mayores. He ahí la discusión vertebral de la independencia. El debate es sobre el futuro, y no sobre el pasado.

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