septiembre 02, 2010

Empresarios

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Me ha gustado en estos días oír a empresarios de primer orden decir que no tienen miedo. Lorenzo Zambrano, el tycoon del cemento, alzó la voz para criticar a quienes dejan la ciudad de Monterrey en su mala racha.

Metido en un risueño casco corto de ingeniero, a mitad de la inspección de una obra, el tycoon mayor, Carlos Slim, dijo con naturalidad irrefutable: Aquí estamos invirtiendo y aquí están nuestras familias. Todo mundo quiere invertir aquí. Hay una licitación y aparecen cinco o seis inversionistas, nacionales y extranjeros.

Manuel Arango, quizá el empresario más públicamente comprometido con las diversas manifestaciones de la sociedad civil organizada, ha hecho circular en estos días un mensaje que es un inteligente llamado de atención sobre el México que no vemos, el México de los millones de mexicanos que no son parte de la nota roja, la desesperanza ni la queja, el México que él llama invisible.

En el México invisible, dice Arango, vive la gran mayoría de los mexicanos. Es el México de los millones que acuden todos los días al trabajo, que llevan todos los días a sus hijos a la escuela, que lucha todos los días por superarse y hace enormes sacrificios para sacar adelante a su familia.

Este es el México que no se refleja o destaca en los medios y en la política, pero que existe, dice Arango. El México que no vemos ni oímos porque su trabajo callado y comprometido no busca la luz pública ni alcanzar el poder, sino sólo mejorar sus condiciones y calidad de vida.

Este es el México invisible que cultiva el campo, ocupa las aulas, los hospitales, los comercios, las fábricas, los hoteles, las universidades, las oficinas, los cuarteles, los hogares, las guarderías y todos aquellos espacios donde se forja día a día el México auténtico, trabajador, comprometido y generoso.

Este es el México silencioso que no oímos y tampoco vemos porque no es noticia de impacto en los medios de comunicación. Sin embargo, este es el México profundo de fuertes raíces, de color, música, arte y tradiciones. El México soñador, joven, recio, optimista, pujante, creativo, alegre y emprendedor. Un México de variados climas rodeado de grandes mares, costas, islas y la más diversa naturaleza. El México que no se doblega ante la adversidad y con fortaleza sigue siempre adelante.

Este es el México que todos queremos vivir y que juntos con esfuerzo y compromiso estamos logrando, más allá de intereses mezquinos encumbrados en su lucha por el poder con visión de corto plazo. Podemos ser optimistas, ese México Invisible es el verdadero México, el México que crece y se desarrolla calladamente guiado por principios y valores, y el que va a perdurar por encima de todo.


Yo diría que el llamado de Arango no sólo es inteligente y generoso, sino que además dice, rigurosamente, la verdad.

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