septiembre 24, 2010

El escorpión Santos ataca de nuevo

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

¿Se acuerdan de la fábula del escorpión y la rana, ésa en la que el primero engaña al segundo, haciéndole creer que era bueno y que la ayudaría a cruzar el río, pero a mitad de trayecto le clavó el aguijón y se disculpó alegando que ésa era su naturaleza? Pues bien, esta historia parece, en parte, salida del cuento; y digo en parte porque en realidad no hay ranas de por medio, ya que los protagonistas son escorpiones. Me explico.

Juan Manuel Santos era un escorpión que golpeaba con dureza a las FARC en su época de ministro de Defensa colombiano, pero que cuando se convirtió en presidente de la república vendió una imagen muy domesticada de sí mismo, incluso conciliadora con quienes habían sido sus acérrimos enemigos. ¿Se había convertido en rana, en escorpión sin veneno? No, había truco.

Veamos ahora la contraparte. La antes guerrilla colombiana, mejor conocida ahora como cártel terrorista de las FARC, siempre ha sido un escorpión, pero, tras sucesivos golpes durante los años de azote de Álvaro Uribe, tras la muerte del fundador de la banda, Tirofijo, y tras la llegada al poder de Santos, acompañado de sus reiterados llamados al diálogo, la acosada guerrilla trató de venderse como “organización beligerante” dispuesta al diálogo. ¿Qué ocurre, se habían convertido los terroristas en ranas bondadosas, después de décadas de ataques al Estado y a la población? Desde luego que no; también había truco.

Lo que ha pasado estas primeras semanas de Santos en el poder es que ambas partes trataron de engañarse mostrándose como escorpiones inofensivos, incluso dialogantes. En definitiva, aparentaron lo que no eran.

Sin ir más lejos, las FARC respondieron hace dos días a los llamados al diálogo de Santos con un comunicado en el que mostraban su disposición a sentarse en una mesa de negociaciones cuanto antes. Hasta aquí, todo bien, pero la guerrilla cometió el error que Santos quería oír: la condición para el diálogo era que no iban a deponer las armas. El mensaje de la banda mostraba por un lado su extrema debilidad y su necesidad imperiosa de negociar; pero, por otro lado, se negaba a hacer un gesto humanitario, liberando a sus rehenes o declarando un alto el fuego. Los de las FARC habían picado en el anzuelo y el escorpión Santos ya no tenía necesidad de seguir aparentando lo que no era. El resultado ya lo conocemos: bombardeo al santuario de las FARC en la selva y la muerte de su jefe más sanguinario.

La eliminación de Mono Jojoy deja así a los guerrilleros sin su jefe de operaciones militares, el que mejor conocía el combate desde la selva, el que más daño podía hacer con sus emboscadas a las tropas militares y policiales que los persiguen sin tregua, el más sanguinario de todos.

Por otro lado, su muerte significa el encumbramiento de Santos como “bestia negra” de la guerrilla de las FARC (de lo que queda de ella). Para quienes criticaban que sólo Uribe era capaz de derrotar a la narcoguerrilla y temían que el antiguo escorpión Santos se había transformado en Bambi, el aguijonazo de ayer directo al corazón de las FARC es la prueba de lo contrario… y su gobierno no ha hecho más que empezar.

Viendo este panorama, es muy probable que Santos pase a la historia como el presidente colombiano que enterró a las FARC.

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